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EN MEDIO DE ACUSACIONES DE FRAUDE Y PRESIÓN DE TRUMP

Por qué no sabemos el nombre del ganador en elecciones presidenciales en Honduras una semana después de la votación

El recuento de votos sigue paralizado con acusaciones de manipulación electoral y la intervención directa del presidente estadounidense Donald Trump

Periodista Digital 09 Dic 2025 - 10:09 CET
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Honduras se encuentra atravesando una de sus crisis electorales más graves en años. A una semana de que los ciudadanos se dirigieran a las urnas el 30 de noviembre, el futuro presidente del país centroamericano sigue siendo un misterio. El Consejo Nacional Electoral (CNE) ha avanzado en el procesamiento del 88% de las actas, pero los resultados se encuentran atrapados en un limbo que alimenta la desconfianza y las acusaciones de fraude, sumado a una tensión política sin precedentes. Lo que debería haber sido un procedimiento electoral habitual se ha transformado en un pulso geopolítico, donde la injerencia estadounidense, los problemas técnicos en el sistema de conteo y las denuncias sobre manipulación han dejado a esta nación de 11 millones en la incertidumbre.

La situación es caótica. Con el 88,29% de las actas contabilizadas, Nasry «Tito» Asfura, representante del conservador Partido Nacional, lidera con 1.132.429 votos (40,18%), apenas por delante de Salvador Nasralla, del también conservador Partido Liberal, quien acumula 1.112.610 votos (39,51%). La diferencia es mínima, apenas 20.000 votos en un país donde casi 3 millones han ejercido su derecho al voto. Rixi Moncada, candidata del partido oficialista izquierdista Libre, ocupa la tercera posición con 543.756 papeletas (19,29%), lo que representa un duro golpe para el movimiento que había gobernado Honduras desde 2022.

Sin embargo, los números no cuentan toda la historia.

El recuento se detuvo durante días debido a lo que las autoridades electorales denominaron «fallos técnicos» en el sistema de transmisión de resultados preliminares (TREP). El viernes 5 de diciembre, el CNE suspendió la actualización del conteo cuando se había alcanzado el 57% de las actas. Durante ese fin de semana, Honduras estuvo prácticamente a oscuras en lo que respecta a información oficial sobre el avance del escrutinio. El lunes 8 de diciembre se reanudó el proceso, pero la paralización anterior generó sospechas inmediatas sobre la fiabilidad del mismo. Marlon Ochoa, uno de los tres consejeros del CNE, denunció públicamente fallos en la seguridad del sistema. La Misión Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) instó a «agilizar» el escrutinio y a proporcionar «total claridad» sobre los incidentes técnicos, reconociendo que los retrasos alimentan la desconfianza en un proceso ya muy ajustado.

El estado actual del recuento

Con cerca del 88% ya procesado por parte del CNE, este continúa actualizando resultados mediante su página web oficial; todavía quedan alrededor de 2.571 actas pendientes por contabilizar dentro del total estimado de 19.152 actas registradas durante estos comicios recientes. Sin embargo, el ritmo observado hasta ahora ha resultado lento e irregular: largos periodos han transcurrido sin actualizaciones, lo que ha provocado críticas tanto desde partidos políticos locales como desde observadores internacionales, así como de organizaciones civiles involucradas activamente. Tanto Asfura como Nasralla han hecho llamados públicos instando a evitar situaciones violentas o disturbios sociales, reconociendo así cómo esta tensión puede desembocar en conflictos graves entre los ciudadanos.

Un conteo paralelo realizado por el Consejo Nacional Anticorrupción, con cerca del 92% de actas contabilizadas, ubica nuevamente a Asfura liderando, pero solo ligeramente (39,43%), y a Nasralla manteniendo cifras similares. Sin embargo, las discrepancias existentes entre diferentes sistemas contables alimentan aún más la desconfianza respecto a la integridad total del procedimiento seguido.

Honduras enfrenta ahora tres semanas llenas de incertidumbre política mientras el CNE culmina el escrutinio especial enfocado específicamente en aquellas actas dudosas. En este contexto, dividido entre dos candidatos conservadores cuyos proyectos políticos parecen similares pero compiten ferozmente por el poder, la resolución de la crisis determinará no solo quién gobernará el país durante los próximos cuatro años, sino que también sentará un precedente acerca de la vulnerabilidad de los procesos electorales centroamericanos frente a presiones externas o políticas.

