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Israel aplica en Irán la misma estrategia que utilizó contra Hamás y Hezbolá: elimina de forma gradual a líderes cruciales.
Su objetivo es hacer tambalear el régimen desde adentro. En cuestión de días, los ataques precisos han dejado a Teherán sin su cúpula.
El ejército israelí ha confirmado la muerte de Alí Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, y de Gholamreza Soleimani, jefe de la milicia Basij. Ayer, un bombardeo nocturno acabó con la vida de Esmaeil Jatib (también conocido como Ismail Khatib), ministro de Inteligencia. Antes, ya habían caído bajo el fuego israelí figuras como Mohammad Pakpour, comandante de la Guardia Revolucionaria, así como otros como Abdollah Jalali-Nasab y Amir Shariat.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sostiene que estos ataques son un apoyo para el pueblo iraní en su lucha por derrocar al régimen. «Estamos socavando su poder para que ellos puedan tomar las riendas de su destino«, declaró. Por su parte, el ministro de Defensa, Israel Katz, advierte: nadie en Irán está a salvo.
En este análisis detallado de 20minutos, se explica cómo Israel ha adaptado su estrategia contra los iraníes. Primero eliminó a líderes como Hassan Nasrallah en Hezbolá y a Yahya Sinwar en Hamás. Ahora fija su mirada en el núcleo del poder en Teherán.
¿Quién manda ahora en Irán?
La cúpula del régimen se desmorona. El hijo del fallecido líder supremo, Mojtaba Jamenei, se encuentra desaparecido. Desde su designación hace una semana, no ha hecho ninguna aparición pública. El portavoz israelí, Effie Defrin, ha afirmado que lo encontrarán y lo neutralizarán.
Las figuras clave que quedan son escasas:
- Existen algunas personalidades militares intermedias dentro de la Guardia Revolucionaria.
- Hay clérigos menores en el Consejo de Guardianes.
- Posibles sucesores se esconden, pero carecen de un mando claro.
El régimen opera al ralentí. Aunque ha demostrado cierta capacidad para sobrevivir sin sus máximos responsables, la incertidumbre aumenta. Los agentes ahora duermen en vehículos o mezquitas por temor a ser atacados.
¿Cómo localiza Israel los escondites?
La inteligencia israelí brilla con luz propia. Utiliza:
- Drones de patrullaje sobre las zonas clave de Teherán, incluyendo rutas importantes como la autopista Imam Reza.
- La colaboración ciudadana: los habitantes informan sobre reuniones sospechosas en complejos deportivos o edificios residenciales.
- Amenazas directas del Mossad: algunos comandantes reciben llamadas donde se les advierte en persa. Uno respondió: «Juro por el Corán, ya estoy muerto».
- Una inteligencia previa muy elaborada: rastrean desde cuarteles hasta puntos de encuentro del Basij y grupos como el Tharallah.
Hasta ahora han llevado a cabo más de 10.000 ataques, siendo aproximadamente 2.200 dirigidos contra la seguridad interna del país. Estos asaltos han destruido centros operativos, depósitos y sistemas antiaéreos. Mientras que Estados Unidos se enfoca en debilitar las capacidades militares e industriales; Israel centra sus esfuerzos en desestabilizar el control interno.
Colapso buscado, revuelta improbable
Los ataques israelíes apuntan a infraestructuras fundamentales: cuarteles, logística y misiles. Su intención es provocar una insurrección popular; sin embargo, esta aún no se materializa. La población teme represalias si el régimen logra sobrevivir.
- La moral entre los efectivos es baja: muchos optan por huir o esconderse.
- La crisis económica acentúa el descontento generalizado.
- A pesar de ello, la dictadura todavía logra disuadir protestas.
El portavoz israelí, Nadav Shoshani, asegura que hay planes para mantener «semanas» de ataques continuos. En paralelo, el expresidente estadounidense, Donald Trump, ofrece una recompensa de hasta 10 millones de dólares por información sobre líderes iraníes. Aunque el régimen parece intacto por fuera, está claramente debilitado desde dentro.
La ofensiva lleva más de dos semanas con colaboración estadounidense. Sin embargo, hay rumores infundados sobre una muerte falsa del primer ministro israelí; él mismo ordenó bombardeos desde su búnker habitual. Israel promete «sorpresas» inminentes hoy contra Irán y Hezbolá.
La falta de liderazgo genera un ambiente caótico en Irán. Aunque responde con misiles ante los ataques externos, pierde cada vez más control interno. Una revuelta podría estallar si persiste este vacío; no obstante, el miedo sigue manteniendo a raya a la ciudadanía. Con todo esto sobre la mesa, Tel Aviv aprieta las tuercas: el próximo golpe podría ser decisivo para redefinir el tablero político.
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