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Donald Trump ha anunciado que Xi Jinping visitará la Casa Blanca hacia finales de 2026, un movimiento que se enmarca en un intercambio de invitaciones mutuas y que precede a su propio viaje a China en abril.
Esta escalada diplomática surge tras una llamada del 4 de febrero, donde ambos líderes abordaron comercio, Taiwán, Ucrania e Irán, buscando estabilizar una relación marcada por aranceles y competencia estratégica.
Desde una perspectiva geoestratégica, el anuncio refleja el intento de Washington de contener el ascenso chino mientras preserva canales de diálogo. Trump enfatizó la “relación extremadamente buena” entre las dos superpotencias, destacando ingresos por aranceles que superan los cientos de millas de millones de dólares, pero Pekín responde con advertencias sobre ventas de armas a Taiwán, territorio que reclama como propio y que ve como línea roja para su soberanía.
Implicaciones Comerciales
La agenda incluye incrementos en compras chinas de soja (de 12 a 20 millones de toneladas), petróleo, gas y productos agrícolas estadounidenses, lo que podría mitigar las tensiones de la guerra comercial iniciada en su primer mandato. Sin embargo, esta interdependencia económica —con cadenas de suministro entrelazadas— no resuelve la dependencia estratégica de EE.UU. de la manufactura china, ni frena la política de “desacoplamiento selectivo” impulsada por Trump.
Xi aboga por “respeto mutuo y coexistencia pacífica”, pero el pulso arancelario persiste como herramienta de presión, reafirmando la visión trumpista de que Pekín “paga los costos” de su expansión.
Tensiones en Taiwán y Seguridad Regional
Taiwán emerge como eje crítico: Xi urgió “cautela” en ventas armamentísticas, tras paquetes récord aprobados por Washington, vinculando este tema a cualquier avance bilateral. Esta postura china busca disuadir una escalada en el Estrecho, donde Pekín ha intensificado ejercicios militares, mientras EE.UU. refuerza alianzas como AUKUS y QUAD para contrarrestar la proyección naval china en el Indo-Pacífico.
El diálogo también tocó Ucrania e Irán, ilustrando cómo la rivalidad sino-estadounidense se proyecta en teatros globales, con Pekín como socio clave de Rusia.
Desafíos nucleares
Washington presiona por un nuevo tratado de control de armas nucleares trilateral con Rusia y China, tras la expiración del Nuevo START, argumentando que excluir a Pekín —cuyo arsenal crece rápidamente— deja a EE.UU. y aliados “menos seguros”. Pekín se unirá “en esta etapa”, condicionándolo a concesiones en Taiwán, lo que acelera una potencial carrera armamentística y complica la estabilidad estratégica.
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