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El 29 de junio de 2026, una bomba detonada por control remoto estalló en el vestíbulo de un edificio residencial de Mónaco, en la calle Révérend Père Louis Frolla, a escasos metros de la frontera francesa. El magnate ucraniano Vadym Yermolaiev y su mujer resultaron gravemente heridos, mientras su hijo de 13 años sufrió heridas menos graves. Fue, según las autoridades del Principado, el primer ataque de este tipo en la historia de Mónaco, un enclave conocido en el mundo por su concentración de millonarios, su familia real y el Gran Premio de Fórmula 1.
El príncipe Alberto II describió la explosión como «un acto odioso» y dijo que todos los servicios públicos estaban movilizados para garantizar la seguridad.
Una semana después, el caso ha dado un giro que convierte el atentado en algo mucho más complejo que un simple ajuste de cuentas entre oligarcas: la principal sospechosa, identificada por Interpol como Anastasia Berezovska, de 39 años, fue hallada muerta cerca de Kyiv. Las autoridades ucranianas detuvieron a un empleado del servicio de inteligencia militar de Ucrania (HUR) que presuntamente admitió haberla matado junto a otro sospechoso identificado como un exagente de las fuerzas del orden.
La sicaria: quién era Anastasia Berezovska
Interpol había identificado a Berezovska, nacional ucraniana de 39 años, como la principal sospechosa y emitido una Notificación Roja solicitando su detención por los cargos de tentativa de asesinato, colocación de un explosivo en lugar público con intención criminal y conspiración criminal.
Según Interpol, Berezovska era ucraniana y hablaba alemán. Tras cometer el atentado, la sospechosa abandonó Mónaco a pie hacia la cercana Francia, para después huir en coche hacia Alemania atravesando varios países europeos, incluida Italia.
Berezovska llegó a Ucrania el 1 de julio, el día después del atentado. Una investigación estableció rápidamente que había estado en comunicación con su familia y con dos hombres: un exagente de las fuerzas del orden y un empleado activo del HUR, el servicio de inteligencia militar ucraniano.
El cuerpo de Berezovska fue hallado a las 23:00 horas del lunes, cerca de Kyiv, con un disparo. Había sobrevivido al atentado de Mónaco, cruzado media Europa a toda velocidad y llegado a su propio país. Donde alguien la estaba esperando para eliminarla.
El objetivo: Vadym Yermolaiev y sus conexiones con Rusia
Yermolaiev, de 58 años, es un empresario nacido en Ucrania que obtuvo la nacionalidad chipriota en 2019 y fue colocado bajo sanciones ucranianas en 2023. Los medios ucranianos informaron de que las sanciones fueron impuestas por hacer negocios en Crimea ocupada por Rusia.
Es el perfil exacto de personaje que en el contexto de la guerra ucraniana concentra todas las tensiones posibles: un empresario de origen ucraniano que mantuvo negocios en territorio bajo ocupación rusa, sancionado por su propio país, residente en Mónaco con su familia y convertido en objetivo de un ataque con explosivos detonados por control remoto en el vestíbulo de su edificio.
El fiscal adjunto de Mónaco, Morgan Raymon, confirmó que la bomba fue detonada a distancia mediante control remoto. No fue una explosión accidental ni un artefacto de baja intensidad. Fue un atentado planificado con la precisión de una operación profesional.
La conexión con la inteligencia militar ucraniana: la pista más inquietante
El elemento que transforma este caso de un ajuste de cuentas entre oligarcas en un asunto de dimensiones geopolíticas es la detención de un empleado activo del HUR, el servicio de inteligencia militar de Ucrania, por el asesinato de la principal sospechosa del atentado.
La cadena de implicaciones es perturbadora. Una mujer ucraniana planta una bomba en Mónaco contra un empresario ucraniano sancionado por colaborar con Rusia. Escapa a Ucrania a toda velocidad. Y es asesinada días después por alguien que trabaja para la inteligencia militar ucraniana. Todo en el plazo de una semana.
Las preguntas que esa secuencia genera son las que los servicios de seguridad europeos están ahora intentando responder. ¿Fue Berezovska un instrumento de alguna organización o servicio que después la eliminó para que no pudiera hablar? ¿La conexión con el HUR es la de un servicio que gestionó la operación desde el principio o la de alguien que actuó por iniciativa propia? ¿Quién ordenó el atentado de Mónaco y por qué eligió a Mónaco para ejecutarlo?
La guerra que ya no tiene fronteras
El atentado de Mónaco forma parte de una tendencia que los servicios de inteligencia europeos llevan meses documentando con creciente preocupación: la extensión de la violencia asociada al conflicto ucraniano hacia las capitales y enclaves de lujo de Europa Occidental.
Mónaco es la encarnación más perfecta del principado europeo que parecía inmune a las turbulencias del mundo. Un territorio de 2,2 kilómetros cuadrados con la mayor concentración de millonarios por habitante del planeta, una familia real estable, seguridad a raudales y la neutralidad discreta de quien vive bien y no quiere problemas. Eso era antes del 29 de junio.
El atentado ha recordado que las guerras no respetan la neutralidad de los enclaves de lujo cuando los protagonistas de esas guerras, sus aliados, sus rivales y sus dineros residen o transitan por ellos. Mónaco no estaba en ningún mapa de conflictos. Ahora está en todos.
Lo que viene a continuación
Las investigaciones que están activas simultáneamente en Mónaco, Francia, Alemania, Italia y Ucrania tienen que responder a varias preguntas simultáneas. Quién ordenó el atentado contra Yermolaiev y qué intereses concretos motivaron la decisión de atacarle en Mónaco con su familia presente. Quién contrató o utilizó a Berezovska y a través de qué cadena de intermediarios llegó a ella la orden. Qué relación tiene la célula del HUR ucraniano con la operación, si es institucional o producto de elementos autónomos actuando por cuenta propia o ajena.
Y sobre todo: por qué Berezovska fue eliminada tan rápidamente después de llegar a Ucrania. La respuesta a esa pregunta probablemente contenga las respuestas a todas las demás.
La guerra de Ucrania lleva más de cuatro años dejando cadáveres en los frentes orientales. Ahora también los deja en los vestíbulos de los edificios de lujo de Mónaco y en las afueras de Kyiv.
Las fronteras entre lo militar y lo criminal, entre el espionaje y el crimen organizado, entre la guerra y la paz, se están borrando con una velocidad que los gobiernos europeos todavía no han encontrado la forma de gestionar.
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