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MANIOBRA A CONTRARRELOJ EN CARACAS

La chavista Delcy entrega al zapaterista Saab a EEUU, mientras Trump se lleva el uranio ‘nuclear’ de Venezuela

La entrega de hasta ahora 'amigo' a Estados Unidos, el repliegue nuclear en Caracas y la presión de Trump sobre Cuba reconfiguran a toda velocidad el tablero venezolano y regional

Periodista Digital 17 May 2026 - 10:15 CET
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En la madrugada política de Caracas han ocurrido dos cosas simultáneas que definen el momento del chavismo con una claridad que ningún discurso oficial puede disimular: Alex Saab, el principal operador financiero de Nicolás Maduro, ha sido deportado a Estados Unidos.

Y los 14 kilogramos de uranio altamente enriquecido del único reactor nuclear venezolano han abandonado el país rumbo a las instalaciones de Savannah River en Carolina del Sur.

Detrás de ambas operaciones aparece la misma mano: Delcy Rodríguez, vicepresidenta del régimen, y su hermano Jorge.

El mensaje que el clan Rodríguez está enviando a Marco Rubio y a la administración Trump no necesita traducción: estamos dispuestos a entregar lo que haga falta para sobrevivir.

La entrega de Saab: un sacrificio calculado

Alex Saab no era un personaje cualquiera en el ecosistema chavista. Washington lo había señalado como el principal gestor de las finanzas ocultas de Maduro: presunto lavado de dinero, corrupción transnacional, gestión de redes para manejar los fondos del Estado venezolano. Fue detenido en Cabo Verde en 2020, extraditado a EEUU en 2021 y liberado en 2023 en un intercambio político que el chavismo celebró como victoria y convirtió en símbolo de resistencia, llegando a otorgarle un cargo ministerial.

Ahora está de vuelta bajo jurisdicción americana. El gobierno venezolano lo llama «procedimiento migratorio» y «deportación». El resultado es el mismo: Saab sabe demasiado sobre demasiadas cosas y está en manos de los fiscales americanos.

Lo que los medios venezolanos y españoles describen con creciente consistencia es que Delcy Rodríguez no solo no se opuso a esa entrega sino que la promovió activamente como parte de una negociación para proteger su propio círculo de poder. La operación tiene una lógica interna precisa: Saab está vinculado al entorno de Cilia Flores, la esposa de Maduro, y a las redes del núcleo duro del régimen. Entregarlo a Washington es simultáneamente un gesto de cooperación con EEUU y un golpe interno contra el clan Maduro-Flores que fortalece al clan Rodríguez.

Es lo que en diplomacia se llama un «sacrificio calculado»: entregar a alguien que sabe demasiado antes de que ese alguien empiece a hablar por su cuenta en condiciones menos favorables. Saab en libertad en Caracas con acceso a abogados americanos es una amenaza. Saab deportado y procesado en EEUU bajo los términos que Delcy ha negociado es un activo controlado.

Los 14 kilos de uranio que nadie quería tener

Mientras Caracas procesaba el impacto político de la entrega de Saab, otra operación se completaba en silencio. El Departamento de Estado americano confirmó la retirada de aproximadamente 14 kilogramos de uranio altamente enriquecido del reactor RV-1, instalado en el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) cerca de Caracas.

El reactor llevaba apagado desde 1991. Pero su combustible seguía allí, en un país con conexiones documentadas con Irán y con redes vinculadas a Hezbolá según los servicios de inteligencia occidentales. El material fue trasladado bajo supervisión internacional a las instalaciones de Savannah River en Carolina del Sur, coordinado entre la Administración Nacional de Seguridad Nuclear americana (NNSA), el Reino Unido y el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Uranio con más del 20% de enriquecimiento, aunque destinado formalmente a usos médicos o de investigación, tiene un valor estratégico que Washington lleva años intentando eliminar de terceros países inestables o con alianzas problemáticas. Con Venezuela cooperando en esa retirada, Trump suma una victoria preventiva en su narrativa de no proliferación y envía simultáneamente un mensaje a Teherán: cualquier activo nuclear fuera de territorio iraní está bajo vigilancia constante y será retirado si hay la mínima oportunidad.

Delcy y Rubio: la negociación que no se nombra

Lo que está ocurriendo en Caracas tiene una descripción precisa que ninguno de los protagonistas pronunciará públicamente: el clan Rodríguez está negociando su supervivencia con Marco Rubio, el secretario de Estado americano que conoce Venezuela mejor que ningún otro funcionario de la administración Trump y que lleva años construyendo el expediente judicial contra el chavismo.

Delcy Rodríguez tiene sus propios expedientes abiertos en EEUU. Tiene sanciones. Tiene investigaciones pendientes sobre sus vínculos con el narco, la corrupción de PDVSA y las conexiones con Irán. Sabe perfectamente que si el régimen cae sin haber negociado nada, el destino que le espera no es cómodo.

Lo que está haciendo, con la entrega de Saab y la cooperación en la retirada del uranio, es construir un historial de colaboración con Washington que pueda usar como moneda de cambio cuando llegue el momento de negociar su propia situación. Es la lógica del que entrega a otros antes de que lo entreguen a él. La misma lógica que en cualquier trama de corrupción lleva a los que saben más a cooperar primero.

El costo interno es elevado. La entrega de Saab ha generado tensión con el núcleo duro del madurismo, con Cilia Flores y con quienes ven en esa cooperación con EEUU una traición a los principios del chavismo. El equilibrio entre clanes, Maduro-Flores por un lado y Rodríguez por otro, se vuelve cada vez más inestable.

Lo que Trump y Rubio consiguen

Para la administración americana, la combinación de ambas operaciones es una victoria en varios frentes simultáneos. Saab procesado en EEUU abre la posibilidad de obtener información sobre las redes financieras del chavismo que puede usarse en procesos judiciales contra otros miembros del régimen. El uranio retirado de Venezuela elimina un riesgo de proliferación y refuerza la narrativa de control sobre el hemisferio occidental frente a las ambiciones iraníes.

Y la cooperación demostrada por el clan Rodríguez establece un canal de comunicación con Caracas que Washington puede usar para presionar más o para negociar según convenga. Rubio sabe exactamente lo que tiene entre manos: un régimen dispuesto a vender lo que sea para sobrevivir es un régimen manejable.

El chavismo que prometió resistencia eterna ante el imperialismo americano está entregando a sus operadores financieros y su uranio a Washington para que Delcy Rodríguez y su hermano Jorge puedan seguir en el poder.

La revolución bolivariana ha llegado a un punto en que sobrevivir es suficiente. Y para sobrevivir, Rubio es el interlocutor que importa.

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