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ORIENTE MEDIO Y NEGOCIACIÓN

Cuántos miles de millones de dólares de Irán siguen congelados por EE.UU. y por qué pesan en la paz

Irán estima que tiene hasta 100.000 millones de dólares bloqueados en el extranjero. Esta suma se ha convertido en una herramienta clave en un escenario tenso con EE.UU.

Periodista Digital 07 Jul 2026 - 10:34 CET
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La cifra exacta sigue siendo un misterio, aunque diversas fuentes apuntan a un rango que oscila entre 27.000 millones y 100.000 millones de dólares. En la práctica, esos recursos congelados han adquirido un papel fundamental en cualquier acuerdo entre Irán y Estados Unidos, ya que Teherán los considera una vía rápida para revitalizar su economía, mientras que Washington los utiliza como una forma de presión política.

Este asunto no es trivial. De acuerdo con la BBC, el acceso a esos fondos sigue siendo inalcanzable para Teherán debido a las sanciones y limitaciones financieras impuestas a nivel internacional. Esta situación es una de las razones por las que el dinero emerge repetidamente en las discusiones sobre la paz, la desescalada y el futuro del programa nuclear iraní. En un contexto donde también se evalúan cuestiones como el control nuclear, los misiles y la seguridad regional, la liberación de activos se convierte en una moneda de cambio inmediata.

Qué dinero está atrapado y dónde

Las estimaciones más comunes sugieren que el total de los activos congelados ronda los 100.000 millones de dólares, aunque no hay una cifra oficial única ni un inventario exhaustivo y actualizado. Parte de ese capital se encuentra disperso en bancos y cuentas en países como Qatar, India, Irak, Japón, Luxemburgo y, según algunas proyecciones, incluso en China.

El problema es doble: no solo resulta complicado determinar el monto exacto, sino también saber cuántos fondos permanecen realmente inmovilizados y cuántos han sido movidos o han generado intereses a lo largo del tiempo. Por ello, cuando las partes discuten sobre liberar fondos, no siempre se refieren al total del bloque, sino a cantidades específicas, liberaciones por etapas o montos condicionados a avances verificables.

Por qué son clave para negociar la paz

Para Irán, estos fondos representan algo más que simples cifras contables. Se presentan como una solución rápida para sostener importaciones, estabilizar el tipo de cambio y aliviar la presión sobre una economía golpeada por sanciones, inflación y falta de inversión extranjera. Además, desde un punto de vista político, el dinero congelado permite a Teherán mostrarse ante su ciudadanía como un gobierno que recupera soberanía y obtiene resultados concretos sin renunciar a su discurso combativo.

Por parte de EE.UU., liberar esos fondos no se contempla como una concesión gratuita. Se integra dentro de un paquete más amplio que también aborda el programa nuclear iraní, sus capacidades misilísticas y su influencia regional. Esta lógica explica por qué el dinero se ha convertido en uno de los principales obstáculos, pero también en una herramienta útil para cerrar acuerdos parciales.

La percepción de que el régimen iraní necesita oxígeno económico se complementa con otro dato relevante: la nueva administración en Teherán busca marcar distancias con la etapa anterior. La transición tras la muerte de Alí Jamenei ha fortalecido una postura más dura simbólicamente y más calculada diplomáticamente, según informes de la BBC, caracterizada por funerales masivos, mensajes belicosos y una escenificación destinada a proyectar fortaleza interna mientras desafía al exterior.

Un nuevo régimen, menos previsible

El cambio político en Irán no implica necesariamente moderación; todo lo contrario: las ceremonias públicas por Jamenei muestran a una élite que mezcla duelo con amenazas y disciplina política para consolidar su autoridad en medio del conflicto y las negociaciones simultáneas. En este sentido, el nuevo régimen se diferencia del anterior porque ya no puede sustentarse únicamente en la inercia institucional; necesita demostrar control, cohesión y capacidad disuasoria mientras dialoga con sus adversarios.

Esta dinámica hace aún más relevante el tema de los fondos congelados. Si Teherán logra desbloquear parte del dinero, podrá presentarlo como una victoria estratégica e utilizarlo para mitigar tensiones internas. Por el contrario, si no lo consigue, la presión económica continuará empujando al régimen hacia negociaciones desde una posición más vulnerable aunque con un discurso exterior más desafiante.

La evolución inmediata dependerá de si Washington accede a liberar parcialmente esos fondos bajo condiciones escalonadas vinculadas a compromisos verificables. Si este enfoque avanza, podría convertirse en un primer paso real hacia una paz frágil pero funcional. Si fracasa, esos activos seguirán siendo lo que son hoy: una inmensa reserva de poder inmovilizado, esperando que la diplomacia decida abrirla o cerrarla definitivamente.

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