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La tensión entre Rusia y la OTAN vuelve a subir varios grados. Moscú ha decidido trasladar por escrito a la Alianza Atlántica una advertencia sobre las consecuencias que, según el Kremlin, tendría un hipotético ataque contra territorio ruso. Entre las opciones que Rusia deja abiertas aparece también el empleo de su arsenal nuclear.
El movimiento llega en un momento especialmente delicado para la seguridad europea. Los países del flanco oriental de la OTAN llevan meses denunciando distintos episodios vinculados a las llamadas tácticas híbridas rusas, con incidentes relacionados principalmente con drones en territorios como Polonia, Rumanía y Lituania.
Ante el mensaje enviado desde Moscú, la OTAN no ha tardado en responder. La portavoz de la organización, Allison Hart, confirmó que los aliados ya han remitido una contestación formal al documento ruso.
El contenido de la respuesta busca desmontar uno de los principales argumentos del Kremlin: la idea de que la actividad militar de la OTAN constituye una amenaza directa para Rusia. La Alianza insiste en que su estructura y sus operaciones tienen carácter defensivo y sostiene que ninguno de sus ejercicios está concebido para poner en peligro el territorio ruso.
Pero Bruselas también ha endurecido el tono. La organización ha rechazado de forma contundente cualquier amenaza basada en el uso de la fuerza y, especialmente, la utilización de la retórica nuclear como mecanismo de presión.
La OTAN mantiene además su exigencia de que Moscú ponga fin a la invasión de Ucrania. Por ahora, las posiciones siguen alejadas y la vía diplomática continúa sin producir un acuerdo capaz de poner fin al conflicto.
Moscú no consigue frenar el apoyo a Ucrania
El intercambio de mensajes se produce mientras Rusia intensifica, según la OTAN, sus tácticas de presión contra los países occidentales. Desde la Alianza consideran que estas actuaciones buscan generar incertidumbre y condicionar el respaldo militar y político que los aliados mantienen hacia Kiev.
La respuesta de la organización, sin embargo, pretende dejar claro que las advertencias procedentes del Kremlin no van a modificar ese compromiso. Hart ha defendido que los aliados mantienen su apoyo a Ucrania y que la OTAN dispone de los recursos necesarios para proteger a sus miembros.
El mensaje es inequívoco: la Alianza asegura estar preparada para responder ante cualquier amenaza que afecte a sus Estados miembros.
El factor nuclear vuelve al centro del escenario
La advertencia rusa cobra todavía más importancia por los cambios introducidos por Moscú en su doctrina nuclear durante 2024.
Las nuevas reglas ampliaron las circunstancias bajo las cuales Rusia contempla la posibilidad de recurrir a su capacidad atómica. El marco actualizado incluye determinados escenarios en los que una agresión con armas convencionales podría llegar a desencadenar una respuesta nuclear si las autoridades rusas consideran que existe una amenaza crítica contra la soberanía o la integridad territorial del país.
La modificación supone que el escenario nuclear ya no queda limitado a una hipotética respuesta frente a otro ataque atómico. También puede entrar en consideración ante determinadas agresiones convencionales de especial gravedad.
Y ahí reside una de las principales preocupaciones para Europa: cuanto más amplio sea el abanico de situaciones contempladas por la doctrina rusa, mayor es la relevancia que adquieren los enfrentamientos indirectos entre Moscú y los países occidentales.
Con la guerra de Ucrania todavía abierta, los incidentes en el flanco oriental europeo y el creciente intercambio de advertencias entre Rusia y la OTAN, el riesgo de una escalada vuelve a ocupar un lugar central en el debate sobre la seguridad del continente.
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