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GOLPE A LA RED DEL NARCOCHAVISMO

¿Putin y Xi Jinping han abandonado a Maduro en plena ofensiva de Trump contra el narcochavismo?

Pekín y Moscú moderan su respaldo a Nicolás Maduro justo cuando Donald Trump intensifica la presión militar, judicial y financiera sobre el narcochavismo

Periodista Digital 10 Dic 2025 - 09:19 CET
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Se ha quedado más solo que la una.

Y asustado.

La situación actual de Nicolás Maduro es, como mínimo, irónica. Se enfrenta a la mayor presión militar, judicial y económica de Estados Unidos en muchos años, mientras que el apoyo de China y Rusia se ha vuelto más frío y calculado desde que el chavismo llegó al poder.

Lo que en su día fue presentado como un escudo estratégico contra Washington ha ido convirtiéndose en una relación incómoda para Caracas.

Se trata de un vínculo asimétrico, dominado por los intereses económicos y geopolíticos de Pekín y Moscú, más que por afinidades ideológicas o lealtades personales hacia el líder venezolano.

De aliados estratégicos a socios distantes

Cuando Hugo Chávez asumió el poder en 1999, buscó en China y Rusia aliados para forjar un mundo “multipolar” que contrarrestara la influencia de Estados Unidos en la región.

En aquellos tiempos Moscú proporcionó armamento, créditos y asesoría militar, mientras que Pekín abrió líneas de financiación vinculadas al petróleo y grandes proyectos de infraestructura. A cambio, Caracas ofrecía crudo a cambio de liquidez y apoyo político en foros internacionales.

Este triángulo funcionó mientras Venezuela contaba con capacidad para pagar sus compromisos.

La producción petrolera no se veía afectada por sanciones masivas ni por el abandono y negligencia del régimen. El coste reputacional de respaldar al chavismo era asumible.

Con Maduro, ese equilibrio se ha desmoronado: la producción petrolera ha caído en picado; se han acumulado impagos con acreedores chinos y rusos, el país está marcado por sanciones. acusaciones de narcotráfico y denuncias sobre violaciones a los derechos humanos.

Hoy en día, analistas consultados por medios internacionales indican que Pekín y Moscú están actuando con una lógica centrada en la gestión de riesgos: intentan proteger sus inversiones e influencia, pero evitando verse arrastrados a un enfrentamiento directo con Washington por un socio debilitado.

La nueva ofensiva de Trump contra el narcochavismo

El reciente giro en la estrategia de Donald Trump ha acelerado aún más este repliegue. Washington ya no considera a Venezuela únicamente como una dictadura petrolera incómoda; ahora también la ve como un narcoestado con implicaciones regionales evidentes.

La estrategia incluye:

Desde la perspectiva de la Casa Blanca, permitir que Maduro permanezca en el poder tras haber elevado tanto la apuesta tendría un coste político difícil de justificar. Por eso, se manejan abiertamente escenarios que van desde un golpe interno en Caracas hasta una campaña de ataques selectivos contra objetivos militares vinculados al narcotráfico asociados al régimen.

El mensaje de Moscú: apoyo, pero sin morir por Maduro

En este contexto, Rusia ha delineado claramente sus líneas rojas. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, ha afirmado que Caracas no ha solicitado tropas ni armamento para hacer frente a una posible intervención estadounidense. Moscú no tiene intención alguna de proporcionar esos recursos ni comprometerse a una defensa automática del país sudamericano.

Lavrov enfatiza que Venezuela es un “país amigo” y “socio estratégico integral”.

El acuerdo bilateral incluye cooperación en seguridad y aspectos técnico-militares. Sin embargo, no contiene cláusulas sobre defensa mutua ni obliga a Rusia a intervenir si Venezuela es atacada.

En términos prácticos Moscú descarta enviar misiles estratégicos o tropas que pudieran escalar un conflicto con Estados Unidos en el hemisferio occidental.

Prefiere centrarse en mantener contratos energéticos vigentes, asegurar pagos pendientes y conservar su presencia política y tecnológica (incluyendo sistemas de vigilancia).

Para el Kremlin, abrir un frente real por Maduro podría acarrear costes desproporcionados ya que los Estados Unidos podría aumentar el apoyo militar occidental hacia Ucrania. También pondría en riesgo sus posiciones estratégicas en otros escenarios como Siria y dañaría su imagen como “actor responsable” fuera del entorno inmediato.

El mensaje hacia Caracas es claro: habrá respaldo diplomático, comercio e incluso retórica amistosa; pero no sacrificios estratégicos significativos por salvar al líder venezolano.

El cálculo de Pekín: petróleo sí, confrontación con Washington no

Por su parte, China adopta una postura aún más pragmática. Su prioridad radica en asegurar suministro energético, proteger créditos e inversiones y evitar cualquier choque directo con Estados Unidos dentro del contexto donde los costes reputacionales son elevados y los beneficios cada vez menores.

En meses recientes, Pekín ha impulsado un nuevo acuerdo con Caracas para reducir aranceles que elimina impuestos sobre unas 400 categorías de productos. Mantiene canales económicos abiertos sin traducirlos en compromisos relacionados con seguridad o defensa.

Expertos regionales apuntan que:

El contraste es evidente: mientras Trump presenta a Venezuela como epicentro del crimen organizado e influencia iraní en la región, Pekín busca posicionarse como un socio económico distante sin patrocinar políticamente al narcochavismo.

La soledad estratégica de Maduro

La combinación entre presión estadounidense y el repliegue relativo tanto de China como Rusia deja a Maduro en una situación delicada. En Caracas se contemplan tres dinámicas palpables:

  1. Mayor dependencia de actores internos armados
    • El régimen recurre cada vez más a altos mandos del Cártel de los Soles, las megabandas criminales como el Tren de Aragua y grupos irregulares presentes cerca de la frontera colombiana. Esta dependencia refuerza el relato estadounidense sobre Venezuela como narcoestado complicando cualquier intento internacional para “normalizar” las relaciones.
  2. Búsqueda desesperada por garantías para salir
    • Sectores dentro del chavismo han explorado opciones para una transición controlada con Maduro asegurándose garantías personales dentro del país y un relevo interno manteniendo cuotas del poder chavista. Así como el intercambio entre colaboración relacionada con narcotráfico por alivios ante las sanciones.
    • Desde Estados Unidos llega una respuesta fría; gran parte del liderazgo es visto como parte integral del mismo entramado criminal.
  3. Riesgo latente de fragmentación del poder
    • Sin respaldo externo firme y bajo creciente presión militar y económica aumenta la posibilidad de perder control efectivo sobre el territorio, de la autonomía entre bandas locales o grupos armados y de convertir al país en uno donde diversas facciones criminales o militares dominen distintas zonas.

Para Pekín y Moscú ninguno destes escenarios resulta atractivo; sin embargo todos son preferibles antes que enfrentarse directamente con Estados Unidos. Por ello su apoyo se centra en prolongar lo máximo posible esta situación actual sin comprometerse a salvar al líder si todo colapsa.

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