LA FAMA ES UN ENDRIAGO CON MUCHA HAMBRE
Cuando Iris comparece donde me hallo,
Hasta los mismos ángeles se callan,
Pues, si a cantar se ponen, marran, fallan:
Son rastro del fulgor que deja el rayo.
Se sienten como el menda, alegre, gayo,
Mas, si les solivianta algo, se rayan;
Ergo, para evitarlo, ellos ensayan
Jornada tras jornada, sin desmayo.
Si tú, lector/a amable, un día moras
En la gloria, junto a ella, sé el estambre
Que insigne al pistilo haces cuando doras.
La fama es un endriago con mucha hambre,
Que alimentar conviene a todas horas;
Y más si halla pisando un solo alambre.
Ángel Sáez García
angelsaez.otramotro@gmail.com
Home