LA IMPAR MIRADA DE ISIS ME ESCANEA
No todo libro es tan superficial como uno de los muchos lectores (ellas y ellos) que, en este preciso momento, lo están leyendo; ni todo lector (hembra o varón) tan plano como el libro que ahora lee. Mutatis mutandis, con algún libro me ha acaecido tres cuartos de lo mismo que con alguna mujer. No toda fémina es tan anodina (como el lector sabe, esta palabra, de origen griego, tiene una doble y hasta contraria o complementaria significación; pues puede usarse para expresar que algo es insustancial o hacer referencia a un medicamento o sustancia que calma el dolor) como su admirador (anónimo o no); ni todo amante tan soso como su amada. Hay libros (y películas) que nos cambian la manera de ver la vida, que nos hacen más libres, y mujeres que favorecen lo propio. Hay libros y mujeres de los/as que no conseguimos librarnos nunca. Hay libros de los que logramos extraer las claves para seguir peregrinando por este valle de lágrimas; y mujeres (se llamen como se llamen, Verónica, Pilar, Carmen o Ángeles, verbigracia) que, apiadándose de nosotros, se aprestan a secárnoslas, solícitas, con su pañuelo impoluto. Hay libros (o simples microrrelatos o poemas) que explican, de manera evidente y elocuente, nuestro “cronotopo” o actual momento existencial en el mundo mejor que nosotros mismos. Hay miradas de mujer que escanean nuestros sueños, ilusiones y deseos con más pormenores o detalles cabales que los que nos brinda la máquina más fiel, la que corona la tomografía axial más exacta, completa, compleja y certera. Está claro, como el agua cristalina, que aquí y ahora estoy hablando de la mirada singular, intransferible, especial, de mi admirada y amada musa, Isis.
Cuanto hasta ayer me resultaba inefable, hoy, por arte de birlibirloque, tras haber vuelto a soñar con la mirada prodigiosa de Isis, ha devenido manifiestamente enunciativo, expresable.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
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