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María Corina Machado no se anda con medias tintas. Desde un lugar desconocido, la dirigente opositora venezolana, convertida en símbolo de resistencia democrática, ha lanzado una acusación contundente: Nicolás Maduro no libra una batalla política, sino una guerra declarada contra el pueblo de Venezuela. Y, según ella, esa guerra empezó a tener respuesta.
En un foro económico celebrado en Miami, al que intervino por videollamada, Machado agradeció abiertamente al presidente Donald Trump por ordenar operaciones militares de Estados Unidos contra embarcaciones de narcotraficantes frente a las costas venezolanas. Para la líder opositora, esas acciones no son simples medidas de seguridad regional: representan, dijo, el principio del fin de la red narcoterrorista que sostiene al chavismo.
“Maduro no es un jefe de Estado legítimo”, afirmó. “Es el jefe de una estructura criminal que trafica drogas, armas y personas mientras empobrece y reprime a la nación”. Sus declaraciones, tan directas como incendiarias, llegan en un momento de escalada de tensión entre Caracas y Washington. Los recientes ataques estadounidenses en el Caribe, que se saldan con decenas de muertos, han intensificado la presión sobre el régimen bolivariano, ya asediado interna y externamente.
Machado sostiene que la estrategia de Trump es “absolutamente correcta” y que busca cortar las fuentes de financiación ilícita del madurismo. No pocos analistas interpretan sus palabras como un claro respaldo a la política de fuerza impulsada por la Casa Blanca, la cual, según el propio presidente, pretende poner fin a la “usurpación criminal” en Venezuela. En una entrevista otorgada a CBS, Trump advirtió que los días de Maduro al mando “están contados”, aunque aseguró no buscar un conflicto directo entre ambas naciones.
Mientras tanto, Machado continúa en la clandestinidad desde que denunciara el fraude electoral de 2024, cuando Maduro se proclamó vencedor en unas elecciones ampliamente cuestionadas por la comunidad internacional. Su discurso, sin embargo, no ha perdido vigor: vuelve a erigirse como la voz más firme de una oposición que, entre el exilio y el silencio impuesto, ve en la ofensiva estadounidense una esperanza renovada.
En tiempos de censura y miedo, su mensaje es tan provocador como político: el final de la dictadura —insiste— se acerca, y esta vez no por milagro, sino por una acción militar que busca restaurar la verdad y la libertad en Venezuela.
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