Acusaciones de fraude y el recuento especial

Las denuncias sobre manipulación electoral provienen desde diversos sectores políticos. Nasralla ha acusado directamente a las autoridades electorales de orquestar una derrota en su contra; comparando esta situación con lo ocurrido en las elecciones pasadas de 2013 y 2017 cuando también hubo controversias sobre la transparencia del proceso electoral. El candidato liberal ha solicitado una investigación exhaustiva hacia la empresa encargada del sistema escrutador tecnológico. De las 16.858 actas procesadas hasta ese viernes, se consideraron «correctas» 14.451 mientras que otras 2.407 presentaron «inconsistencias», lo cual obligará a llevar a cabo un recuento voto por voto para esas papeletas cuestionadas.

La legislación electoral hondureña estipula que si dos candidatos terminan con igual cantidad total de votos, entonces el CNE debe ordenar un escrutinio especial para revisar actas inconsistentes y cualquier voto impugnado o duda surgida durante el proceso electoral. Aunque Asfura y Nasralla no tienen exactamente los mismos votos totales, la estrecha diferencia hace posible que este proceso pueda cambiar drásticamente el resultado final esperado; así pues, el CNE tiene como límite hasta el próximo 30 de diciembre para declarar quién será oficialmente su ganador.

Rixi Moncada y su partido Libre han adoptado una postura aún más drástica ante esta situación electoral incierta. La candidata oficialista declaró que su formación «no reconoce» estas elecciones generales al considerar que se han llevado a cabo bajo «injerencia y coacción» tanto por parte del presidente Trump como por parte de elites económicas hondureñas influyentes dentro del país centroamericano. Moncada denunció lo que califica como un «golpe electoral en curso», asegurando además haber recibido informes sobre mensajes masivos enviados advirtiendo a votantes potenciales: si votaban por ella podrían perder remesas durante diciembre; esto refleja cómo ha habido un rechazo popular hacia Libre tras haber gobernado desde hace poco tiempo.

La interferencia de Trump y sus consecuencias

Lo que distingue esta elección es la intervención directa del presidente estadounidense Donald Trump. Días antes de la votación, Trump expresó su apoyo público hacia Asfura y amenazó con reducir la ayuda económica a Honduras si su candidato preferido no salía victorioso. En un país donde un 60% vive en condiciones precarias y la ayuda estadounidense resulta crucial, esta amenaza no pasó desapercibida. Además, Trump fue más allá: el viernes anterior a las elecciones anunció su intención de indultar al expresidente Juan Orlando Hernández, condenado a 45 años en Estados Unidos por narcotráfico. Hernández gobernó Honduras entre 2014 y 2022 y es una figura polémica asociada a redes corruptas. Este indulto fue interpretado como un gesto para respaldar a Asfura, quien pertenece al mismo partido que Hernández.

Nasralla admitió abiertamente que la interferencia de Trump le afectó negativamente. «Me perjudicó porque iba ganando por bastante más diferencia», declaró el candidato liberal a Reuters. Durante el conteo preliminar, Nasralla llegó a estar al frente por un día; sin embargo, conforme avanzaba el escrutinio fue superado por Asfura. Trump también acusó a las autoridades electorales hondureñas de intentar «alterar resultados», aunque sin presentar pruebas concretas para respaldar sus afirmaciones. A través de sus redes sociales escribió: «Parece que Honduras está intentando alterar resultados de elección presidencial. ¡Si lo hacen, habrá un alto precio que pagar!»

Asfura, exalcalde de Tegucigalpa, ha negado cualquier relación con Hernández y sostiene que contar con el apoyo presidencial podría traer beneficios económicos y migratorios para su país. Sin embargo, esta combinación entre su respaldo y el indulto presidencial ha creado una narrativa sobre interferencia electoral que domina actualmente el debate público en Honduras. El candidato conservador ha pedido paciencia mientras asegura que su partido lleva a cabo un conteo paralelo basado en actas originales procedentes de las mesas electorales; este difiere notablemente con los datos oficiales del CNE.

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