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Abandonados a su suerte.
Así están los ceutíes. Pero también el resto de los españoles.
Sánchez está en modo Nerón y está quemando todo el Estado, sus instituciones y todo lo que sea necesario para seguir un día más en el poder.
Su último intento de salvarse —o al menos distraer— ha sido la desclasificación de documentos del CNI, de forma autoritaria, sin discutir la medida en el Congreso y con la opinión en contra de su ministra de Defensa, Margarita Robles.
Sin embargo, la jugada no ha salido como esperaba el marido de Begoña.
En lugar de demostrar su inocencia, queda reflejado que los avisos sobre la invasión existieron y que el Ejecutivo los conocía. El líder del PSOE se ha pegado un tiro ya no en el pie, sino en las pelotas. Ha desmontado su propio argumentario y refuerza su culpabilidad y la de su Gobierno para evitar la invasión.
Lo sabían y se han encargado de demostrarlo.
Las excusas no han dejado de caer, tanto por su falta de previsión para prevenir el asalto como por la incapacidad para actuar y atender la crisis. Pero la realidad es tan innegable, los hechos son tan escandalosos que los voceros y tertulianos del sanchismo solo terminan haciendo el ridículo. Para ejemplo, el del apollardado Óscar Puente, que fue merendado por Cristina Pardo en una entrevista que es de visionado obligado.
Sánchez está muerto políticamente, aunque todavía no se entera.
Alfonso Rojo analiza este y otros asuntos de actualidad en el ‘24×7’ de este jueves, 10 de septiembre, junto al periodista Xavier Horcajo.
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