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La Moncloa ha establecido un estrecho marcaje sobre el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.
Según fuentes conocedoras de la situación, el exjefe del Ejecutivo socialista se encuentra en un estado anímico «propio de alguien superado por los acontecimientos, incapaz de asimilarlos» desde que el pasado 19 de mayo fue imputado en la Audiencia Nacional por delitos de corrupción en la causa de Plus Ultra como responsable principal de una organización criminal.
La Presidencia del Gobierno es informada a diario de la rutina del expresidente en su domicilio, donde permanece recluido desde su imputación, de las escasas visitas que ha recibido en estas semanas y de todos y cada uno de sus movimientos a través de su equipo de escoltas, proporcionados a los expresidentes por el Ministerio del Interior. El aislamiento ha llevado a Zapatero a suspender su hábito de salir a correr, práctica que realizaba varias veces por semana desde hace años, y a limitar sus contactos a su abogado y a un reducido número de personas de su círculo más estrecho, con quienes se comunica por teléfono la mayor parte de las veces.
Es la imagen más precisa del hundimiento de un hombre que durante dos décadas fue el referente moral de la izquierda española. El hombre que iba de Bambi está recluido en su domicilio, vigilado por los escoltas del Ministerio del Interior cuyos informes llegan a diario a La Moncloa, mientras los jueces y los investigadores de la UDEF siguen sumando piezas a un rompecabezas que cada semana presenta una dimensión nueva.
La reunión en Interior que la policía investiga
Y simultáneamente, la Policía Nacional está investigando un encuentro entre Zapatero y la número dos del ministro Fernando Grande-Marlaska en el Ministerio del Interior, celebrado apenas unos días antes de la detención de Julio Martínez Martínez, apodado «Julito«, señalado como presunto testaferro del expresidente y figura central en la investigación sobre blanqueo de capitales, comisiones del rescate de Plus Ultra y operaciones financieras vinculadas a Venezuela.
La información fue revelada en primicia por Alejandro Entrambasaguas en El Debate. Los agentes de la UDEF han puesto su mirada sobre esa reunión por su coincidencia con un momento crítico de la investigación. La pregunta que formulan los investigadores es tan sencilla como explosiva: ¿se discutió en ese encuentro la investigación policial sobre «Julito» y la trama económica asociada al exlíder socialista?
La reunión entre Zapatero y la número dos de Marlaska no llama la atención por sí misma. Un expresidente puede reunirse con altos funcionarios del Ministerio del Interior por razones perfectamente legítimas. Lo que la convierte en objeto de investigación policial es la coincidencia temporal: esa cita se celebró días antes de que la UDEF procediera a la detención de «Julito» y ejecutara los registros relacionados con sus empresas.
Los investigadores quieren saber quién solicitó la reunión y cuál fue su justificación institucional. Si durante ese encuentro se mencionó en algún momento la investigación de la UDEF o los movimientos del equipo policial encargado del caso. Si existe documentación, mensajes o anotaciones en agendas que permitan reconstruir lo que se habló.
El dilema para el Gobierno es evidente. En medio del caos judicial que rodea al Ejecutivo, cualquier indicio percibido como interferencia en una investigación policial activa podría ser devastador. Y más cuando esa interferencia potencial involucra a un expresidente ya imputado por seis delitos, a su presunto testaferro detenido poco después de la reunión y al Ministerio del Interior cuyo titular, Marlaska, ha protagonizado ya episodios suficientemente documentados de interferencia en investigaciones que afectaban al Gobierno.
«Julito»: el testaferro, las comisiones y las joyas de 2,5 millones
Julio Martínez Martínez se ha convertido en la figura central de varios procedimientos judiciales simultáneos. La Audiencia Nacional y la UDEF lo sitúan en el corazón de una red de negocios relacionados con oro, petróleo y operaciones financieras poco transparentes vinculadas al entorno del expresidente.
Los documentos incautados sugieren la existencia de comisiones ocultas por asesorías que superan el medio millón de euros, relacionadas con el rescate de Plus Ultra y con empresas de conexiones venezolanas. Antes de su arresto, «Julito» mencionó una compra de joyas valoradas en 2,5 millones de euros cuyo origen los investigadores están intentando determinar dentro del rompecabezas del presunto blanqueo.
