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La escena podría parecer sacada de un cuento con final feliz: cinco españoles descienden por la pasarela en Barajas, tras haber pasado meses —en algunos casos casi dos años— atrapados en las cárceles del chavismo.
Sin embargo, el viaje de más de 30 horas desde el Helicoide y otras prisiones venezolanas hasta Madrid no culmina en una libertad absoluta.
Este trayecto llega acompañado de condiciones restrictivas, prohibiciones para hablar y una guerra política en España sobre quién ha mediado, quién se lleva el crédito y quién ha estado durante años blanqueando al régimen.
Al mismo tiempo, familiares de otros reclusos y miembros de la diáspora venezolana desmontan la narrativa oficial.
Para ellos, no se trata de un gesto humanitario, sino de una maniobra política que se cocina tanto en Caracas como en Madrid. Y no olvidan que mientras algunos logran salir, Foro Penal continúa informando que más de 800 presos políticos siguen retenidos en las cárceles venezolanas.
La complicidad del Gobierno Sánchez con la tiranía chavista es palmaria.
En enero de 2020, el aeropuerto de Barajas abrió sus puertas —y las del territorio europeo— a Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, a pesar de que pesaba sobre ella una prohibición expresa de entrada en toda la Unión Europea por sus vínculos con el régimen autoritario.
Aquella noche quedó grabada como la primera gran prueba de hasta dónde estaba dispuesto a llegar el entorno Sánchez-Zapatero en su interesado cortejo a la dictadura venezolana.
Desde entonces, los hechos no han hecho más que acumularse.
El régimen chavista, que todavía retiene en mazmorras infectas a un millar de presos políticos, ha hecho desaparecer a decenas de miles de opositores, ha empujado al exilio a casi 9 millones de venezolanos —una diáspora de dimensiones bíblicas— y condena a su propio pueblo al hambre mientras se sienta sobre las mayores reservas de petróleo del planeta.
Y en medio de este drama, las revelaciones sobre la financiación política no dejan de ser demoledoras.
Víctor de Aldama, cuyas afirmaciones hasta la fecha se han sostenido con notable solidez, sostiene sin ambages que Venezuela ha financiado al PSOE y que ha abonado comisiones millonarias al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Pero más allá de las palabras de Aldama, resulta evidente, más allá de toda duda razonable, que Podemos ha recibido dinero procedente de un régimen cuya caja chica está manchada con la sangre de los demócratas venezolanos.
Y por si el cuadro no fuera suficientemente obsceno, la satrapía chavista sigue siendo refugio seguro de al menos una veintena de etarras reclamados por la Justicia española, entre ellos el sanguinario De Juana Chaos, autor material de 24 asesinatos y antiguo subordinado directo del actual socio preferente de Bildu, Arnaldo Otegi.
Del anuncio “histórico” a una liberación silenciosa
Todo comienza en Caracas. El presidente de la Asamblea Nacional chavista, Jorge Rodríguez, hace pública la liberación “de un número significativo de personas venezolanas y extranjeras” como un gesto unilateral hacia la paz. En esa lista aparecen al menos cinco ciudadanos con nacionalidad española, confirmados por el Ministerio de Asuntos Exteriores.
Los nombres son inconfundibles:
- Miguel Moreno, periodista y marinero canario.
- Andrés Martínez Adasme y José María Basoa, turistas vascos detenidos en 2024.
- Ernesto Gorbe, valenciano arrestado también el año pasado.
- Rocío San Miguel, abogada y activista hispanovenezolana.
Todos ellos enfrentaron acusaciones por motivos políticos o cargos poco claros sin garantías procesales. Organizaciones dedicadas a los derechos humanos ya señalaban sus casos como emblemáticos del uso del sistema judicial como herramienta de presión.
El Gobierno español actúa rápidamente. El ministro José Manuel Albares confirma que han mantenido contactos directos con los liberados y celebra lo que califica como “un día feliz” tras su llegada a Madrid. Por su parte, Pedro Sánchez presenta las excarcelaciones como “un acto de justicia y un paso necesario” hacia el diálogo y la reconciliación en Venezuela.
No obstante, hay un matiz que no se puede obviar:
- Los presos españoles fueron liberados físicamente y sacados de prisión horas antes del anuncio televisado realizado por Jorge Rodríguez.
