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Martín Varsavsky firma en The Objective la columna «Trump ejecuta una estrategia con tácticas cambiantes pero objetivos claros», publicada el 12 de enero de 2026. En su análisis, el autor desmantela la imagen de imprevisibilidad que rodea al exmandatario estadounidense, señalando su enfoque pragmático en materia de política exterior. Varsavsky enfatiza que Trump no actúa por capricho; más bien, ajusta sus métodos para alcanzar la dominación geopolítica, generar beneficios económicos y debilitar a sus oponentes.
En su artículo, Varsavsky aclara que muchas personas confunden los ajustes tácticos con una falta de dirección. «Donald Trump es probablemente el político más malinterpretado de las últimas décadas. Se le pinta como impredecible, caótico o incluso desequilibrado. Esa percepción no solo es errónea: es intelectualmente perezosa. Trump no actúa de forma errática. Lo que sucede es que muchos confunden un cambio táctico con la ausencia de estrategia. Y Trump tiene una estrategia muy clara, aplicada de manera deliberadamente flexible». Esta perspectiva rechaza interpretaciones superficiales y resalta un marco mental sencillo: Estados Unidos debe dominar, obtener ganancias y neutralizar rivales como China, Rusia e Irán.
El autor describe cómo Trump aborda conflictos específicos alternando la presión. En el caso de Ucrania, busca poner fin a la guerra no por compasión, sino por cálculo estratégico. «Desde el principio, Trump ha querido finalizar la guerra en Ucrania. No por empatía, sino por un cálculo frío. Una guerra prolongada desgasta tanto a Europa como a Estados Unidos, crea una dependencia estructural de Rusia hacia China y obstaculiza el comercio, la energía y la estabilidad global. Por eso Trump presiona a Putin y a Zelenski alternativamente. No porque dude, sino porque está evaluando dónde hay menos resistencia». Esta táctica dura busca forzar acuerdos al hacer que continuar el conflicto sea insostenible.
Varsavsky amplía su análisis hacia América Latina, donde Trump actúa guiado por intereses estratégicos. En Argentina, facilitó apoyo del FMI en un momento crítico para evitar su colapso y distanciarlo de la influencia china. «Trump comprendió antes que muchos que Argentina no necesitaba más retórica progresista ni tutela moral, sino oxígeno financiero y respaldo político para salir del colapso. Durante un momento decisivo, EE.UU., bajo Trump, respaldó activamente a Argentina ante el FMI, brindando margen de maniobra cuando el país estaba al borde del abismo. No fue altruismo: fue geopolítica inteligente». En cuanto a Venezuela, su enfoque evita intervenciones arriesgadas como las ocurridas en Irak, priorizando el control sobre el petróleo y rechazando potencias rivales.
El columnista también destaca los logros en Oriente Medio y la presión ejercida sobre Irán. Los Acuerdos de Abraham surgieron del reconocimiento de Israel como potencia regional, forzando acuerdos pacíficos realistas. Respecto a Irán, aplica sanciones y disuasión: «Trump no desea invadir Irán; quiere evitar que se convierta en una potencia nuclear, debilitar su red de proxies y obligar al régimen a elegir entre supervivencia económica o expansión ideológica». En el contexto del Ártico, menciona a Groenlandia como una ruta comercial clave ante los avances rusos y chinos, utilizando declaraciones contundentes para negociar.
Varsavsky concluye subrayando la coherencia subyacente en las acciones de Trump. Este se centra en áreas estratégicas, recursos y rutas comerciales mediante una presión acumulativa constante. «Si uno se limita a observar únicamente los giros tácticos, pierde la línea continua que los conecta. La imprevisibilidad forma parte del método: confundir al rival, modificar la presión y mover el foco. No es caos: es presión acumulativa. Trump no improvisa; ejecuta con precisión. Y lo hace siguiendo una estrategia fija mientras mantiene tácticas flexibles». Este análisis invita a mirar más allá de las apariencias en la geopolítica contemporánea.
La columna de Varsavsky enlaza casos como el de Venezuela, donde se busca restaurar influencia sin caer en el caos, con visiones globales que priorizan la estabilidad económica frente a intervenciones ideológicas. Su argumento entrelaza hilos desde Sudamérica hasta el Ártico, revelando un patrón de realismo brutal que redefine alianzas y presiones internacionales.
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