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La política española vive un contraste que roza lo cómico: un Gobierno que jura que aguantará hasta el final de la legislatura, y una oposición que actúa como si las urnas fueran a abrirse la semana que viene.
Según recoge 20 Minutos en su cobertura sobre cómo Feijóo pone a punto al PP y activa a sus candidatos en plena campaña electoral, el líder popular ha decidido no esperar a que Pedro Sánchez tome la iniciativa. Así, ha colocado al partido en estado de alerta permanente, con candidatos municipales y autonómicos entrando ya en una fase de precampaña acelerada.
No es una táctica menor. Aunque desde La Moncloa se repite que no habrá elecciones anticipadas —y que, salvo sorpresa, la legislatura debería agotarse en su plazo natural, con el límite constitucional situado en torno a agosto de 2027, cuatro años después de la constitución de las Cortes tras las generales del 23 de julio de 2023—, la dirección del PP ha optado por desplegar candidaturas y mensajes con meses, incluso años, de antelación. Saben que si Sánchez decidiera dar una sorpresa —convocando, por ejemplo, en otoño de 2026 o a comienzos de 2027—, varios partidos podrían quedar completamente descolocados. El objetivo del PP es no ser uno de ellos.
Feijóo y el «modo campaña permanente»
La estrategia convierte los próximos meses en una campaña de fondo con un calendario interno bastante concreto:
- Verano de 2026 — proclamación de candidatos a las alcaldías de las capitales de provincia, con el acto de este fin de semana en Santiago de Compostela (18-19 de julio de 2026) como pistoletazo de salida simbólico.
- Otoño-invierno de 2026 — tras el parón estival, arrancará la proclamación de aspirantes a las presidencias autonómicas.
- Primavera de 2027 — cierre de la fase de precampaña, ya con la vista puesta en la cita electoral fijada: las municipales y autonómicas del 24 o 31 de mayo de 2027 (la fecha exacta la fijará el decreto de convocatoria, pero el ciclo de cuatro años desde las locales del 28 de mayo de 2023 apunta a ese último fin de semana de mayo).
La lógica es evidente: dar rostros conocidos a cada territorio con antelación, afianzar mensajes y equipos antes de que se convoque nada, y presentar al PP como una alternativa lista frente a un Gobierno que perciben desgastado. En Santiago, la dirección nacional escenifica esta transición al «modo electoral total»: no es solo un gesto simbólico, sino una forma de mostrar cohesión interna, exhibir banquillo y decir a los votantes que el relevo está listo, aunque la decisión final sobre el adelanto siga en manos de Sánchez.
Presionar por el adelanto mientras se teme su sorpresa
Mientras afina la maquinaria territorial, Feijóo mantiene también una ofensiva institucional para forzar un adelanto. El PP ha presentado en el Senado una iniciativa para instar al Gobierno a convocar generales, después de que la discusión fuera bloqueada en el Congreso —un movimiento que, de mantenerse el ritmo parlamentario, podría volver a plantearse en el periodo de sesiones de otoño de 2026, entre septiembre y diciembre—.
Paralelamente, el líder popular ha explorado la vía de una moción de censura instrumental, junto a PNV y Junts, para tumbar al Ejecutivo, instaurar un Gobierno temporal y convocar elecciones poco después. Si esta hipótesis llegara a materializarse, los plazos reglamentarios (dos días de plazo tras el registro, más el debate posterior) permitirían activarla en cuestión de semanas desde el momento en que se presentara formalmente, algo que en Génova no descartan intentar antes de que acabe 2026.
La estrategia combina tres frentes:
- Presión parlamentaria — mociones, iniciativas y discursos sobre la «falta de legitimidad» para agotar la legislatura, con nuevos intentos previsibles en cada periodo de sesiones (otoño 2026, febrero-junio 2027).
- Relación con los socios de Sánchez — contactos discretos con los partidos que sostienen al Gobierno, de cara a una eventual mayoría alternativa.
- Preparación electoral anticipada — proclamación escalonada de candidatos y planificación de campañas para las municipales y autonómicas de mayo de 2027, sin descartar unas generales que podrían adelantarse a cualquier punto entre finales de 2026 y mediados de 2027.
Resulta paradójico: el PP pide elecciones cuanto antes, pero al mismo tiempo teme que Sánchez use ese adelanto como jugada táctica, eligiendo el momento —quizá aprovechando una coyuntura económica favorable a principios de 2027— que menos le convenga a la oposición. Por eso no quieren dejar nada al azar.
El tablero territorial y el factor Vox
La estrategia no se entiende solo en clave nacional. Con varias citas autonómicas y las municipales de mayo de 2027 en el horizonte, el PP busca ampliar poder territorial y reducir su dependencia de Vox. En la mayoría de comunidades asumen que necesitarán al partido de Abascal para gobernar, salvo en plazas como Andalucía, donde el objetivo es una mayoría más amplia. Esto obliga a un discurso calculado: competir con Vox sin romper lazos, presentarse como la opción «segura y fiable» frente a la polarización, y defender la estabilidad institucional y económica frente a un Gobierno que perciben rehén de sus socios.
Qué busca el PP con este adelanto interno
Detrás de la fachada de urgencia hay un cálculo estratégico claro:
- Marcar la agenda con el debate del adelanto electoral, obligando al Gobierno a responder constantemente durante todo el curso político 2026-2027.
- Llegar a la convocatoria —sea cuando sea, entre finales de 2026 y mayo de 2027— con estructuras rodadas, no con candidatos improvisados.
- Aprovechar el desgaste del Ejecutivo por su relación con Junts, la gestión de crisis pasadas o la dependencia de socios minoritarios.
El riesgo, claro, es el desgaste propio: una precampaña que se alargue diez o doce meses, desde el verano de 2026 hasta mayo de 2027, puede agotar a los cuadros intermedios y generar ruidos internos. Pero en Génova han calculado que el coste de no estar preparados sería mayor si Sánchez mueve ficha por sorpresa.
Curiosidades y detalles del movimiento
- Feijóo eligió Santiago de Compostela, el 18-19 de julio de 2026, como escenario del impulso nacional, reforzando el simbolismo gallego de su liderazgo.
- El PP de Madrid, con Ayuso al frente, ya ha activado 29 candidatos municipales de cara a mayo de 2027, como si la cita estuviera a la vuelta de la esquina.
- La «moción de censura instrumental» —una fórmula inédita en la práctica reciente española— se ha instalado en el lenguaje político con una naturalidad que hace apenas un año hubiera sonado extravagante.
- La combinación de proclamaciones anticipadas, presión en el Senado y mensajes sobre «decencia» e «instituciones limpias» ha convertido el adelanto electoral en una expectativa psicológica instalada ya en el verano de 2026, más que en una simple hipótesis de trabajo.
Si Sánchez decide adelantarse —en cualquier ventana entre el otoño de 2026 y la primavera de 2027—, el PP aspira a llegar con el motor ya en marcha. Si no lo hace y la cita se resuelve en el calendario natural de mayo de 2027, Feijóo confía en que toda esta preparación se lea como orden y no como nerviosismo.
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