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TRUMP BUSCA UNA SOLUCIÓN EN ORMUZ

EE.UU., Irán y el estrecho de Ormuz: la guerra que Trump asegura no desear escalar

Entre amenazas y bombardeos hacia Irán, Trump se mueve entre una escalada militar y pausas tácticas, con el estrecho de Ormuz en el epicentro de la crisis energética mundial.

Periodista Digital 04 Ago 2026 - 19:39 CET
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La imagen de un Trump prudente en lo que respecta a Irán se enfrenta a la dura realidad de un conflicto abierto, donde el estrecho de Ormuz se ha convertido en un tablero de peligro global. El presidente ha mezclado órdenes de ataque y ultimátums con pausas tácticas, como lo refleja un análisis reciente de CNN sobre su estrategia en la región.

En esta etapa del conflicto, el mensaje principal de la Casa Blanca es claro: mantener abierto Ormuz casi a cualquier costo, pero sin cruzar la línea que podría desatar una escalada incontrolable. Esto ha generado una política errática que navega entre acciones militares contundentes y momentos de contención calculada.

De la ofensiva masiva al “freno” táctico

El actual conflicto no comienza de la nada. El 28 de febrero, Trump anunció “operaciones de combate mayores” en colaboración con Israel, con ataques masivos dirigidos a objetivos militares, gubernamentales y estructuras en todo Irán. Desde ese momento:

Mientras tanto, Washington ha presentado esta ofensiva como la única solución para “debilitar la capacidad de Irán de amenazar la navegación” y reabrir el paso de energía. Sin embargo, esa estrategia ha topado con un límite: cuando la escalada amenaza con salirse de control, Trump ha tenido que echar el freno.

El ejemplo más evidente es un patrón repetido en las últimas semanas:

  1. Ultimátums públicos y anuncios de nuevos ataques “muy duros” sobre infraestructuras energéticas y puentes.
  2. Rondas de ataques nocturnos sucesivos contra bases, radares y capacidades defensivas iraníes.
  3. Mensajes subsiguientes en los que afirma haber cancelado “bombardeos programados” para abrir espacio a un acuerdo sobre Ormuz y el programa nuclear.

No se trata de una estrategia lógica, sino de una negociación a base de bombardeos: se incrementa la presión militar y, cuando el costo potencial—económico, político y humano—se dispara, se abre una puerta para dialogar.

Ormuz como herramienta energética y política

El estrecho de Ormuz representa alrededor del 20% del petróleo y gas global en tiempos de paz. Desde el inicio de esta guerra:

Irán ha jugado su carta maestra: anunciar de forma intermitente el cierre del estrecho y exigir control exclusivo sobre el paso, incluso sugiriendo que los buques abonen tasas a Teherán. Estados Unidos, por su parte, ha respondido con dos movimientos estructurales importantes:

Este segundo aspecto es clave: al plantear peajes a los barcos por “seguridad”, Trump no solo ha tensionado a Irán, sino también a aliados que dependen del estrecho y ven cómo Washington transforma un recurso común en un medio de presión económica.

¿Una escalada que Trump intenta manejar?

La percepción de que Trump “no ha cometido el error de escalar” con Irán se matiza al examinar la secuencia de acontecimientos recientes. La realidad es que la escalada es evidente; lo que busca la Casa Blanca es evitar un salto hacia una guerra más amplia e irreversible.

Según diversos análisis y fuentes citadas en medios estadounidenses:

Este análisis explica por qué en las últimas 24-48 horas se ha visto un movimiento doble:

El margen de maniobra es escaso: un error de cálculo podría resultar en el cierre total del estrecho o en que actores como los hutíes en Yemen extiendan el conflicto hacia otros pasos estratégicos, multiplicando el impacto en los mercados.

Lo que se avecina: acuerdos frágiles y riesgo permanente

En este contexto, las opciones que se plantean son fórmulas híbridas:

Las señales son contradictorias. Trump habla de un “gran acuerdo” próximo y de firmar en Europa, pero mantiene abiertos planes de ataques “muy duros” si las negociaciones fallan. Irán, por su parte, sigue insistiendo en su “control soberano” del estrecho y amenaza con cerrar otros corredores energéticos si se atacan sus instalaciones eléctricas.

En definitiva, la única “no escalada” tangible es la que aún no se ha producido: el salto a un cierre total y prolongado de Ormuz, combinado con una campaña devastadora sobre la infraestructura energética iraní. Todo lo demás—bombardeos, ultimátums, bloqueos y peajes—ya se ha vuelto parte del paisaje habitual.

Y aunque hoy Trump actúe como si pudiera acercarse al borde sin caer, la dinámica de la guerra y la importancia del estrecho de Ormuz en la economía global evidencian que cualquier error podría transformar esta crisis en algo mucho más grave de lo que la Casa Blanca se atreve a aceptar.

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