DE MAL FINADOS ES SER DESAGRADECIDOS Y DESGRACIADOS
(CARTILLA ABIERTA A “JOSUÉ” Y UN LARGO ETCÉTERA DE MÁSCARAS IDEADAS POR QUIEN ANDA MUY MAL DEL TARRO O LA AZOTEA)
“Uno debe defender en todo trance las auténticas libertad y verdad. Y no hay libertad más verdadera que la que permite decir y escribir a los demás opiniones distintas, y hasta radicalmente contrarias, de las que uno sostiene con cierta asiduidad”.
Emilio González, “Metomentodo”
La tarde-noche que alguien propaló a los cuatro vientos o puntos cardinales “… y el ganador es… Humphrey Bogart, por “La reina de África” (claro está, conveniente y aun ¿traidoramente? traducido), la susodicha estrella del cinematógrafo (que, en lugar de matar, alumbró al mito), ya con el Oscar en la mano, generoso, acertó a decir con modestia: “Hay un largo camino desde el Congo Belga hasta el escenario de este teatro. Nadie hace nada solo. Como en el tenis, necesitas un buen adversario”.
Semejante tesis pretendía defender Althea Gibson cuando escribió aquello de que “cualesquiera que hayan sido nuestros logros, siempre hubo alguien que nos ayudó (poniendo óbices o quitando trabas) a alcanzarlos”.
Como Cela, cuya literatura tanto me caló y de quien aprendí a recelar, uno de mis maestros predilectos en el noble arte de hilar, tejer y urdir vocablos, que dedicó una edición de “La familia de Pascual Duarte” a sus enemigos, que tanto le habían ayudado en su carrera (siempre recordaré con fidelidad aquellas palabras suyas que sirvieron de introducción al número cien de Papeles de Son Armadans, dedicado a Juan Bautista Amorós Vázquez de Figueroa, más conocido por su seudónimo, “Silverio Lanza”, “en España el que la sigue la mata, el que resiste gana –su lema preferido- y el que no se pone nervioso se come al –escribió don Camilo- mundo por los pies”) literaria, hoy, viernes, 30 de marzo de 2007, día en el que se cumple el cuadragésimo quinto aniversario de mi feliz nacimiento (que no miento) en la capital de la ribera ibera de Navarra, en cuyo barrio de Lourdes vivo, a mí (para unos E. S. O., un andoba de Cornago, Otramotro para otros) me apetece dedicar esta eutrapelia ética/estética e irónica/profiláctica a mi mal finada, desamada (del todo, por fin) dama y ex musa, Maribel, Mariluz, Marimar, Maripaz y, míralos, la pez y el pus, JOSUÉ y un largo etcétera más (y es que, tras su muerte, he tenido la oportunidad de (re)leer bastantes líneas trenzadas por ella –y muchos de los textos que firmaron los innumerables personajes que pergeñó su caletre fantasioso o enfermo- en ora diarios, ora epístolas, ora memorias, y he podido comprobar cómo se las gastaba la bicha y, asimismo, cómo algunas de mis peores sospechas a propósito o en relación con la tiparraca, se han aclarado, confirmado, disipado y/o ratificado; al mal bicho, creyendo que yo era quienes jamás fui, le ponía un montón maltratarme ad líbitum y mofarse de mí, en público o en privado, a cualquier hora del día, cuando le petaba o venía en gana; quiero decir que a la arpía y/o vulpeja le agradaba a menudo jugar conmigo y con mi honesto y modesto patrimonio, conformado por mis humildes ideas, recuerdos y sentimientos, vaya; y porque, además, tengo para mí, sinceramente, que, de los mil “emilios” que nos cruzamos entre ambos y de lo mucho que he leído –de su puño y letra- tras su óbito –para intentar entender sus plurales locuras y neurastenias-, pueden salir el esqueleto y los músculos, los nervios y los vasos para parir (a) la protagonista de una novela, nivola unamuniana o lo que sea –que anda bullendo en mi pesquis- sobre la esquizofrenia o, sencillamente, en torno a la maldad y sus ropajes, las mentiras), las ¿cinco? selectas gracias, ¿cinco?, de “la Quíntuple”. ¡Qué ¿cinco? piezas de museo (de los errores y de los horrores) para completar cualquier puzle sobre el clásico y sobado, típico y tópico tema del Amor (que decía tenerme y sentir por mí la demente y proclamaba haberme brindado (en realidad, birlado) por doquier, por activa y por pasiva, del derecho y del revés, pero no practicó ni ejerci(t)ó nunca conmigo de facto la orate) que se precie! Reconozco que sin sus fementidos e inestimados apoyo y contribución yo no sería alguno de quienes soy: “Metáfora”, “Metomentodo”, “Guasón”, “Egomet”, “Blas Pascual”, “Diógenes de Sínope”, “Carámbano” y “Nadie” (entre otros muchos –pero, ninguno de los que ella me imputó y todavía sigue, erre que erre, incluso desde ultratumba, atribuyéndome-).
Pido y tomo prestados de don Francisco de Quevedo y Villegas tres endecasílabos perfectos (enfático, melódico y sáfico), tres, para llenar de contenido el antepenúltimo párrafo de este donaire, diversión, entretenimiento o jocosidad inofensiva: “No he de callar por más que con el dedo, / ya tocando la boca, ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo”.
Por la presente, le advierto, desocupado lector, que voy a seguir dándole a la carraca (y, estando cercana la Semana Santa, con más razón) y a usted la lata, tabarra o vara, esto es, colgando mis escritos en los sitios de costumbre (excepto en el pandemónium –del que, gracias a Dios, pude huir a tiempo-), para que usted pueda leer, si lo tiene a bien y apetece, mis creaciones o (su anagrama) reacciones.
Ah, por cierto, mis alias, “alteregos”, heterónimos, seudónimos, sosias, trasuntos y demás canalla apuestan por ver quién va a hacerse digno acreedor del trofeo al más arriscado, perspicaz y/o con mayor sentido común y del humor de los dos, E. S. O., un andoba de Cornago u Otramotro, al ser el primero en firmar y rubricar esta misiva, “urdiblanda” (para unos) o urdidura (para otros).
Ángel Sáez García
otramotro@tudela.com
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