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México se encuentra ante una creciente ola de crimen organizado que va más allá del narcotráfico. Los cárteles, ahora fragmentados, han comenzado a controlar sectores vitales de la economía, todo ello con el apoyo de ministros y otros altos funcionarios.
Esta situación pone en aprietos a la presidenta Claudia Sheinbaum y acelera un deslizamiento hacia la ilegalidad.
La fragmentación de los grandes cárteles impulsa su diversificación.
Lo que antes era un sistema jerárquico se ha transformado en redes más descentralizadas. Según datos de la ONU, estos grupos generan alrededor de 12 mil millones de dólares al año solo en territorio mexicano. Así, han pasado de estructuras piramidales a especializarse en áreas como el transporte, el lavado de dinero o la corrupción.
Cárteles importantes como el Cártel de Sinaloa y el CJNG se dividen en facciones más pequeñas. Esto ha multiplicado los niveles de violencia debido a las disputas por territorios. Las políticas como «abrazos no balazos» y la pandemia les otorgaron un respiro para crecer. Sin una presión significativa, han reclutado más miembros y ampliado sus operaciones.
Veamos algunos ejemplos claros de esta diversificación:
- Gasolina y petróleo: Se dedican al robo de ductos y a la venta de huachicol.
- Minería: Controlan minas en Chihuahua, Guerrero y Michoacán, extorsionando a empresas o tomando control para lavar dinero. Grupos como Los Zetas o Caballeros Templarios han sido pioneros en este ámbito.
- Extorsiones: Imponen «cuotas» a comercios, aguacateros y transportistas, contando con contadores que calculan sus impuestos criminales.
- Otros: Restaurantes utilizados para el lavado, tráfico de personas y secuestros.
Nuevos grupos emergen tras estas escisiones:
- Cártel Chiapas-Guatemala, una extensión del CJNG en el sureste.
- Cártel Nuevo Imperio, activo en Ciudad de México, involucrado en secuestros y robos.
- Grupo Sombra, presente en Veracruz.
- Nuevo Cártel de Juárez, operando en Chihuahua.
Esta expansión revela una alarmante complicidad oficial. Funcionarios locales y altos cargos establecen negociaciones con los cárteles. En las minas de Sinaloa y Guerrero, individuos ligados al crimen obtienen concesiones. Un informe elaborado por InSight Crime advierte sobre los vínculos entre empresas mineras y narcotraficantes, lo que ha llevado al desplazamiento forzado de comunidades enteras.
Debilidad institucional bajo Sheinbaum
La presidenta Sheinbaum hereda un país con instituciones debilitadas. La fragmentación del crimen socava el Estado de derecho. Actualmente, México ocupa el tercer puesto mundial en delitos relacionados con el crimen organizado, solo superado por Myanmar y Colombia. Los cárteles actúan como poderes paralelos en amplias zonas del país.
La «guerra contra el narco» ha fracasado estrepitosamente. El intento por desarticular líderes ha resultado únicamente en una mayor fragmentación, haciendo que los grupos sean más violentos y diversos. Ahora luchan por territorios no solo por drogas sino también por extorsiones y narcomenudeo.
El CJNG, bajo el mando de El Mencho, tiene control sobre 24 estados e incluso exporta a Europa y Asia. Por su parte, el Cártel de Sinaloa se encarga del tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos. La demanda internacional alimenta esta dinámica.
Sheinbaum enfrenta presiones constantes. Trump amenaza con revisar el acuerdo del T-MEC debido al fentanilo y la migración, exigiendo un mayor control sobre los cárteles o enfrentándose a aranceles. México está negociando bajo la dirección de Marcelo Ebrard, pero la debilidad interna complica las cosas.
El país está perdiendo sus últimas barreras democráticas. Los cárteles están infiltrando tanto la economía como el gobierno. Generan ingresos estables en micro-regiones que son prácticamente invisibles para las operaciones federales.
Las posibles evoluciones son preocupantes:
- La consolidación criminal podría llevar a que si el Estado no toma cartas en el asunto, estos grupos controlen toda la producción, tal como ocurre ya con el aguacate.
- Aumentará la violencia; esta fragmentación incrementará las disputas por territorios.
- Habrá un impacto negativo en la economía; iniciativas como el nearshoring podrían verse frenadas debido a la inseguridad. Las inversiones disminuirían si las tensiones alrededor del T-MEC aumentan.
- La presión externa será constante; tanto EE.UU. como Canadá demandan cambios significativos. En Canadá, Mark Carney busca diversificar pero también un pacto norteamericano.
Sheinbaum tiene ante sí un reto monumental: fortalecer las instituciones sin repetir errores del pasado. La complicidad entre funcionarios sólo agrava esta situación crítica. México camina hacia un modelo donde las reglas son dictadas por el crimen organizado. Romper este ciclo es urgente antes de que se vuelva irreversible.
Datos recientes confirman esta alarmante tendencia. Informes recientes destacan alianzas locales y lavado mediante nuevos negocios. La diversificación hace aún más compleja cualquier estrategia posible para abordar esta crisis. El futuro pende realmente de un hilo muy fino.
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