EL GOLFO ANTE SU MAYOR PRUEBA

Arabia Saudita entre dos fuegos: cómo Riad intenta no quedar atrapada en la guerra entre EE.UU. e Irán

Riad busca contener a Irán, preservar su alianza con Estados Unidos y avanzar en la Visión 2030, mientras los misiles recorren el Golfo y la paciencia estratégica se agota

Arabia Saudita entre dos fuegos: cómo Riad intenta no quedar atrapada en la guerra entre EE.UU. e Irán
Arabia Saudí e Irán. PD

La escena en el Golfo ya resulta familiar: se activan alarmas antiaéreas, los interceptores surcan el cielo, y desde Riad llegan comunicados medidos que condenan los ataques iraníes sin prometer una respuesta contundente. En ese delicado equilibrio entre la indignación y la prudencia se manifiesta el dilema saudita, tal como lo describe la prensa internacional y análisis de medios como BBC Mundo, que señalan cómo los países del Golfo sufren las consecuencias de su alianza con Estados Unidos. Este contexto ayuda a desentrañar el esfuerzo que realiza Arabia Saudita para no verse atrapada en un conflicto que no controla completamente.

El reino se sitúa en el corazón de una confrontación que, al menos en su comunicación externa, intenta evitar. Mientras Estados Unidos y Irán se atacan de manera directa e indirecta, Riad intercepta drones y misiles, refuerza sus defensas y reitera su compromiso con la estabilidad regional y el avance de su proyecto económico, la Visión 2030. El inconveniente radica en que la geografía y la política parecen empujar en dirección opuesta.

Una neutralidad cada vez más difícil

Durante las primeras semanas del conflicto, Arabia Saudita trazó una línea clara: priorizar la diplomacia, la contención y el rechazo a convertirse en un centro de operaciones contra Irán. Funcionarios saudíes enfatizaron la necesidad de que los países del Golfo opten por el diálogo si desean coexistir en una paz relativa. Esta estrategia se enmarca en tres objetivos clave:

  • Evitar una guerra abierta en su territorio
  • Proteger la infraestructura petrolera que sustenta la economía
  • Salvaguardar la Visión 2030, el plan de transformación nacional impulsado por Mohammed bin Salman

Sin embargo, la realidad en el terreno ha debilitado esta postura. Irán ha llevado a cabo numerosos ataques con drones y misiles contra Arabia Saudita y otros miembros del Consejo de Cooperación del Golfo, impactando refinerías, bases y objetivos aliados a la seguridad estadounidense. El ataque a la refinería de Ras Tanura, una de las más grandes del país, se considera un punto de inflexión: analistas advierten que estos ataques acercan a Riad a operaciones militares conjuntas con Washington e Israel.

A pesar de todo, durante meses, ningún país del Golfo ha respondido directamente a esos ataques. La paciencia saudita se ha incorporado al relato oficial: contener, absorber daños limitados y continuar dialogando tanto con Teherán como con Washington.

La presión de Washington y la tentación de ir más lejos

Sin embargo, esta contención tiene un coste político. Informes recientes apuntan a que, bajo el discurso de prudencia, Riad y Abu Dabi han tendido hacia una postura más agresiva hacia Irán, presionando a Estados Unidos para que continúe la guerra y sugiriendo formas de apoyo a la ofensiva. Para el príncipe heredero Mohammed bin Salman, el debilitamiento o la caída del régimen iraní se presenta como una “oportunidad histórica” para conseguir un balance de poder más favorable en Oriente Medio.

Varios factores impulsan esta decisión:

  1. Ambición regional: neutralizar la capacidad iraní de proyectar su influencia a través de milicias en Yemen, Irak y el Líbano.
  2. Seguridad energética: disminuir la amenaza sobre instalaciones clave de Aramco y sobre rutas marítimas esenciales como el estrecho de Ormuz y el mar Rojo.
  3. Ventana política: aprovechar una administración estadounidense dispuesta a utilizar la fuerza, a pesar de su naturaleza impredecible.

Sin embargo, el cálculo no es sencillo. Un compromiso militar abierto pondría a Arabia Saudita en el punto de mira de represalias más severas y aumentaría el riesgo de ser abandonada si Washington opta por desescalar o cambiar de prioridades. Por esta razón, algunos expertos hablan de una “neutralidad cautelosa”: apoyo en inteligencia, acceso logístico y coordinación, pero evitando un despliegue masivo de tropas y el protagonismo en el conflicto.

La paradoja se observa en los movimientos variables de Riad:

  • En ciertos momentos, permite el uso de sus bases y espacio aéreo a fuerzas estadounidenses.
  • En otros, frena operaciones clave, como el llamado “Proyecto Libertad”, por temor a que provoquen una escalada adicional con Irán.

Este vaivén refleja la tensión continua entre la histórica alianza con Washington y la necesidad de no convertirse en el objetivo principal de Teherán.

El coste interno del dilema

Sin embargo, el debate no se limita a los despachos. Encuestas recientes muestran una opinión pública saudita dividida respecto a la guerra y a la idea de intensificar el conflicto contra Irán. Mientras parte de la población apoya ataques selectivos contra lanzadores de misiles, otra parte se opone a involucrarse en un conflicto de resultado incierto. Esta fractura complica aún más las decisiones de la cúpula.

Además, el dilema estratégico presenta dimensiones externas adicionales:

  • Arabia Saudita firmó en 2025 un tratado de defensa mutua con Pakistán.
  • Si Riad se ve presionada a intervenir con más fuerza, podría arrastrar a una potencia nuclear a la complicada ecuación regional.

A su vez, la ruptura abierta con Emiratos Árabes Unidos sobre la gestión del conflicto y los ataques iraníes añade otro nivel de complejidad. La tradicional cooperación entre saudíes y emiratíes ya no es tan automática, y cada capital ajusta su relación con Estados Unidos según su propio cálculo de riesgos.

En el ámbito económico, los efectos también son tangibles. El bloqueo parcial en Ormuz ha obligado a desviar exportaciones de petróleo hacia rutas alternativas, lo que afecta tanto los ingresos como la percepción de riesgo en el Golfo. La guerra ha devuelto a Arabia Saudita a una lógica de dependencia defensiva respecto a Estados Unidos, algo que choca con su objetivo declarado de ganar autonomía estratégica.

¿Hasta dónde puede seguir al margen?

De este modo, Riad se esfuerza por mantenerse dentro de una franja muy angosta: lo suficientemente cerca de Washington para beneficiarse de su paraguas de seguridad, y lo suficientemente alejada de la línea de fuego para no asumir el coste total de la guerra con Irán. La creciente cantidad de ataques, las presiones externas, y las dudas internas van reduciendo esa franja día tras día.

Las opciones que enfrenta son de alto riesgo: intensificarse y asumir represalias y posible desgaste económico, o continuar con la contención y aceptar que su capacidad de disuasión se vea limitada ante Teherán. Como destacan varios analistas, si los misiles iraníes vuelven a impactar en territorio saudita en gran medida, la posibilidad de seguir “al margen” podría desvanecerse.

En ese instante, el dilema dejará de ser teórico para convertirse en algo más simple y duro: decidir cuántos golpes está dispuesto a soportar el reino antes de reconocer que su guerra, aunque no la haya elegido, ya ha comenzado.

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