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GOLPE PROPAGANDÍSTICO FRACASADO

Sánchez la pifia con el 23-F: no logra tapar qué pasa con su salud y reivindica a Juan Carlos I

Ni rastro de connivencia con los golpistas

Periodista Digital 26 Feb 2026 - 17:00 CET
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No le ha durado el aire ni 24 horas. Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, como dice el refrán.

Pedro Sánchez presentaba la desclasificación de documentos del 23-F, en el 45.º aniversario del golpe, como un gesto loable de transparencia y «deuda histórica» con la memoria democrática —¡qué nobleza!, dirían algunos—.

Una sociedad adulta no teme escrutar su pasado, y menos cuando las instituciones son sólidas y los líderes, impecables.

Sin embargo, cuando el artífice es el marido de Begoña, en plena agonía política y con un historial de manipulación maniquea de la historia, las intenciones son evidentes: revivir las dos Españas irreconciliables de la Guerra Civil para movilizar a su base; blanquear el pasado terrorista de sus socios —esos herederos de ETA sin cuyos votos no sería presidente—; y, de paso, sembrar dudas sobre la legitimidad del sistema del 78 y enfangar la figura del rey Juan Carlos I.

La memoria histórica, en manos sectarias, siempre acaba siendo arma arrojadiza.

El resultado ha sido un auténtico boomerang: estos papeles no solo exoneran al rey Juan Carlos, sino que lo posicionan como el verdadero artífice del fracaso del golpe. Lo que se pensaba que sería una cortina de humo para desviar la atención se ha convertido en un inesperado homenaje al monarca emérito.

Los papeles, ya en la web de La Moncloa, no han aportado bombas que alteren lo sabido y, en cambio, refuerzan el papel decisivo del monarca en el fracaso del golpe militar.

La pifia ha sido mayúscula: la jugada se percibe como un intento fallido de cortina de humo y no logra tapar la gran incógnita sobre su estado de salud. Otro tiro por la culata en toda regla, que solo acelera el regreso inevitable a primer plano de las corrupciones que salpican al propio Gobierno de Sánchez, al PSOE y a su entorno familiar.

Una desclasificación que reivindica a Juan Carlos I

El Gobierno Sánchez ha hecho públicos 153 documentos sobre el fallido golpe de Estado del 23-F, presentándolo como un gran gesto a favor de la democracia. Sin embargo, el resultado ha sido un auténtico boomerang: estos papeles no solo exoneran al Rey Juan Carlos, sino que lo posicionan como el verdadero artífice del fracaso del golpe. Lo que se pensaba que sería una cortina de humo para desviar la atención se ha convertido en un inesperado homenaje al monarca emérito.

Desde la Moncloa, se anunció la publicación a mediodía en su portal oficial, con documentos provenientes de los ministerios de Defensa, Interior y Asuntos Exteriores. Sánchez lo presentó como un día «significativo» para la historia democrática del país, pero los archivos cuentan una narrativa diferente. El Rey rechazó la entrada del general Armada en la Zarzuela, le ordenó permanecer en su puesto y, en conversaciones tensas, dejó claro su firme compromiso con la Constitución. Un teletipo dirigido a los capitanes generales afirmaba: «Cualquier medida militar debe contar con el visto bueno de la Junta de Jefes del Estado Mayor».

Para resumir los hallazgos más relevantes:

Los golpistas, enfadados con el «Borbón libre»

Los documentos revelan confesiones impactantes por parte de los sublevados. En transcripciones de llamadas intervenidas el 24 de febrero, un militar implicado reconoce que su «primer error» fue «dejar al Borbón libre», cuando debería haber sido «el objetivo a derribar». Los golpistas esperaban contar con su apoyo, pero el Rey les dio la espalda. Tejero, el teniente coronel que irrumpió en el Congreso, lamentaba tener un «Ejército de maricones» que lo dejó «tirado como una colilla», según un informe policial facilitado por su esposa al día siguiente.

Una parte importante de estos 153 archivos son teletipos de Efe, artículos periodísticos, oficios o telegramas que ya habían sido publicados anteriormente. No hay grandes revelaciones, salvo algunos detalles interesantes. Un informe policial señala que el nacionalismo catalán «confiaba» en la Monarquía tras el golpe, viéndola como un freno a una democracia plena. No hay indicios de complicidad por parte del Rey con los amotinados; sin embargo, sí se menciona la implicación de mandos militares y servicios de inteligencia.

Felipe González criticó esta desclasificación tildándola de «arbitraria» y abogó por una ley que permita liberar «todo». El expresidente es consciente de que estos documentos corroboran lo que siempre se ha sabido: Juan Carlos salvó la democracia con su discurso televisado a las 1:12 horas del 24-F. «Después de este mensaje ya no puedo dar marcha atrás», le dijo a Milans del Bosch, prometiendo no abdicar ni abandonar España.

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