A medida que cumples años, te va cambiando la memoria.
No es que esté yo aguardando ansioso a que me llame San Pedro, pero tengo ya esa edad en la que se te puede olvidar donde has dejado las llaves hace cinco minutos y sin embargo recuerdas vivamente, con detalle, como era el traje de marinero que lucías el día de tu primera comunión.
Y ayer me acordé de repente de una canción del mítico Paco Ibañez.
El tipo ronda ya los 90 años, pero en 1969, que fue justo el año que yo entré en la Universidad, protagonizó en el Olympia de París un concierto que se convirtió en la biblia sonora de todos los progres españoles.
Si alguno de ustedes conserva el disco, verán que tiene las tapas negras e incluye piezas como ‘A galopar’, ‘Amor tirano’ o ‘La mala reputación’.
La que me ha venido a la mente, por asociación de ideas, es esa canción en la que el poeta arranca diciendo ‘érase una vez un lobito bueno, al que maltrataban todos los corderos’.
Estoy seguro de que Paco Ibañez, que siempre ha sido rojillo, pensaba en cualquier cosa menos en la España de Sánchez cuando entonaba esa pieza, pero viendo el despropósito y la degeneración que se impuesto aquí, nos viene al pelo eso del ‘príncipe malo, la bruja hermosa y el pirata honrado’.
Lloro 😂😂😂😂😂 pic.twitter.com/jD04C0hOAn
— Kijaputa2 (@kijaputa2) August 24, 2024
Ya se que en todos sitios cuecen habas y que observando el aquelarre sectario de los campus norteamericanos o la patética claudicación de la policía británica ante los antipatriotas, existe el riesgo de concluir que lo nuestro todavía puede empeorar.
Es cierto, pero coincidirán conmigo en que cuando los ‘okupas’ de casas prevalecen sobre los legítimos propietarios; cuando se gasta más en un ‘sin papeles’ que en la viuda con pensión mínima o en el atribulado autónomo; cuando en los tribunales se condena a la cárcel al quien defiende su hogar de los atracadores y además se le obliga a pagar indemnización a los parientes de lo que que intentaron hacerlo chacina con una motosierra; cuando se destroza con prohibiciones y trabas burocráticas a los agricultores y ganaderos y se empieza a hostigar a los turistas que, mal que bien, mantienen a flote nuestra economía; cuando se hacen leyes que benefician a los violadores; cuando se mira con suspicacia a quien alega ser padre y querer educar a sus hijos o a quien sugiere que lo que le va eróticamente es el otro sexo; cuando basta pasarse por el registro y decir que te sientes tía para convertirte legalmente en mujer; cuando no puedes decir que un negro es negro pero tienes que llamar ‘señora’ a un paisano con bigote y unas pelotas como el caballo de Espartero, algo va muy mal.
Podría añadir muchas aberraciones.
¿Es o no un desvarío que los herederos morales de los terroristas legislen al alimón con los mangantes del PSOE?
¿No es un dislate que los adocenados periodistas parlamentarios premien a la portavoz en el Congreso de Bildu, que en sus tiempos mozos, cuando ejercía de chupatintas, marcaba a reporteros como objetivos de ETA?
¿No es de cretinos entregar el Gobierno de España a los xenófobos antiespañoles de JUNTS?
¿No es de memos etiquetar como ‘progresista‘ a un Gobierno trufado de ladrones, caraduras y parientes como el de Sánchez?
Estamos, parafraseando a Paco Ibañez, en un mundo al revés.