La política de Estados Unidos hacia Venezuela ha entrado en una nueva etapa, más personalizada y decisiva.
Donald Trump ha hecho oficial que se encontrará la próxima semana en Washington con María Corina Machado, en un momento crucial tras la detención de Nicolás Maduro y con las luchas internas del chavismo al descubierto.
Este gesto se produce mientras la Casa Blanca repite un mensaje fundamental: habrá elecciones en Venezuela, pero no será de inmediato.
Se requiere tiempo, fases definidas y un mínimo de estabilidad antes de llevar a las urnas a un país aún impactado por la crisis política y militar.
Una reunión con significado simbólico y consecuencias políticas
Trump confirmó en una entrevista con Fox News que “entiende” que Machado estará en Washington la próxima semana y que está “ansioso” por recibirla en la Casa Blanca. Este encuentro se presenta como:
- Un respaldo claro a la figura opositora más prominente de los últimos años.
- Un intento de restablecer una relación que comenzó marcada por la desconfianza.
- Un mensaje directo a Caracas y al resto de América Latina sobre quién está liderando el proceso de transición.
Poco después de la captura de Maduro, Trump había cuestionado si Machado estaba preparada para gobernar, incluso llegó a afirmar que “no contaba con apoyo ni respeto dentro de su país”. Sin embargo, ahora su tono ha cambiado radicalmente: la describe como “una buena persona” y no oculta su deseo de recibir el Premio Nobel de la Paz que ella ganó en 2025, insinuando entregárselo simbólicamente por su papel en el derrumbe del chavismo.
Este cambio no es solo personal. Forma parte de una estrategia más amplia:
- Mostrar apoyo a la oposición democrática mientras se negocia con el gobierno interino.
- Enviar un mensaje claro: Washington está atento a las figuras con arraigo interno, pero no cede el control sobre el calendario político.
- Colocar a Estados Unidos como árbitro central del proceso, también ante otros actores internacionales.
Elecciones sí, pero “no mañana”: el mensaje temporal de Trump
Simultáneamente al anuncio del encuentro, Trump subraya que las elecciones en Venezuela son inevitables, pero no serán inmediatas. Según sus palabras: habrá comicios “de nuevo” en el país y está “convencido” de ello, pero “tomará tiempo”.
Este matiz es crucial:
- Reconoce el clamor por un voto libre que oposición y sociedad civil han reclamado durante años.
- Marca distancia respecto a las elecciones exprés sin garantías.
- Otorga margen a la Casa Blanca para manejar temas relacionados con seguridad, economía y reconstrucción institucional antes de convocar elecciones.
En cuanto a cuándo habrá elecciones, Trump no ofrece una fecha precisa ni los documentos oficiales filtrados hasta ahora lo hacen. Lo que sí parece claro es un esquema gradual que condiciona cualquier convocatoria electoral a:
- La consolidación efectiva de un gobierno interino funcional.
- La liberación sustancial de presos políticos y el retorno seguro de exiliados.
- La presencia de observadores internacionales creíbles y acuerdos mínimos sobre quién supervisará las elecciones.
En este contexto, fuentes conservadoras en Washington han comenzado a insinuar que el horizonte razonable no se mide en semanas, sino en varios meses; un cronograma atado más a cuestiones de seguridad y control territorial que al calendario político tradicional. Esta lectura se alinea con lo que repite Trump: primero estabilizar y “reconstruir”, luego votar.
Las “tres fases” propuestas desde el ala dura republicana
Un elemento clave dentro de este diseño es el enfoque defendido por figuras influyentes del Partido Republicano, como el senador Marco Rubio, durante años respecto a Venezuela. Aunque no se presenta como un plan oficial ahora mismo, en Washington se asume que este esquema en tres fases sigue marcando el guion subyacente:
- Fase de máxima presión y quiebre del régimen
- Sanciones financieras y petroleras.
- Aislamiento diplomático y rechazo a resultados electorales dudosos.
- Apoyo decidido a la oposición y sociedad civil.
- Culmina con el colapso del liderazgo madurista y su captura.
- Fase controlada de transición
- Gobierno provisional o emergente, formado por figuras aceptables tanto para Washington como para sectores internos.
- Liberación escalonada de presos políticos, tal como lo anunció el presidente del Parlamento Jorge Rodríguez, quien mencionó una salida “importante” de detenidos.
- Reacomodo dentro del chavismo, ofreciendo recompensas para quienes faciliten la transición y castigos selectivos para los sectores más intransigentes.
- Apertura económica rápida, especialmente en el sector petrolero, permitiendo la entrada de empresas estadounidenses y europeas.
- Fase electoral y reconstrucción institucional
- Reformas al sistema electoral, limpieza del registro electoral y garantías para la oposición.
- Elecciones presidenciales y legislativas bajo supervisión internacional.
- Integración del nuevo gobierno dentro del marco regional e internacional financiero.
- Mantenimiento de cierta presencia estadounidense, tanto política como empresarial, para asegurar que los cambios sean duraderos.
Aunque oficialmente este diseño no es presentado como “plan Rubio”, la lógica secuencial —presión, transición, elecciones— es lo que Trump y su equipo describen volcados en la práctica. El encuentro con Machado encaja perfectamente dentro de esa segunda fase, aún fluida e influenciada por muchos actores buscando asegurar su parte del futuro.
El chavismo sin Maduro: fracturas internas, desconfianzas y supervivencia
Mientras Washington mueve sus piezas estratégicas, el chavismo enfrenta una lucha interna cada vez más evidente. La caída de Nicolás Maduro ha dejado un vacío al frente de un sistema construido alrededor del liderazgo personal junto con una red compleja de lealtades forjadas durante décadas.
Las luchas internas dentro del chavismo pueden resumirse en varios frentes:
- Bloque institucional vs bloque militar
- Sectores más cercanos al Parlamento y figuras como Jorge Rodríguez intentan posicionarse como garantes para una salida negociada; esto se evidencia en su anuncio sobre liberaciones políticas para “consolidar la paz”.
- Los mandos militares buscan protegerse ante posibles procesos judiciales mientras intentan conservar cuotas significativas de poder territorial y económico.
- Pragmatismo vs línea dura
- Un grupo dentro del chavismo reconoce que no puede gobernar solo; busca acuerdos para participar activamente en una futura institucionalidad incluso desde posiciones opositoras.
- Otro núcleo resiste ante cualquier cambio; teme extradiciones e insiste en discursos sobre soberanía e independencia nacional aunque su margen operativo sea cada vez menor.
- Reparto responsabilidades por los años Maduro
- A medida que avancen las investigaciones sobre corrupción o violaciones graves a los derechos humanos crecerá la tensión sobre quién asumirá las culpas políticas o penales derivadas;
- La cooperación con Estados Unidos podría ser vista como un incentivo poderoso para fracturar ese frente chavista.
En este panorama, el encuentro entre Trump y Machado no solo tiene eco entre los opositores; también envía mensajes claros a esos cuadros chavistas que ya comienzan a calcular su supervivencia política. El mensaje implícito es contundente: el futuro se decide alrededor de una mesa donde Estados Unidos ocupa una posición central.
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