Juan Luis Cebrián, que gana anualmente más de dos millones de euros de sueldo, está maniobrando para blindarse ‘por los siglos de los siglos’ como presidente ejecutivo del Grupo PRISA.
Eso, al menos, es lo que afirman con total rotundidad Javier Romera y Eva Díaz este 24 de febrero de 2017 en un largo informe que publica ‘El Economista’.
Este viernes se reúne el consejo de administración de PRISA con una agenda marcada por la venta de Santillana, la delicada situación financiera del grupo y un ojo puesto en la dirección.
Amber Capital, dueño del 19,2% del capital, quiere acelerar la salida de la presidencia de Juan Luis Cebrián, que actualmente tiene contrato en vigor. No en vano, el directivo dejó claro hace unas semanas que retirarse no está entre sus planes:
«No me voy a jubilar mientras tenga salud, fuerza y entendimiento».
En el punto de mira del fondo también está la gestión del consejero delegado, José Luis Sainz, que en breve cumplirá seis años en la firma.
El nexo de unión entre Juan Luis Cebrián y Alcántara, que son íntimos amigos, es el empresario iraní Farshad Zandi. Se trata del fundador de la petrolera Star Petroleum, con sede en Luxemburgo y dedicada a la explotación de campos petrolíferos en África, de la que ambos han sido socios.
El importe final de la compra de deuda que se está orquestando por parte de Alcántara no estaría cerrado, pero podría elevarse hasta un máximo de 428,9 millones de euros, que es a lo que asciende el pasivo con menores garantías de cobro del grupo.
A la espera de que la empresa haga pública sus cuentas anuales, la deuda neta financiera total de Prisa se elevaba al cierre del tercer trimestre de 2016 a 1.587,4 millones de euros, lo que supone un 4,4% menos que a 31 de diciembre de 2015.
El diseño de la operación
El diseño de la operación ha corrido a cargo de JP Morgan y permitiría a la compañía una sustancial reducción de su apalancamiento, a la espera de que se decida si finalmente se vende o no Santillana, por la que Prisa está pidiendo 2.000 millones de euros.
Cebrián y Alcántara podrían presentar la operación este mismo viernes, en una reunión del consejo de administración, lo que podría desencadenar un choque de trenes.
Según las fuentes consultadas por este periódico, la mayoría de los miembros del órgano ejecutivo desconoce actualmente estos planes y los apoyos de Cebrián son cada vez más limitados.
Ante estos últimos movimientos, el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, intentó trasladar este jueves un mensaje de tranquilidad y aseguró que la operadora está «muy cómoda» con su participación actual y no planea ninguna desinversión para obtener ingresos extraordinarios.
La entrada en el grupo
Alcántara desembarcó en Prisa en septiembre de 2014, después de que la compañía aprobara unos meses antes una ampliación de capital por importe de 100 millones de euros a un precio de 0,53 euros por acción, que el mexicano suscribió íntegramente.
El precio pagado entonces suponía una prima cercana al 40% sobre el valor medio ponderado de las acciones de la compañía durante los tres meses anteriores y los fondos obtenidos se destinaron a la recompra de deuda de diversas entidades financieras acreedoras.
Actualmente, es el cuarto accionista de Prisa, por detrás de la familia Polanco, que controla a través de la patrimonial Rucandio un 17,5% del capital; del fondo Amber Capital, que tiene un 15,8%, y del HSBC, con otro 9,5%.
Nacido en Ciudad de México en 1950, Alcántara es un empresario dedicado al transporte de pasajeros, siendo presidente de Grupo Toluca y de la aerolínea de bajo coste VivaAerobus, que fundó en 2006 con el promotor de la irlandesa Ryanair. Además, es accionista y presidente del consorcio Iamsa, que agrupa las mayores empresas de transporte en México.
Por su parte José Luis Cebrián negaba ayer a elEconomista cualquier tipo de «negociación personal con Herradura». Mientras tanto Prisa no ha desmentido la operación, que no valora porque «las reuniones del consejo son confidenciales».
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