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PETRÓLEO VENEZOLANO Y GEOPOLÍTICA GLOBAL EN TENSIÓN

Los superpetroleros chinos rumbo a Venezuela dan la vuelta: los chavistas pierden su millonario negocio con Pekín

Dos buques cisterna chinos cancelan su viaje a Venezuela para recoger crudo destinado al pago de deuda con China, evidenciando el colapso del mecanismo de financiamiento que sostenía la economía venezolana

Periodista Digital 13 Ene 2026 - 12:41 CET
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Dos superpetroleros con bandera china han dado la vuelta en el Atlántico tras haber permanecido semanas anclados frente a las costas de Venezuela.

Los buques Xingye y Thousand Sunny, que formaban parte de un sistema de pago de deuda mediante envíos de petróleo, regresan ahora a Asia sin haber recogido ni un solo barril.

Este giro inesperado señala un quiebre en las relaciones comerciales entre Caracas y Pekín, sus socios económicos más importantes durante la última década, y pone de manifiesto la vulnerabilidad de un modelo que ha sostenido la economía venezolana mientras el país enfrentaba el embargo energético impuesto por Estados Unidos.

La decisión de estos buques de regresar no es casualidad.

Estuvieron semanas esperando instrucciones en aguas internacionales, atrapados entre la presión del bloqueo naval estadounidense, la crisis política que estalló tras la captura del expresidente Nicolás Maduro y la confusión sobre quién tiene realmente el control en Venezuela. De acuerdo con datos de seguimiento marítimo citados por Reuters, ambos barcos formaban parte de un escaso grupo de tres superpetroleros que históricamente cubrían la ruta Venezuela-China exclusivamente para transportar crudo destinado al servicio de la deuda bilateral.

Ahora, ese mecanismo, que durante años permitió a Caracas cumplir con sus compromisos financieros con Pekín, se desmorona bajo el peso de las sanciones estadounidenses y una inestabilidad política creciente.

Entender el contexto es clave para apreciar la magnitud de este cambio.

Desde 2019, cuando Washington impuso sanciones energéticas contra Venezuela, China se convirtió en el salvavidas económico del país. Pekín otorgó períodos de gracia para los pagos y llegó a negociar un acuerdo temporal mediante el cual la deuda se compensaría con envíos de crudo. En 2025, China fue el principal destino de las exportaciones petroleras venezolanas, recibiendo cerca de 642.000 barriles diarios, lo que representaba aproximadamente tres cuartas partes del total exportado por PDVSA, la empresa estatal petrolera. Sin embargo, gran parte de esos volúmenes llegaba a refinerías independientes chinas a través de intermediarios poco conocidos, mientras que los envíos directamente relacionados con el pago de deuda representaban solo una pequeña fracción.

Ahora ese flujo directo se ha interrumpido. Según confirmó Trump en declaraciones recientes, China no ha recibido ningún envío directo desde PDVSA desde el mes pasado. La razón detrás es compleja: aunque Washington mantiene vigente el embargo energético, también ha anunciado un acuerdo por 2.000 millones de dólares para exportar hasta 50 millones de barriles de crudo venezolano almacenado. Este pacto, gestionado por las empresas comerciales Vitol y Trafigura, representa un cambio radical en cómo se lleva a cabo el comercio petrolero venezolano. En lugar de flujos directos entre gobiernos, ahora el crudo se mueve a través de operaciones comerciales triangulares que benefician a intermediarios internacionales.

La presión estadounidense sobre el comercio petrolero venezolano ha aumentado drásticamente. El Comando Sur ha emitido advertencias directas a buques asociados con lo que se conoce como «flota oscura», acusada de transportar crudo venezolano mediante esquemas opacos. Además, Washington ha intensificado las incautaciones de barcos vinculados a estas redes, interceptando embarcaciones en el Caribe y el Atlántico; algunas incluso llevan banderas convenientes o han sido modificadas recientemente para evadir sanciones. Recientemente, fuerzas estadounidenses capturaron un petrolero con bandera rusa que operaba en aguas internacionales, lo cual ha elevado las tensiones con Moscú.

