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TENSIONES ENTRE MADRID Y BERLÍN

Incidente diplomático con Merz revela que Sánchez cambia de número de teléfono con frecuencia por motivos de seguridad

Periodista Digital 11 Mar 2026 - 02:28 CET
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Friedrich Merz, canciller alemán, llamó en dos ocasiones al teléfono de Pedro Sánchez, pero solo dejó un mensaje de voz. No hubo respuesta. La razón es sencilla: el número ya no era válido. Fuentes desde Moncloa aclaran que Sánchez cambia su número con frecuencia por motivos de seguridad. Esta situación surge justo después de un choque en la Casa Blanca, donde Donald Trump arremetió contra España por negarse a ceder bases como Rota y Morón para llevar a cabo ataques contra Irán. Trump llegó a calificar a España como «un aliado terrible» y amenazó con interrumpir el comercio. Merz, presente en ese momento, optó por el silencio absoluto.

La reacción en España no se hizo esperar. El ministro José Manuel Albares expresó su descontento ante Berlín, comentando: «No me imagino a Merkel o Scholz guardando silencio así», durante una entrevista en la Cadena SER. Desde Moncloa interpretan este mutismo como una falta de solidaridad dentro de la Unión Europea. Posteriormente, Merz intentó justificar su actitud afirmando que Europa negocia unida en temas comerciales y que sí defendió a España en privado ante Trump. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Tras sus intentos fallidos de contactar, ahora aguarda una devolución de llamada.

Pegasus vuelve a ser noticia

No es la primera vez que se pone en tela de juicio la seguridad del teléfono móvil de Sánchez. Recordemos el caso de Pegasus, el software espía israelí que comprometió su dispositivo –así como el de varios ministros–, apuntando las sospechas hacia Marruecos. Por esta razón, Sánchez cambia su número con regularidad. El Ministerio de Exteriores ya ha comunicado el nuevo número a los alemanes, aunque hasta ahora los líderes no han tenido contacto directo; solo lo han hecho sus equipos.

Este embrollo se produce en medio de la crisis generada por la guerra en Irán. El 28 de febrero, Trump e Israel lanzaron un ataque. Irán respondió atacando bases estadounidenses. España ha decidido rechazar el uso de sus instalaciones militares, priorizando así la desescalada y el diálogo. Sánchez ha conversado con el príncipe saudí Mohammed bin Salman, mostrando apoyo ante los ataques sufridos. Albares logró evacuar con éxito la embajada española en Teherán a través de Azerbaiyán. La oposición, incluidos PP y Vox, critica esta situación: argumentan que se están utilizando los conflictos internacionales para desviar la atención de problemas internos.

Presión militar y cifras dispares

Alemania está presionando: demanda que España incremente su gasto en defensa al 5% del PIB, tal como exigen tanto Trump como la OTAN. Berlín enviará pronto a Madrid a Géza Andreas von Geyr, experto en seguridad militar. España responde que no se trata solo de porcentajes, sino también de capacidades reales. Aumentar ese gasto podría tensar los presupuestos públicos, obligando a recortes o subidas impositivas.

Merz expresa su preocupación por la guerra interminable en Irán: más refugiados e inestabilidad son consecuencias inevitables. La primera ministra italiana, Meloni, ha convocado a líderes europeos –incluido Sánchez– para discutir sobre energía y crisis. Ministros alemanes como Johann Wadephul insisten en que España y Alemania son aliados cercanos pese a las dificultades actuales.

Desde Berlín minimizan la situación: «La relación no es tensa», asegura el portavoz Stefan Kornelius. Por parte de Moncloa también restan importancia al asunto. Sin embargo, este incidente deja entrever la solidaridad dentro de la UE ante Trump como una cuestión delicada. ¿Estamos ante una llamada pendiente o un enfado soterrado? A veces, la diplomacia tropieza con un simple tono equivocado.

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