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EUROPA RECUPERA LA CONSCRIPCIÓN ANTE LA AMENAZA RUSA

Francia reactiva la ‘mili’ tras 28 años de ausencia mientras media Europa sopesa la ‘movilización voluntaria’

Emmanuel Macron ha anunciado un servicio militar voluntario de diez meses para los jóvenes franceses a partir de 2026, en un contexto donde varios países europeos están reactivando o reforzando sus sistemas de conscripción ante la inestabilidad geopolítica

Periodista Digital 28 Nov 2025 - 10:33 CET
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Francia da por cerrado un capítulo de casi tres décadas sin conscripción. Esta semana, el presidente Emmanuel Macron presentó la creación del Servicio Nacional Voluntario, lo que significa el regreso de la conscripción en Francia después de casi 28 años.

La última vez que se aplicó el servicio militar obligatorio fue en 1997, cuando Jacques Chirac lo abolió durante su mandato. Ahora, ante las crecientes tensiones con Rusia y la necesidad de fortalecer las capacidades defensivas del país, el Gobierno francés ha decidido dar marcha atrás a esa decisión histórica, aunque lo hará con un enfoque distinto: un sistema voluntario, remunerado y centrado en formar reservistas.

Este nuevo esquema comenzará a funcionar en verano de 2026 y estará destinado a jóvenes de entre 18 y 19 años. Aquellos que se inscriban completarán un programa que durará diez meses y recibirán una compensación económica que oscila entre los 800 y 1.000 euros mensuales, según diversas fuentes próximas al Gobierno francés.

Se estima que esta iniciativa podría involucrar entre 10.000 y 50.000 personas cada año, lo que permitiría a Francia incrementar notablemente su bolsa de reservistas disponibles. El objetivo final es alcanzar los 105.000 reservistas para el año 2035, duplicando así la capacidad actual del país.

Aunque Macron ha presentado esta medida como voluntaria, el Gobierno no descarta convertirla en obligatoria si no se logran los objetivos de reclutamiento previstos.

La decisión francesa se inscribe dentro de una tendencia más amplia en Europa. No es un caso aislado; desde hace años, el continente está viviendo un cambio significativo en materia de defensa. Alemania, tras décadas sin conscripción, ha aprobado recientemente un servicio militar voluntario con una cláusula importante: si no logra reunir a 80.000 efectivos, la conscripción pasará a ser obligatoria. A partir de 2026, el Gobierno alemán enviará cartas con códigos QR a todos los jóvenes que cumplan 18 años, invitándoles a completar un formulario digital para evaluar su interés y capacidades para servir en la Bundeswehr. Bélgica, por su parte, busca atraer voluntarios ofreciendo una remuneración mensual de 2.000 euros durante el periodo formativo. Polonia ha tomado medidas más drásticas: ha implementado formación militar obligatoria en las escuelas secundarias y planea aumentar su ejército de 216.000 a 300.000 soldados antes del año 2035.

Dinamarca amplía sus reclutamientos al incluir a las mujeres y prolonga la duración del servicio militar. En el norte del continente, la situación es aún más dinámica. Dinamarca, que ya contaba con servicio militar obligatorio para hombres, ha decidido incluir también a las mujeres a partir de julio de 2025. Además, el periodo del servicio básico pasará de cuatro meses a once meses desde 2026. El país tiene como objetivo entrenar anualmente a unos 6.500 reclutas a partir de 2033, lo que representa un incremento del 40 por ciento respecto a las cifras anteriores. Finlandia, manteniendo un sistema obligatorio para todos los hombres entre los 18 y los 30 años, espera contar con una proporción de reservistas equivalente a uno por cada cinco habitantes para el año 2031. Esta estrategia busca crear una fuerza militar sólida y demostrar la determinación de Helsinki ante su poderoso vecino ruso, especialmente tras haber finalizado décadas de no alineamiento militar al integrarse en la OTAN en 2023.

El panorama sobre la conscripción dentro de la Unión Europea ha cambiado drásticamente en los últimos tiempos. Actualmente, nueve Estados miembros mantienen algún tipo de conscripción en tiempos pacíficos: Austria, Chipre, Dinamarca, Estonia, Finlandia, Grecia, Letonia, Lituania y Suecia. A estos se sumará pronto Croacia, que planea reactivar la conscripción en 2026 después de haberla abolido en 2008, justo antes de su adhesión a la OTAN. El servicio militar será nuevamente obligatorio en este país balcánico; se convocarán alrededor de 18.000 jóvenes cada año para recibir tres meses de entrenamiento al cumplir los 18 años.

Los países que han vuelto atrás en su postura sobre la conscripción han tomado esas decisiones por razones geopolíticas evidentes. Lituania fue pionera en este proceso en 2015 tras la anexión rusa de Crimea e instauró un servicio militar obligatorio durante nueve meses para hombres entre los 19 y los 26 años. En el año 2024, Letonia y Estonia, ambas ubicadas estratégicamente cerca de Moscú, reintrodujeron el servicio militar obligatorio bajo condiciones similares a las establecidas por Lituania. A su vez, Suecia restauró en 2017 un servicio militar que abarca entre nueve y quince meses para abordar problemas relacionados con el reclutamiento; sin embargo, solo se aplica a una pequeña fracción seleccionada según habilidades y motivación personal. Este enfoque selectivo ha servido como modelo para Alemania y otros países occidentales que buscan equilibrar sus capacidades defensivas mientras retienen mano de obra en el mercado laboral civil.

