A mi sobrina Natalia
en su sexto cumpleaños.
DÉCIMA, EN UN CUARTO DE HORA
Una décima me manda
que edite sin más demora
(porque me da un cuarto de hora)
quien llama a mis odas panda
de líneas obscenas, banda
de más rimas asonantes
que de netas consonantes.
No sé si podré acabarla,
quiero decir, coronarla,
sin acudir a Violantes.
DÉCIMA, EN CINCO MINUTOS
Una décima me ordena
que escriba en cinco minutos,
que se tornan diminutos
(¡qué menos que una docena
–o en su defecto, decena-!),
quien califica mis tersos
de obscenos y de perversos
y me tiene tanta tirria
que me ve como una birria,
incapaz de trabar versos.
Ángel Sáez García
angelsaezgarcia@yahoo.es
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