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NUEVA ESCALADA EN LA CRISIS VENEZOLANA

Trump intensifica la guerra antidrogas en Venezuela: primero fue Aire, después Mar y ahora será también Tierra

La ofensiva militar de Estados Unidos contra el narcotráfico en Venezuela se transforma y Trump advierte que buscarán a los traficantes por tierra ante la falta de embarcaciones en el Caribe

Periodista Digital 06 Oct 2025 - 20:45 CET
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El presidente Donald Trump ha aumentado la presión sobre Venezuela y el Caribe con una estrategia antidrogas que ha tomado un rumbo inesperado en las últimas semanas.

Después de varios ataques a barcos que, según Washington, transportaban sustancias ilegales, Trump ha comunicado que la misión estadounidense podría pasar de las aguas a la tierra firme.

Este mensaje, emitido durante el 250º aniversario de la Armada de Estados Unidos en Norfolk, Virginia, indica que la lucha contra los cárteles en el Caribe entra en una nueva fase, elevando las tensiones diplomáticas y militares en la región.

La situación actual es resultado de una escalada que comenzó a finales de agosto de 2025, cuando Estados Unidos incrementó su presencia naval cerca de las costas venezolanas con el objetivo declarado de combatir el narcotráfico.

En ese momento, Trump dio instrucciones a las fuerzas armadas para usar la fuerza contra cárteles considerados «narcoterroristas», como el Tren de Aragua y el Cártel de los Soles, organizaciones que Washington relaciona estrechamente con el gobierno venezolano.

En los recientes ataques, al menos veintiuna personas han perdido la vida, según funcionarios estadounidenses, en operaciones que han sido calificadas como exitosas por la administración Trump.

Antecedentes y contexto

El conflicto entre Estados Unidos y Venezuela por el narcotráfico no es nuevo, pero ha adquirido una dimensión sin precedentes en 2025. A principios del año, Trump firmó una orden ejecutiva designando a varios cárteles latinoamericanos como organizaciones terroristas extranjeras, estableciendo así un marco legal para una posible intervención militar. En julio, el gobierno estadounidense incluyó al Cártel de los Soles, presuntamente vinculado a altos funcionarios venezolanos, en esa lista. La recompensa por la captura de Nicolás Maduro, presidente venezolano, alcanzó los 50 millones de dólares, un monto récord ofrecido por Washington.

La campaña militar comenzó en septiembre con el hundimiento de una lancha donde supuestamente viajaban miembros del Tren de Aragua, lo que resultó en once muertos. Desde entonces, las fuerzas estadounidenses han llevado a cabo al menos cuatro ataques marítimos, cada uno presentado como parte de una ofensiva destinada a «eliminar completamente a los terroristas de los carteles», según palabras del propio Trump. El mandatario enfatiza que «ya no quedan embarcaciones» en la zona; ni siquiera botes pesqueros. Advierte que los traficantes se verán «obligados a buscar rutas terrestres», lo cual podría llevar a una expansión significativa de las operaciones estadounidenses dentro del territorio venezolano.

Evolución de la estrategia y reacciones

Este cambio hacia posibles incursiones terrestres representa una modificación significativa en la estrategia estadounidense. Hasta ahora, la ofensiva se había concentrado en operaciones navales y aéreas en el Caribe, con algunas colaboraciones puntuales con países como República Dominicana. La reciente destrucción de un barco donde se recuperaron 377 paquetes de cocaína marca la primera operación conjunta entre Estados Unidos y la Armada Dominicana contra el narcotráfico en esta área.

El gobierno venezolano ha respondido desplegando más de cuatro millones de milicianos —según cifras oficiales— y llevando a cabo maniobras militares masivas para fortalecer su capacidad defensiva. Maduro sostiene que Estados Unidos «busca apoderarse de las riquezas de Venezuela» y califica los ataques como «ilegales» e «injustificados». Además, dos aviones de combate venezolanos han sobrevolado buques de guerra estadounidenses; un gesto que Washington considera «altamente provocador».

Expertos legales e analistas internacionales alertan sobre posibles violaciones a principios fundamentales del derecho internacional y marítimo por parte estadounidense. La profesora Mary Ellen O’Connell indica que atacar buques fuera de aguas territoriales podría ser interpretado como ejecución extrajudicial; otros cuestionan si Trump ha cumplido con la Resolución sobre Poderes de Guerra, que exige consultar al Congreso antes involucrar a las fuerzas armadas en actos hostiles. Especialistas citados por medios como BBC y The Economist argumentan que esta intervención también tiene un componente diplomático claro: presionar al gobierno madurista y respaldar a la oposición venezolana.

Implicaciones regionales y posibles escenarios

El anuncio hecho por Trump sobre buscar traficantes por tierra genera dudas sobre cómo evolucionará este conflicto. Aunque desde la administración estadounidense se insiste en que estos ataques son «actos benéficos» para salvar vidas estadounidenses —Trump cifra las muertes atribuidas a cada barco interceptado en 25.000—, la posibilidad de operaciones terrestres dentro del territorio venezolano supondría un aumento significativo del riesgo regional. El gobierno venezolano ya ha amenazado con «declarar constitucionalmente una república armada» si se lleva a cabo una invasión; esto anticipa un escenario potencialmente explosivo.

La colaboración con otros países latinoamericanos como República Dominicana y Ecuador añade complejidad al panorama del conflicto. Al mismo tiempo, organizaciones internacionales y expertos legales hacen hincapié en respetar tanto la soberanía nacional como el derecho internacional. Por otro lado, se discute ampliamente sobre cuán efectivas son estas acciones militares: dado que gran parte del tráfico de fentanilo —la droga más mortífera en Estados Unidos— se realiza principalmente por tierra desde México, surge la inquietante pregunta acerca del verdadero objetivo detrás de esta campaña: ¿será realmente policial o más bien político?

Claves del futuro

En este clima incierto, toda América Latina observa con atención los próximos movimientos tanto desde Washington como desde Caracas. Todos son conscientes de que cada decisión puede alterar profundamente el equilibrio del poder regional y complicar aún más la lucha global contra el narcotráfico.

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