- Es decir, cuando el chavismo comunica su gesto al mundo, los cinco ya están en camino hacia su salida del país.
Este desfase alimenta la percepción entre la oposición venezolana y ciertos sectores de la diáspora de que incluso la “foto de la libertad” ha sido meticulosamente controlada y parcialmente sustraída a las familias y a los propios protagonistas.
30 horas de viaje, una parada en Bogotá y un mensaje incómodo
El itinerario detallado por fuentes diplomáticas y medios españoles revela un viaje extenso bajo vigilancia:
- Salida desde Caracas tras su excarcelación.
- Trámite acelerado para abandonar Venezuela.
- Escala en Bogotá.
- Vuelo colectivo hasta Madrid-Barajas.
Durante este trayecto, varios líderes de la diáspora junto a familiares denuncian que los recién liberados reciben instrucciones claras:
- Limitaciones para hablar con los medios.
- Recomendaciones para evitar declaraciones críticas tanto en Venezuela como al llegar a España.
La diáspora venezolana en España califica esta presión como “una imposición inaceptable”, interpretándola como una extensión del control político más allá del encarcelamiento. De hecho, el régimen convierte lo que debería ser un salvoconducto para salir en una suerte de libertad condicionada: silencio absoluto o riesgo de represalias contra aquellos familiares que permanecen dentro del país.
Mientras tanto, el Gobierno español organiza discretamente la recepción en Barajas. No hay imágenes impactantes ni conferencias conjuntas ante los medios. Los excarcelados se reencuentran con sus seres queridos; sin embargo, esta puesta en escena queda fuera del foco mediático, mientras Moncloa resalta su éxito diplomático evitando entrar en detalles sobre posibles condiciones impuestas por Caracas.
El infierno del Helicoide y el caso de Rocío San Miguel
En el centro de esta historia se encuentra el Helicoide, un edificio helicoidal concebido inicialmente como centro comercial en los años 50 pero transformado posteriormente en sede del servicio de inteligencia venezolano, conocido como SEBIN. Hoy es reconocido internacionalmente como uno de los símbolos más sombríos del aparato represivo chavista:
- Detenciones sin garantías adecuadas.
- Denuncias sistemáticas sobre torturas, aislamiento e inhumanas condiciones carcelarias.
- Hacinamiento extremo junto con falta de atención médica adecuada.
En este lugar estuvo recluida parte del tiempo Rocío San Miguel, abogada y defensora de derechos humanos con doble nacionalidad hispanovenezolana y un historial prolongado denunciando abusos por parte del poder militar venezolano.
Su caso refleja varias características del sistema:
- Detención ocurrida en febrero de 2024 sin garantías procesales evidentes.
- 700 días privada de libertad.
- Una caída que le causó fractura del hombro.
- Al menos cuatro o cinco meses sin recibir atención médica adecuada según su círculo cercano, lo cual le ha dejado secuelas físicas.
Su liberación es celebrada como una victoria por organizaciones defensoras de derechos humanos; no obstante, llega tarde dentro de un contexto donde muchas otras personas siguen viviendo situaciones similares. La propia Foro Penal recordaba hace poco que aún hay más de 860 presos políticos encarcelados en Venezuela, incluyendo 86 extranjeros.
Que San Miguel sea liberada mientras el resto del sistema permanece intacto refuerza las críticas sobre estas excarcelaciones selectivas diseñadas para aliviar la presión internacional tras la captura reciente de Nicolás Maduro por parte Estados Unidos así como ante el nuevo equilibrio político existente en Caracas.
Las familias apuntan al PSOE y al “blanqueamiento” de Zapatero
En España, lo que para el Gobierno representa una operación diplomática exitosa es percibido por parte de las familias afectadas y algunos sectores opositores más bien como una maniobra destinada a mejorar la imagen política.
Voces diversas dentro de la diáspora venezolana junto a familiares han arremetido contra el PSOE así como contra José Luis Rodríguez Zapatero; este último es acusado durante años por blanquear al chavismo sin conseguir liberar a los encarcelados. En este sentido circulan frases contundentes: “No ayudó durante seis años” o “Ahora se llevan una medalla que no les corresponde”. Este descontento se alimenta por dos eventos recientes:
- El agradecimiento público expresado por Jorge Rodríguez hacia Zapatero por su labor mediadora durante el proceso de excarcelaciones.