La Comisión Europea ha delineado una hoja de ruta para alcanzar plena capacidad militar hacia el año 2030. La situación es preocupante; Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, ha justificado estas medidas como «una respuesta necesaria ante las amenazas crecientes». Bruselas destinará unos impresionantes 131.000 millones de euros hacia defensa y espacio dentro del próximo marco financiero (2028-2034), marcando así el mayor presupuesto militar jamás asignado por la Unión Europea. Este plan incluye proyectos como el Escudo Espacial Europeo y un ambicioso muro antidrones en su frontera oriental. Si bien oficialmente se habla sobre «defensa común», lo cierto es que estamos ante una progresiva militarización del continente europeo justo cuando las tensiones con Moscú aumentan y bajo presión directa desde Washington.

Algunos países occidentales mantienen distancia respecto a reintroducir la conscripción obligatoria. El Reino Unido, aunque consideró volver al servicio militar en 2024 bajo el Gobierno liderado por Keir Starmer, finalmente desestimó esa opción. Sin embargo, Londres se ha comprometido a aumentar su gasto defensivo hasta alcanzar el tres por ciento del PIB después del año 2029; esto contrasta con el actual dos coma tres por ciento dedicado al mismo fin. En cuanto a España, mantiene desde hace más de dos décadas un modelo completamente profesionalizado sin planes inmediatos para reinstaurar la conscripción; aquí se prioriza captar y retener personal mediante mejoras salariales junto con opciones viables para conciliar vida laboral.

La estrategia para captar jóvenes

Los incentivos económicos juegan un papel clave en estos nuevos modelos reclutativos que están surgiendo actualmente. Francia, Alemania y Bélgica están apostando por servicios voluntarios bien remunerados como forma efectiva de atraer candidatos sin recurrir inmediatamente a medidas coercitivas como la obligatoriedad del servicio militar. Los tiempos son inciertos: muchos franceses apoyan esta mili voluntaria mientras una juventud afronta dificultades laborales significativas; así que, para algunos jóvenes, ese uniforme empieza a parecer atractivo. Si consideramos, además, que cobrar entre ochocientos y dos mil euros mensuales durante esos diez meses puede representar una oportunidad real dentro del contexto actual, marcado por un desempleo juvenil elevado, la opción gana aún más peso.

Las excepciones basadas en la objeción de conciencia existen, pero suelen llevar consigo altos costes personales. En aquellos países donde cumplir con el servicio militar es una norma establecida, quienes optan por negarse alegando motivos éticos pueden elegir realizar algún tipo de servicio alternativo relacionado con el mismo ámbito. En Finlandia, por ejemplo, el periodo destinado al servicio civil equivale al doble del tiempo exigido en el ejército; dicho esto, cualquier negativa reiterada puede acarrear sanciones económicas o incluso arresto domiciliario. Por otro lado, en Suiza todos los varones deben cumplir con sus obligaciones militares entre los dieciocho y los veinticuatro años; esto implica completar dieciocho semanas formativas, ya sea en la escuela de reclutamiento o vía alternativa civil. Los ciudadanos helvéticos que no cumplan o lo hagan de forma parcial tendrán que abonar las tasas correspondientes.

La tendencia europea parece dirigirse hacia la consolidación de capacidades defensivas durante la próxima década. En particular, las naciones nórdico-bálticas, junto con las del Este, fortalecerán sus programas relacionados; mientras tanto, el centro-oeste experimentará cambios mediante registros, servicios voluntarios ampliados y reservas fortalecidas. Ahora bien, la incógnita no radica en si volveremos a ver “la mili” tal cual existió antaño, sino en qué combinación resultará adecuada para movilizar rápidamente sin afectar gravemente a la economía europea. Finlandia proyecta contar con aproximadamente doscientas ochenta mil personas listas para la guerra; Suecia incrementa el ritmo de convocatoria anual hasta ocho mil plazas; Estonia estructura una fuerza bélica que supera las cifras cercanas a los cuarenta mil efectivos, apoyada en una reserva relativamente grande según su población. Polonia tiene ambiciones mayores, buscando alcanzar un total cercano a los quinientos mil efectivos.

El mensaje lanzado desde los gobiernos europeos resulta contundente: estamos ante un futuro en el que la guerra podría convertirse en parte integral de la realidad cotidiana. Mientras tanto, Washington reconsidera su compromiso con la OTAN bajo el nuevo liderazgo presidencial entrante, y Rusia mantiene presión constante sobre Ucrania; los Estados miembros aceleran los rearmamentos necesarios y la captación de personal. La decisión tomada por Macron sobre reactivar el servicio francés no constituye un acto aislado, sino la culminación de una estrategia continental enfocada en la preparación para conflictos mayores. Los próximos años determinarán si estos modelos híbridos entre voluntariedad y selectividad coercitiva logran movilizar suficiente juventud europea o si, finalmente, la obligación impuesta acaba convirtiéndose en la regla generalizada del continente.

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