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TRUMP FORTALECE SU INFLUENCIA EN AMÉRICA LATINA CON RUBIO

Marco Rubio, el gobernador de facto de Venezuela a quien Trump ha encargado frenar a China y meter en vereda a los chavistas

Trump otorga a su secretario de Estado el control absoluto de Venezuela tras la captura de Maduro, asegurando los ingresos petroleros y trazando una transición tecnocrática que deja al margen a los chavistas

Periodista Digital 27 Ene 2026 - 09:12 CET
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Mano de hierro.

Marco Rubio no es simplemente el secretario de Estado de Donald Trump. Es, en la práctica, el gobernador de una Venezuela que acaba de cambiar de manos tras la operación militar que llevó a la captura de Nicolás Maduro.

La acumulación de poder en sus manos —como secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional al mismo tiempo— recuerda a un modelo que no se veía desde los tiempos de Henry Kissinger en los setenta.

Sin embargo, a diferencia del antiguo diplomático, Rubio tiene una obsesión personal que lo acompaña desde hace tres décadas: acabar con el chavismo y, eventualmente, transformar el régimen cubano.

La detención de Maduro fue el catalizador que Rubio había estado esperando. De acuerdo con The New York Times, comenzó a ejercer presión dentro del Consejo de Seguridad Nacional desde el otoño de 2025 para pasar de la diplomacia a la acción militar.

Durante las reuniones en el Despacho Oval, argumentó que la presión económica había agotado todas las opciones y que solo una demostración contundente podría alterar el equilibrio interno del chavismo. Logró convencer a Trump cuando otros abogaban por la cautela.

Así, mientras los medios centraban su atención en el presidente hablando sobre reconstrucción y precios del petróleo, Rubio observaba desde las sombras del escenario. Ese instante sellaba el desenlace de un objetivo que había perseguido durante tanto tiempo.

El artífice de la obsesión venezolana

Rubio nació en Miami en 1971, hijo de inmigrantes cubanos que llegaron a Estados Unidos en los años cincuenta. Su trayectoria combina una sólida formación académica en ciencias políticas y derecho con un recorrido político que comenzó a nivel local. Fue comisionado municipal en West Miami, luego presidente de la Cámara de Representantes de Florida —el primer cubano-estadounidense en lograrlo— y en 2010 dio el salto al Senado tras una contienda destacada que lo convirtió en un referente del Tea Party.

Desde su puesto en el Senado, Rubio enfocó su agenda hacia la política exterior, especialmente sobre temas relacionados con América Latina. Se le consideró como una especie de «secretario de Estado encubierto» para la región durante el primer mandato de Trump. Aunque su candidatura presidencial en 2016 no prosperó —perdió en Florida ante Trump—, sí fortaleció su perfil nacional y consolidó su peso dentro del Partido Republicano.

El verdadero punto crucial llegó en 2014. El 27 de febrero presentó una resolución instando al presidente Obama a imponer sanciones contra Venezuela. Un mes más tarde, introdujo un proyecto legal que se convertiría en el marco normativo para las políticas sancionadoras que asfixiaron económicamente al país durante más de diez años. Rubio transformó el tema venezolano en un estandarte ideológico y estratégico para captar votos en el sur de Florida, utilizando las herramientas legislativas estadounidenses para promover una narrativa sobre desestabilización sistemática.

Su gestión sobre la investigación acerca de la injerencia rusa en 2016 —reconociendo la interferencia pero descartando cualquier colusión criminal entre Trump y Moscú— le valió un favor político significativo. Esa deuda no pasó desapercibida. En 2025, fue confirmado como secretario de Estado por el Senado con una votación abrumadora: 99 votos a favor y ninguno en contra, convirtiéndose así en el primer latino en ocupar ese cargo.

Protección del petróleo y control absoluto

La Casa Blanca ha blindado los ingresos petroleros venezolanos bajo la supervisión directa de Rubio. El control sobre los activos financieros y las reservas monetarias no pasa por estructuras compartidas durante la transición; más bien se establece un mecanismo centralizado donde el secretario ejerce autoridad sobre decisiones económicas fundamentales. Esto asegura que cualquier futura negociación sobre la reconstrucción del país tenga a Rubio como intermediario obligado.

Trump ha diseñado un plan alternativo para Venezuela inspirado en fórmulas limitadas para la transición política. Si las cosas se desmoronan tras la caída de Maduro, su administración está considerando establecer un consejo tecnocrático que deje fuera a los chavistas pero evite un vacío total de poder. Este modelo toma referencias del Consejo de Paz para Gaza: una estructura compuesta por expertos sin legitimidad electoral pero con capacidad ejecutiva supervisada desde Washington. Rubio será quien pilotee esa transición, decidiendo quiénes formarán parte o quedarán excluidos del nuevo orden venezolano.

China entra al juego

La operación contra Venezuela no solo representa un golpe al chavismo; también es una estrategia para contrarrestar los intereses chinos en la región. China ha invertido miles de millones en Venezuela durante los últimos veinte años, asegurando suministros petroleros y posicionándose como un actor geopolítico clave en América Latina. La captura de Maduro y el control estadounidense sobre esta transición desplazan a Pekín del tablero.

Rubio considera a China como la principal amenaza estratégica a largo plazo para Estados Unidos. Promueve limitar su acceso a tecnologías sensibles, frenar su influencia comercial y contrarrestar su expansión política y financiera en regiones estratégicas. Venezuela, con sus vastas reservas petroleras y ubicación geográfica privilegiada, se convierte así en un escenario donde esta competencia se libra directamente. Al consolidar el control estadounidense sobre esta transición, Rubio bloquea cualquier intento chino por mantener su influencia dentro del país.

Críticas desde Davos

Desde el foro económico celebrado en Davos, Scott Bessent, secretario del Tesoro estadounidense, ha lanzado duras críticas hacia cómo ha manejado España su relación con Venezuela. En declaraciones al programa Real America’s Voice en español, Bessent afirmó que José Luis Rodríguez Zapatero fue «un gran facilitador» para Maduro durante su papel como mediador internacional. Esta crítica refleja claramente la frustración dentro del gobierno Trump hacia aquellos gobiernos europeos que han mantenido canales abiertos con Caracas mientras Washington endurecía su postura.

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