A todo esto se suman nuevas sanciones estadounidenses contra empresas chinas. El Departamento del Tesoro incluyó en su lista negra a cuatro compañías chinas vinculadas a la industria petrolera venezolana: Corniola Ltd., con sede en Zhejiang, Aries Global Investment Ltd., basada en Hong Kong, así como Krape Myrtle Co y Winky International Ltd. También fueron sancionados cuatro buques asociados a estas firmas: los barcos Della, Nord Star, Rosalind y Valiant. Estas medidas transmiten un mensaje claro a Pekín: participar en este conflicto entre Washington y Caracas tiene consecuencias.

El regreso de los superpetroleros chinos resalta la fragilidad del esquema tradicional exportador desde Caracas hacia su principal acreedor. En total, Venezuela adeuda más de 50.000 millones de dólares a China, aunque ya ha pagado una suma similar mediante envíos de crudo. Con unos 12.000 millones aún pendientes, el país sudamericano se encuentra ante una disyuntiva: no puede acceder a los mercados tradicionales por culpa del embargo estadounidense ni tampoco mantener su relación financiera con China usando un mecanismo que funcionó durante años.

La economía venezolana depende casi exclusivamente del petróleo, representando este recurso el 95 por ciento de sus ingresos por exportación. Sin acceso directo a China y bajo las restricciones estadounidenses, Caracas enfrenta una crisis financiera sin precedentes. El bloqueo naval estadounidense sobre las aguas venezolanas dificulta aún más cualquier intento por exportar directamente hacia mercados clave. La infraestructura petrolera del país está deteriorada tras años de mala gestión y sanciones; esto añade otra capa compleja al problema. Cuando Trump presionó a ejecutivos del sector petrolero para invertir en Venezuela, el director ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, describió al país como «no apto para invertir» sin reformas profundas; esto provocó una reprimenda presidencial.

Mientras tanto, paralelamente a esta crisis energética se desarrolla un drama político internacional significativo. Trump anunció que recibirá a la líder opositora venezolana María Corina Machado, galardonada con el Premio Nobel de la Paz, este jueves 16 de enero en Washington. Ese mismo día también se reunirá con Delcy Rodríguez, presidenta interina que asumió control tras la captura del expresidente Maduro. Rodríguez, cercana aliada del régimen chavista, ha mostrado disposición para cooperar con Washington y está abierta a atender demandas estadounidenses sobre acceso al petróleo venezolano; su administración prometió liberar prisioneros políticos e iniciar diálogos para restablecer relaciones diplomáticas.

El gobierno venezolano ya ha comenzado liberando prisioneros encarcelados durante la gestión anterior; hasta ahora alrededor de 53 personas han recuperado su libertad según verificaciones realizadas por la ONG Justicia, Encuentro y Perdón. Machado visitó al Papa León XIV en el Vaticano este lunes para solicitar su apoyo en favor del resto dos presos políticos; este movimiento subraya cómo esta crisis trasciende fronteras e involucra actores globales en lo que podría ser una transición política crucial.

La convergencia entre estos acontecimientos —el regreso inesperado dos superpetroleros chinos, los nuevos acuerdos petroleros estadounidenses, las sanciones sobre empresas chinas y las reuniones diplomáticas en Washington— dibuja un panorama donde Venezuela está siendo reconfigurada geopolíticamente ante nuestros ojos. Mientras tanto, China pierde su acceso directo al crudo venezolano; Estados Unidos refuerza su control sobre los recursos energéticos del país; y los actores políticos internos luchan por legitimidad y reconocimiento internacional. El mecanismo financiero que sostuvo durante años la economía venezolana ha colapsado dejando al país vulnerable ante las presiones estadounidenses y sumido en incertidumbre respecto a su futuro político y económico.

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