- La ofensiva judicial abierta contra Zapatero en la Audiencia Nacional, tras una denuncia presentada por Hazte Oír que le atribuye delitos relacionados con blanqueo, narcotráfico e integración a organización criminal vinculados al régimen madurista.
Un juez ha solicitado a la Fiscalía elaborar un informe al observar elementos que sugieren “la existencia posible de infracción penal”. Aunque no hay imputación formal ni acusación aceptada hasta ahora, políticamente este caso refuerza la imagen pública del expresidente español como figura clave dentro del complejo entramado relaciones entre España y Caracas.
A esto se suma lo documentado: desde hace años exdirigentes chavistas junto a opositores venezolanos han presentado a Zapatero como mediador “de confianza” ante Maduro; alguien cuya intervención habría contribuido a suavizar el aislamiento internacional que enfrenta dicho régimen. Sin embargo, esta percepción contrasta claramente con el relato familiar insistente acerca de lo infructuosos que resultaron sus intentos durante tantos años para lograr interlocución efectiva.
Sánchez entre dos aguas: diálogo con la oposición y proximidad al chavismo
Mientras los cinco excarcelados cruzan nuevamente el Atlántico, Pedro Sánchez intenta mantener un delicado equilibrio político. El presidente español mantiene conversaciones tanto con la nueva presidenta interina Delcy Rodríguez como con el candidato opositor Edmundo González, presentándose así como facilitador del diálogo entre ambas partes enfrentadas.
Desde sectores opositores venezolanos así como desde partidos españoles críticos se observa otra realidad:
- Se señala a Sánchez como cómplice político debido a años previos caracterizados por su tibieza frente a Maduro y sus sucesores.
- Esta doble interlocución es interpretada como un intento oportunista para posicionarse ahora mismo como mediador entre quienes están aferrados al poder instalado en Caracas frente aquellos que han sido víctimas directas represión sistemática.
El propio Edmundo González ha lanzado un mensaje directo hacia Sánchez: asegura que la liberación de presos políticos “no puede ser selectiva” debiendo ser verificada efectivamente para garantizarles “libertad plena e incondicional”. Con ello recuerda diplomáticamente que mientras toda atención recae sobre cinco nombres españoles hay cientos más permaneciendo dentro sin cargos claros o enfrentándose ante juicios viciados desde su inicio.
Libertad… ¿a medias?
Si se analiza globalmente todo lo acontecido entre El Helicoide hasta Barajas se pueden identificar varias capas dentro duna misma narrativa:
- Humanitaria
- Personas inocentes finalmente logran salir tras haber pisado injustamente una cárcel; vuelven a reunirse con sus seres queridos.
- Lo hacen arrastrando secuelas físicas así cómo psicológicas consecuencia directa duna larga detención injusta.(como las experimentadas por Rocío San Miguel) tras casi dos años y una lesión mal atendida.
- Política venezolana
- El chavismo utiliza estas excarcelaciones para proyectar una imagen positiva mediante gestos “unilaterales” justo cuando reorganiza su estructura interna después detención reciente d’ Maduro.
- El aparato represor sigue vigente; las cifras sobre presos políticos permanecen alarmantemente altas.
- Batalla interna española
- El Gobierno exhibe estas liberaciones cómo logro diplomático.
- Familias afectadas junto a parte importante d’la diáspora denuncian silencios impuestos además condiciones inaceptables junto al abandono sufrido durante tantos años.
- La figura d’Zapatero así cómo d’la formación política socialista son objeto d’investigación judicial además debate público donde surgen acusaciones cruzadas acerca d’blanqueamiento chavista además uso partidista sufrimiento ajeno padecido x’los presos políticos.
La libertad alcanzada por quienes lograron salir d’Venezuela esta semana es real pero limitada: tienen opción moverse libremente , abrazarse , dormir sin presencia guardia vigilante detrás puerta . Sin embargo cargan consigo mensaje contundente : dentro aún quedan muchos detenidos ; afuera continúan gobernando quienes decidieron cuándo entraban prisión…y exactamente bajo qué circunstancias podrían salir.
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