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EFE se encuentra inmersa en una de sus crisis financieras más severas. Esta agencia pública arrastra pérdidas estructurales que la mantienen en números rojos continuamente, dependiendo de inyecciones de capital público para continuar operando. Sin embargo, mientras los salarios de los trabajadores se ven reducidos, la alta dirección se reparte 689.000 euros en bonificaciones por cumplir objetivos. Esta decisión, adoptada en marzo de 2026, contrasta drásticamente con la situación de una empresa que está perdiendo millones y que ha dejado sin cobertura informativa a 14 países del Oriente Medio como consecuencia de la huelga de sus corresponsales.
Los primeros tres trimestres de 2025 dejaron un saldo negativo superior a los 14 millones de euros. La situación es tan crítica que EFE depende casi exclusivamente de las aportaciones de la SEPI, su único accionista, para mantener su funcionamiento. A pesar de este panorama desolador, la dirección ha optado por premiar a sus ejecutivos con estas bonificaciones. Aunque no se ha hecho público el desglose individual de estas cantidades, el total mencionado pone de manifiesto una gestión que prioriza a los altos cargos sobre la estabilidad laboral del resto del personal.
Sueldos de hambre en corresponsalías de riesgo
Mientras la cúpula disfruta de sus bonus, los periodistas del Servicio Internacional en Oriente Medio viven una experiencia radicalmente diferente. Desde abril de 2025, estos profesionales han padecido recortes salariales que oscilan entre el 25% y el 27,5%, dejando sus nóminas por debajo de los 1.000 euros netos al mes. Antes de estos ajustes, un redactor en El Cairo apenas lograba alcanzar los 1.250 euros, una cifra ya insuficiente para quienes cuentan con dobles grados, másteres en conflictos armados y dominio de múltiples idiomas como árabe, francés e inglés.
El problema se origina en cambios recientes en las retenciones fiscales aplicadas en Egipto. EFE trasladó directamente estos cambios a sus empleados sin ofrecer compensación alguna, argumentando que la exención fiscal disfrutada durante años era insostenible. Lo que la empresa omite es que durante una década ignoró advertencias tanto internas como externas sobre lo insostenible de estas prácticas laborales. La plantilla denuncia que durante años se benefició reduciendo costos laborales mientras sus redactores cobraban significativamente menos que los becarios.
A esta reducción salarial se suma la falta total de pagas extraordinarias, la ausencia de cotización al sistema español de Seguridad Social y la obligación de cubrir gastos operativos como permisos residenciales. No hay actualización salarial desde hace más de diez años y el dólar estadounidense, moneda en la que reciben sus ingresos, ha perdido valor considerablemente. Estos corresponsales trabajan en las zonas más peligrosas del mundo, cubriendo conflictos bélicos y crisis humanitarias con un alto nivel profesional, pero son tratados como si fueran trabajadores de segunda categoría.
El parón informativo que expone la crisis
La situación llegó al límite el 18 de febrero de 2026, cuando los corresponsales de EFE en Oriente Medio decidieron llevar a cabo un parón informativo indefinido. Este hecho sin precedentes marca un hito en la historia reciente de esta oficina. Durante semanas, información sobre Egipto, Sudán, Arabia Saudí, Irak, Líbano y Siria dejó de ser emitida bajo el sello distintivo de la principal agencia noticiosa hispanohablante. El equipo, compuesto por alrededor de diez profesionales, decidió hacer frente a esta situación tras diez meses sin resultados positivos tras negociaciones con la dirección ubicada en Madrid.
La periodista Rosa Soto, una firmante del comunicado emitido al respecto, expresó en redes sociales: «Tras 10 meses sin soluciones y con salarios inferiores a 1.000 euros, nos hemos visto forzados a anunciar un parón indefinido informativo. Ya no podemos más». Los trabajadores exigen recuperar su poder adquisitivo y demandan respeto hacia su dignidad profesional. Su postura es clara: no volverán al trabajo hasta contar con un plan concreto que incluya plazos definidos y garantías para una recuperación salarial justa.
Gestión cuestionada desde La Moncloa
Miguel Ángel Oliver, quien preside EFE desde diciembre del año pasado y fue secretario de Estado de Comunicación durante el mandato de Pedro Sánchez, asumió el cargo con promesas sobre soluciones para los problemas estructurales existentes dentro del organismo. Sin embargo, su gestión ha agudizado aún más la crisis actual. Oliver presentó un Plan Estratégico considerado esencial hace más de un año; no obstante, hasta ahora no ha sido compartido con los empleados ni se conocen detalles sobre su contenido real. La negociación del Convenio Colectivo también anunciada como prioritaria durante un Congreso celebrado en septiembre del año anterior permanece estancada.
Los sindicatos han denunciado irregularidades notables durante los procesos tanto seleccionales como promocionales dentro del organismo. Comisiones Obreras ha acusado a Oliver por realizar «ascensos a dedo» y repartir complementos bajo el concepto «premios a la fidelidad». Un caso emblemático involucra a un redactor ascendido a subdirector apenas doce días después haber sido contratado como nuevo redactor; esto violó procedimientos internos que estipulan tres años mínimos dentro esa categoría antes del ascenso correspondiente. La dirección justificaba estos ascensos como necesarios para ahorrar costos; sin embargo, ese ahorro duró escasamente dos semanas.
La llegada al organismo estatal directivos vinculados estrechamente al entorno político ha suscitado dudas acerca de la independencia editorial dentro del mismo. Cada vez son más las voces internas que critican esta falta autonomía profesional debido a presiones gubernamentales constantes sobre su trabajo diario. EFE creó recientemente un departamento denominado Verifica para combatir desinformación; no obstante, los sindicatos han cuestionado su objetividad: mientras omitió verificar rumores sobre supuestos atentados contra figuras gubernamentales actuales sí se centró en desmentir información relacionada con efectos secundarios derivados vacunas.
Una agencia que se desmorona
La crisis que enfrenta EFE es tanto económica como laboral y editorial simultáneamente. Si bien es una entre las cinco agencias noticiosas más grandes mundialmente opera hoy día como una entidad zombi sostenida artificialmente gracias al dinero público recibido constantemente desde fuera . En tan solo dos años (2022-2023), la SEPI inyectó más allá cuarenta millones euros . Los ingresos continúan cayendo sin control alguno sobre gastos operativos mientras el personal se desmorona.
Los corresponsales ubicados en Oriente Medio son el reflejo más evidente esta descomposición interna . Son profesionales altamente capacitados dispuestos arriesgar su integridad física enfrentándose diariamente situaciones extremas pero reciben condiciones laborales indignas vulnerando así derechos fundamentales establecidos previamente . La dirección madrileña ha mantenido una inexplicable falta comunicación directa con ellos durante meses , respondiendo solo vaguedades ante profundización crisis actual .
El parón informativo que silencia catorce países representa no solo acto desesperación sino también dignidad . Los trabajadores pertenecientes equipo EFE Oriente Medio han decidido dejar atrás invisibilidad dentro propia empresa mientras directivos disfrutan bonificaciones millonarias viendo cómo agencia hundiéndose pérdidas continuas . Surge entonces pregunta crucial: ¿Alguien Madrid estará dispuesto escuchar antes daño irreversible ocurra?
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