Esa cifra hay que ponerla en contexto con los 1,3 millones en gargantillas, pulseras, anillos y pendientes encontrados en la caja fuerte del despacho del propio Zapatero y cuyo origen el expresidente atribuyó a un regalo del rey Abdalá de Arabia Saudí, fallecido en 2015. El ecosistema que rodea al expresidente tiene, al parecer, una notable densidad de joyas sin explicación convincente.
La disparidad entre la imagen austera que Zapatero proyecta públicamente y el lujo que reflejan los documentos judiciales empieza a resultar incómoda incluso para algunos sectores del propio PSOE.
El macroproyecto de Tarragona: 2.000 millones y 60 millones de comisión
A la trama central se suma una dimensión nueva que mezcla urbanismo, casinos y un exalto cargo del Ministerio de Hacienda. El ex número tres de María Jesús Montero en Hacienda, José Antonio Marco Sanjuán, imputado por presunto cohecho, es propietario de varias fincas en la zona de Les Gavarres, cerca del aeropuerto de Reus, incluidas dentro del desarrollo urbanístico del macroproyecto Hard Rock en Tarragona, cuyo valor asciende a aproximadamente 2.000 millones de euros.
La investigación de la UDEF vincula esas propiedades a un contrato firmado en 2021 entre la empresa Idella Consulenza, del entorno cercano a «Julito«, y la trama relacionada con Zapatero. En ese contrato se estableció una comisión del 3% sobre las oportunidades comerciales que Idella pudiera captar. Al incluirse el macroproyecto Hard Rock, esa comisión potencial alcanzaría los 60 millones de euros.
La conexión entre un exalto cargo del Ministerio de Hacienda, un macroproyecto urbanístico catalán de 2.000 millones y el presunto testaferro del expresidente refuerza la idea de que esta red operaba con conocimiento dentro del aparato administrativo y utilizando información privilegiada. No es una trama de intermediarios menores en la periferia del sistema. Es una trama que, si se confirman los indicios, llegaba al corazón de los ministerios.
La cadena de exclusivas que va cerrando el cerco
El cuadro completo de la trama Zapatero se ha ido construyendo a través de una serie de exclusivas de Entrambasaguas que han conectado piezas que por separado parecían inconexas.
La revelación del contrato con la comisión del 3% y los 60 millones potenciales del Hard Rock. El descubrimiento de cómo se planeaba operar con oro usando sociedades interpuestas y movimientos triangulados para que el nombre del expresidente no apareciera directamente. La información sobre una reunión entre Zapatero y «Julito» en El Pardo antes de la detención del empresario. Y ahora la reunión investigada con la número dos de Marlaska días antes del operativo policial.
Cada pieza nueva que sale encaja con las anteriores y el conjunto describe algo que ya no puede presentarse como una serie de coincidencias desafortunadas: una red que incluía al expresidente, a su entorno empresarial, a antiguos altos cargos del Ministerio de Hacienda y aparentemente a contactos en el Ministerio del Interior, operando con un nivel de sofisticación y de acceso al poder que solo se construye durante décadas de presencia en el corazón del sistema.
El hombre que iba de Bambi tiene cada vez menos sitios donde refugiarse
El expresidente que llegó a La Moncloa en 2004 prometiendo un Gobierno de la ejemplaridad, que aprobó en 2005 el Código de Buen Gobierno que obligaba a los altos cargos a rechazar regalos valiosos, que se presentó durante años como el político más íntegro de la democracia española, tiene hoy seis delitos investigados en la Audiencia Nacional, un presunto testaferro detenido, joyas de millón y medio en una caja fuerte sin explicar, contratos millonarios en Bolivia y Venezuela bajo investigación, una reunión con el Ministerio del Interior investigada por la policía días antes de que detuvieran a su hombre de confianza y los escoltas del Interior informando a diario a La Moncloa de cada uno de sus movimientos.
Y está recluido en su domicilio, incapaz de salir a correr, en un estado anímico que las fuentes describen como el de alguien superado por los acontecimientos.
Queda la incógnita que los investigadores y los jueces tendrán que responder: ¿quién romperá primero? ¿»Julito» ante el juez, con toda la información que tiene sobre las operaciones del expresidente? ¿O será Zapatero quien tenga que responder finalmente cuando las presiones judiciales hagan insostenible el silencio?
Bambi nunca tuvo un final así.
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