«Hubo alguien que fue metido en la zona euro pero que no debió haber entrado».
No es la primera vez que el economista Santiago Niño Becerra insiste en que a los países de la periferia no «se les debería haber metido» en el el área de la moneda única.
Esta semana ha escrito sobre la misma idea pero ha recordado que sin España e Italia en el euro países como Alemania o Austria «no hubiesen hecho los meganegocios ni hubiesen obtenido los superbeneficios que hicieron y obtuvieron».
Becerra hace esta reflexión en su blog de La Carta de la Bolsa para mostrar su desacuerdo con un dictamen reciente de la Comisión Europea, que aseguró que en esta crisis la responsabilidad la tienen las economías que han caído en enormes déficits comerciales, ellos y nadie más.
Pero lo que piensa realmente Niño Becerra es que nadie tiene la culpa o la tiene todo el mundo.
«Sí de unos y no de otros, ni hablar, señores de la Comisión».
«De una forma o de otra, en unas latitudes y en otras seguimos igual: buscando putos culpables. Alemania, Austria y compañía fueron buenas chicas porque fabricaban bien, exportaban, ahorraban, e invertían. Y España, Italia y demás fueron malas porque se dedicaron a gastar, gastar, y gastar importando hasta el aire que respiraban».
«Cuando quiere contarse la historia a medias que fácil es decir medias verdades».
Esta película, prosigue, empieza a finales de los 90, no a principios de los 2000 como pretende la Comisión.
Cuando se llegó a la conclusión, escribe, de que una moneda única en Europa es necesaria, «los números alemanes y austríacos eran inconmensurablemente más mejores que los españoles y los italianos, lo que ponía de manifiesto cosas como el riesgo país».
La cuestión, piensa, es que España e Italia nunca tuvieron que haber entrado en el euro junto a Alemania y Austria:
«Quiero decir, que no tenía que habérseles metido, porque su productividad era bajísima, su estructura de PIB basada en el bajo valor, y sus carencias enormes».
«Porque esa es la película completa».
Si los PIIGS (Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España) no hubieran incurrido en los déficits de todo tipo en los que incurrieron debido a que fueron introducidos «con calzador en el euro, los virtuosos de siempre no hubieran hecho los maravillosos negocios que hicieron».
Estos PIIGS crecieron a base de déficit y de deuda, asegura, y los virtuosos crecieron canalizando sus excedentes hacia, entre otros, los PIIGS.
«Y todos crecieron, y fueron felices, y comieron perdices»
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