TE PIDO, ILUMINADA, MIL PERDONES
Tu luz, progenitora, se ha apagado,
Pero no tu lección: si bendecías,
Había una razón; si enaltecías,
Se había ese loor alguien ganado.
Seguramente, yo no te he pagado
Como, sin duda, tú te merecías.
¡Cuántas veces oí lo que decías
Y, a la postre, así ha sido o resultado!:
“Una madre tendrá para sus hijos
Lo que estos no tendrán para su madre,
Paciencia ilimitada, inagotable”.
Te pido, por mis más de mil (son fijos)
Momentos de impaciencia (¡vaya encuadre!),
Que todos me perdones, ser laudable.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home