Colosal.
Juan Luis Cebrián, en su nuevo periplo periodístico como columnista del digital ‘The Objective‘, hace resquebrajar los cimientos de La Moncloa hablando claro sobre el ‘caso Begoña Gómez‘ y subrayando la necesidad de que se depuren todas las responsabilidades hasta que los españoles puedan conocer la verdad sobre la mujer de Pedro Sánchez.
Para el que fuera director de ‘El País‘, los silencios de la esposa del inquilino del palacio presidencial no le hacen ningún bien:
El abogado de doña Begoña Gómez, esposa del jefe de Gobierno de España, guarda silencio y se niega a declarar ante los jueces y la opinión pública porque dice ignorar de qué se le acusa. Aparte de su conspicuo asesor legal, debe ser ella la única persona en España que no sabe que está imputada por la comisión de dos delitos claramente definidos en el Código Penal: tráfico de influencias y corrupción en los negocios. Y aunque su silencio sea legítimo, alguien debería explicarle que no le favorece ante la opinión pública a la hora de valorar su presunción de inocencia.
Tampoco entiende los argumentos del jefe del Ejecutivo para mantenerse silente con este turbio asunto:
No era ni es legítimo, en cambio, el silencio de su esposo, que sin más argumento que su profundo enamoramiento no hace sino perjudicar la imagen de su Dulcinea cuando pregona sin explicación alguna que todo es falso, bulo, mentira, fango y hasta blasfemia porque no se ha hecho nada malo. Si no hay nada inconfesable, ni siquiera inconveniente, como le afea el portavoz del nacionalismo supremacista vasco, ¿a qué callar si eso alimenta las sospechas? Sánchez ha incumplido ya su deber de informar al Parlamento y responder a las preguntas de la oposición. Si ahora declara como testigo ante el instructor de la causa, tendrá que decir la verdad aunque no acostumbre a hacerlo, por lo que más probable es que se acoja a su derecho de no decir nada tampoco, en virtud de su parentesco.
Insiste en que no hay que ver de dónde o de quién procede la denuncia, sino que hay que dilucidar e investigar los hechos denunciados:
Lo que aquí hay que aclarar, lo denuncie la extrema derecha, Agamenón o su porquero, es si la esposa del jefe de Gobierno, que ha logrado dirigir una cátedra en la primera Universidad pública de España sin acreditar ningún mérito académico, ha utilizado o no sus relaciones personales en términos vetados por la ley. En el Parlamento y en los programas de entretenimiento televisivo, hemos visto y oído muchas opiniones sobre la improbable culpabilidad de doña Begoña. Habrá que esperar la resolución del juez instructor al respecto y el posterior juicio si lo hubiere, pues son los magistrados y no la Guardia Civil ni los portavoces gubernamentales quienes han de decidir al respecto.
Eso sí, considera Cebrián que el final de la historia de Begoña Gómez está aún lejos de conocerse en toda su extensión, especialmente conociendo los tiempos con los que se maneja la Justicia:
Sea cual sea el final de la historia todavía tardaremos en conocerlo, habida cuenta de los tiempos de la Justicia, por lo que es de rogar no calienten más la coyuntura las señoras y señores ministros: cesen de acosar al juez instructor si no lo denuncian, expliquen los comportamientos de la fiscalía cuando su máximo jefe está también acusado de un grave delito, y demuestren que la declaración que hizo Sánchez en sede parlamentaria cuando aseguró que, a pesar de todo, confía en la justicia no fue una mentira más de las suyas.