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La noche del martes en que estalló el escándalo de la agresión sexual del ex director adjunto operativo de la Policía Nacional, José Ángel González Jiménez, algo inusual tuvo lugar en un hogar madrileño.
Dos mandos policiales y la esposa de Segundo Martínez, antiguo jefe de Seguridad de José Luis Rodríguez Zapatero en La Moncloa, se presentaron en casa del ex DAO justo después de conocerse la denuncia de violación interpuesta por una agente policial.
El vídeo que documenta este encuentro publicado por OKDiario revela algo más preocupante que una mera visita amistosa: evidencia la existencia de una red de lealtades que sostiene a los altos mandos del cuerpo bajo el Gobierno de Pedro Sánchez, funcionando con la misma eficacia que en tiempos zapateristas.
Este suceso no es un mero detalle anecdótico. Representa el síntoma más claro de una estructura de poder paralela dentro de la Policía Nacional, que ha permitido que individuos como González Jiménez se mantengan en posiciones de autoridad durante años, a pesar de comportamientos que deberían haberlos inhabilitado hace tiempo.
La presencia de la esposa de Martínez en el domicilio del ex DAO la noche de la denuncia es especialmente significativa, ya que ilustra cómo estas redes operan con la misma fuerza que cuando Zapatero estaba al mando. Lo único que ha cambiado es que ahora operan desde las sombras, sin el respaldo oficial que antes les confería su posición.
Marlaska y la descarga de responsabilidades
El ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, se encuentra en una situación comprometedora. Mientras la Policía Nacional se tambalea bajo el peso acumulado de escándalos consecutivos, él intenta desviar sus obligaciones de control y supervisión hacia la propia institución policial. Esta táctica resulta particularmente repugnante en un caso como el del DAO: una agente agredida sexualmente, un agresor que continuó en su puesto durante meses tras la denuncia y un ministro aparentemente ajeno a lo ocurrido dentro de su propio ministerio. La realidad es que Marlaska llegó al cargo en 2018 gracias a Segundo Martínez, quien le recomendó gran parte de los altos cargos actualmente en posiciones clave dentro del cuerpo. Por tanto, no puede pretender sorprenderse ante lo sucedido.
La agente agredida presentó su denuncia en julio, momento en el cual solicitó baja médica alertando sobre la agresión sexual sufrida. La respuesta por parte de la Policía fue desatenderla. Pasaron meses sin acciones significativas. El ex DAO permaneció en su puesto, ejerciendo autoridad sobre el mismo cuerpo encargado teóricamente de investigarlo y apartarlo inmediatamente. Un mes antes de que el caso saliera a la luz pública, González Jiménez tuvo la desfachatez de rendir homenaje a las mujeres policías durante unos premios dedicados a la Igualdad. La ironía es tan brutal que parece sacada de una novela negra, pero es simplemente un reflejo más del estado actual dentro de una institución donde los mandos pueden cometer delitos graves mientras mantienen su imagen pública intacta.
Segundo Martínez: el ministro del Interior en la sombra
Detrás del caos institucional se encuentra Segundo Martínez, un comisario jubilado que nunca dejó realmente su influencia sobre la Policía Nacional. Originario de Babia, León, Martínez fue nombrado jefe de Seguridad en La Moncloa cuando Zapatero asumió el poder en 2004. Durante siete años coordinó la protección presidencial y gestionó las relaciones con los mandos policiales responsables del resguardo institucional. Aunque su papel no era visible públicamente, sí fue determinante para entender cómo funcionaba internamente el poder.
Tras dejar oficialmente su puesto tras salir Zapatero en 2011 y retirarse formalmente en 2017, regresó a lo alto del organigrama policial extraoficialmente cuando el PSOE volvió al Gobierno en 2018. Aunque opera tras bambalinas, se le considera entre ciertos círculos como el verdadero director general del cuerpo, ejerciendo un poder casi absoluto sobre todos sus comisarios. En determinados ámbitos policiales y políticos se le describe como un «ministro del Interior en la sombra», término que hace referencia tanto a su capacidad para dialogar como a su conocimiento exhaustivo sobre los resortes internos relacionados con la seguridad estatal.
El tránsito a Huawei y los intereses estratégicos
Lo alarmante es que Martínez no solo opera desde las sombras para influir sobre la Policía. Después de su jubilación oficial se sumó a Huawei como jefe de Seguridad alrededor del año 2020. Esta multinacional china tiene vínculos contractuales con varias administraciones españolas, incluidos servicios relacionados con almacenamiento de comunicaciones policiales y con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Su llegada a Huawei coincidió con las acusaciones estadounidenses sobre posibles prácticas espías relacionadas con esta empresa; sin embargo, el Gobierno español decidió continuar colaborando con ella.
La conexión entre Martínez, Zapatero y Huawei quedó clara el 17 enero 2022 cuando el expresidente se reunió con directivos chinos en un restaurante asiático madrileño. Entre ellos estaba Eric Li, consejero delegado para España y también Segundo Martínez. Esta fecha resulta crucial: por entonces, el Ejecutivo liderado por Sánchez preparaba el real decreto-ley 7/2022 —aprobado posteriormente en marzo— permitiendo excluir proveedores considerados «de alto riesgo» para las redes 5G. A pesar de dotar a Moncloa con herramientas legales para vetar a Huawei, esa posibilidad nunca se concretó. España figura entre los pocos países occidentales que no han sancionado a esta tecnológica china pese a las presiones ejercidas por Estados Unidos y Europa.
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