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CRISIS Y CESIONES EN LA POLÍTICA ESPAÑOLA RECIENTE

Dos años cruzando líneas rojas: el imparable desgaste del socialismo de Sánchez en la España fragmentada

El balance de Pedro Sánchez tras dos años de legislatura evidencia fractura política, cesiones a independentistas y una inestabilidad creciente que amenaza con redefinir el equilibrio de poder en España

Periodista Digital 24 Jul 2025 - 18:30 CET
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Dos años después de la investidura de Pedro Sánchez, la política española parece más un tablero de ajedrez en Waterloo que el reflejo de una nación cohesionada.

El marido de Begoña, que llegó prometiendo estabilidad y convivencia, se ha visto obligado a negociar cada semana con un abanico de aliados tan variopintos como imprevisibles. El resultado: una legislatura de líneas rojas cruzadas y equilibrios tan frágiles que cualquier movimiento en falso puede hacer caer el castillo de naipes. En medio, una miríada de escándalos de corrupción que salpican a su Ejecutivo, su partido y su círculo íntimo.

En los pasillos del Congreso, el ambiente es de tensión permanente.

La oposición habla abiertamente de “mercadeo de Estado” por los pactos vergonzosos que tiene que aceptar Sánchez, mientras desde el propio PSOE surgen voces críticas que alertan de la deriva del partido. Felipe González, ex presidente socialista, no ha dudado en calificar la amnistía de “corrupción política” y de ataque directo al Estado de Derecho, una ruptura total con el legado que él mismo ayudó a forjar.

Amnistía: la grieta que no se cierra

El asunto de la amnistía a los responsables del procés catalán ha sido la gran fractura de esta legislatura. No solo ha provocado una ola de indignación en la judicatura y entre gran parte de la ciudadanía, sino que ha dividido al propio socialismo histórico. Para González, la amnistía representa “pedir perdón a lo que han hecho” y abre la puerta a la normalización de la corrupción política. La medida, aprobada a cambio del apoyo de Junts y ERC a la investidura, ha supuesto un auténtico seísmo institucional, con protestas de jueces, fiscales y asociaciones profesionales.

Mientras tanto, los partidos independentistas han hecho de la amnistía un primer paso hacia nuevas exigencias. Como ironizan algunos diputados, “la España de Sánchez acaba pasando siempre por Waterloo o por la central de ERC”.

Hacienda catalana y bilateralidad: cesiones con factura

El acuerdo para la creación de una Hacienda catalana y el avance hacia un modelo de relación bilateral con Cataluña y Euskadi han sido otras de las grandes monedas de cambio de la legislatura. El traspaso de competencias fiscales y la condonación de deuda por valor de 15.000 millones de euros a Cataluña han generado una reacción en cadena: otras comunidades exigen ahora el mismo trato, mientras la oposición denuncia un agravio comparativo insostenible.

El propio portavoz de EH Bildu ha definido los acuerdos como “los mejores alcanzados en lo que llevamos de legislatura”, y no han dudado en advertir que seguirán aprovechando la debilidad del Ejecutivo para arrancar más concesiones.

El Congreso multilingüe y la geometría variable

Otra de las novedades de la era Sánchez ha sido la introducción de las lenguas cooficiales en el Congreso. Gallego, euskera y catalán resuenan ya en los debates parlamentarios, en una apuesta por la pluralidad que, para muchos, es solo un guiño a los nacionalismos que sostienen el gobierno. La medida ha generado un ambiente surrealista en ocasiones, con traducciones simultáneas y confusiones varias, y ha sido utilizada tanto por ERC como por Junts como símbolo de “reconocimiento nacional”.

No menos relevante ha sido el avance hacia la bilateralidad en la relación con Euskadi y Cataluña. Los pactos presupuestarios y la negociación constante han convertido al gobierno central en rehén de sus propios socios. Cada votación es una partida nueva, y el margen de maniobra del PSOE es cada vez más estrecho.

Una legislatura sin mayoría real: el naufragio del “frente progresista”

La última gran crisis ha llegado con la derrota del decreto “antiapagones”, que buscaba prorrogar ayudas sociales y energéticas. Junts y Podemos, antaño socios imprescindibles, han retirado su apoyo, dejando a Sánchez en una minoría crónica. El PP, por su parte, ha rechazado “acudir al rescate del amo del PSOE”, en palabras de sus portavoces, y se limita a observar cómo el Ejecutivo se desangra políticamente.

La situación parlamentaria actual es muy complicada para el ‘galgo de Paiporta’. El Gobierno carece de mayoría estable. Los frentes principales que tiene en el Hemiciclo son Junts y Podemos. Sus socios del Frankenstein han optado por la distancia o el enfrentamiento. Toda esta situación ocasiona que la aprobación de leyes dependa de una aritmética imposible de cada semana y que le obliga a aceptar todos los chantajes de sus aliados independentistas, nacionalistas, etarras y golpistas.

En este contexto, quienes hicieron presidente a Sánchez no ocultan su estrategia: aprovechar cada votación para “sacarle los higadillos a él y a España”, como han ironizado desde Junts y ERC abiertamentes. El presidente sobrevive a golpe de concesión, mientras la oposición y parte de su propio partido auguran un final de legislatura marcado por la debilidad y el desgaste.

Corrupción, escándalos y el papel de la oposición

La legislatura también ha estado salpicada por escándalos de corrupción que afectan directamente al PSOE y a su entorno más próximo. La gestión de estos casos por parte de Sánchez ha sido duramente criticada incluso por antiguos aliados, que ven en la falta de autocrítica y transparencia un síntoma de agotamiento político. El episodio más reciente, la derrota en el Congreso del decreto “antiapagones”, ha puesto en el punto de mira al propio marido de Begoña Gómez, cuya influencia y papel en el gobierno han sido objeto de creciente polémica.

El Partido Popular, lejos de tender la mano, ha endurecido su discurso y se niega a “acudir al rescate” del Ejecutivo. Para los populares, el socialismo de Sánchez ha perdido cualquier atisbo de centralidad y solo sobrevive gracias a la cesión constante a minorías que, lejos de estabilizar el país, lo fragmentan aún más.

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