El lema de Pedro Sánchez: «El cambio climático mata»

El lema de Pedro Sánchez: "El cambio climático mata"

Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España, anuncia su no asistencia a la primera sesión de control del Gobierno tras la catástrofe natural ocurrida en Valencia. El motivo es su asistencia a la cumbre del Clima que se celebra en Baku, capital de Azerbaiyán. Al parecer los 223 muertos y 78 desaparecidos que van a día de hoy, no son suficientes como para dar prioridad a otra proclama más sobre el cambio climático, en la que nuestro Presidente quiere dar la nota de nuevo, ya que se presenta con el lema: “El cambio climático mata”, dijo él hace pocos días.

Intuyo que la intervención que llevará preparada, si le permiten decir algo, porque a estas alturas no me extrañaría que lo ningunearan como ya ha sucedido en ocasiones previas, se centrará en los valores morales y pseudoreligiosos que tiene la preservación del medio ambiente. Nos tratará de convencer de que la naturaleza es un entorno moral positivo con el que debemos convivir en armonía. Es decir, hará una alegoría a la Pachamama, que él sin saber quién es o qué significa este término lo venerará. Para sacarle de su ignorancia, se lo voy a explicar: la Pachamama, Madre Tierra, era la diosa de la tierra y la fertilidad, constituía una auténtica divinidad agrícola que se concebía como la madre que nutre, protege y sustenta al ser humano. Así la veía el pueblo Inca precolombino. Después de este momento casi místico, señor Presidente le voy a pedir que volvamos a la realidad: si a la Pachamama no se la controla con los medios que tenemos, esa sí que mata. La gota fría como ha sucedido ahora en Valencia es un fenómeno recurrente que sucede todos los años, repito señor Presidente, todos los años, y por eso mismo hay que poner medios para minimizar sus efectos.

La culpa de desastres naturales, como el que estamos viviendo en la actualidad, tampoco es culpa de la actividad humana. En ciertas ocasiones sí podría ser debido a desarrollos urbanísticos negligentes y a descuidos humanos. Pero en general, la actividad del hombre, el efecto antrópico, es beneficioso. ¿Qué habría sucedido si no se hubiese desviado el cauce del río Turia en el año 1957?, por ejemplo.

Un problema añadido es el de la agencia meteorológica que se dedica a dar predicciones del tiempo, que, en muchos casos, demasiados, alertan de situaciones que luego en realidad quedan en nada. ¿Conoce usted señor Presidente el cuento de Pedro y el lobo? ¿no?, pues yo se lo recuerdo brevemente. Pedro era un pastorcillo jocoso que cuando salía con sus ovejas a pastar se aburría más de la cuenta. Un día decidió gastar una broma a los habitantes de su aldea y empezó a gritar: ¡Socorro! ¡ayuda! ¡que viene el lobo! Los aldeanos corrieron en su ayuda, pero vieron que Pedro estaba en el suelo muerto de risa. El pastor repitió la broma varias veces hasta que los aldeanos se cansaron de él, y a la siguiente vez que pidió ayuda porque se aproximaba un lobo de verdad, nadie fue a socorrerlo. De esta manera, Pedro perdió varias ovejas. Con las famosas DANA pasa lo mismo, antes había una gota fría al año, ahora antes de que suceda se anuncian distintas DANA que normalmente se quedan en borrascas fuertes o ni eso. Por lo tanto, los vecinos pierden el miedo ante la alerta y se relajan. Muchos de los de los pueblos afectados lo han dicho estos días ante las cámaras: “Minutos antes de la riada estábamos con el perro paseando”, en el mercado o en la peluquería, da igual.

Y mire señor Sánchez, antes de escucharle defender la Agenda 2030 como el programa a seguir para solucionar todos los problemas de la humanidad, que es lo que va a hacer usted en Baku, yo le voy a contar otra historia. En los albores del siglo II de nuestra era, el río Tíber, el que pasa por Roma, sufría importantes desbordamientos que provocaban daños materiales, e imagino que humanos, considerables. El emperador hispano Trajano, nacido en Santiponce en la provincia de Sevilla, decidió construir un canal que fue conocido como Fossa Triana, hoy en día es el canal Fiumicino. Así pretendió compensar las subidas del río y favorecer la navegación del mismo. La medida no fue suficiente, pero supuso un primitivo plan hidrológico pensado para la mejora de la ciudad.

Y ahora me pregunto yo, ¿si Trajano en el siglo II ya conocía la agresividad de la naturaleza y puso los medios que tenía para contrarrestarla?, ¿cómo es posible que hoy en día nos descuidemos de una forma tan alarmante para controlar el cauce de los ríos, los barrancos y las rieras? ¿Sabe que es lo que ha aparecido en la desembocadura de estos accidentes naturales?, toneladas de cañizo, ramas, troncos y broza. Eso es lo que se ve hoy en las playas de Valencia, en la desembocadura del río Turia y en la rambla del Poyo.

Ahora le voy a contar por qué ha sucedido esto. Pero antes le pongo en antecedentes. En 2016 se firmó por parte del delegado del Gobierno y del presidente de la Confederación Hidrográfica del Júcar el Plan Conjunto para la conservación de los cauces y barrancos. La finalidad fue la de evitar incendios e inundaciones en Levante. ¿Conoce la respuesta que dio a este Plan su Ministerio de Transición Ecológica en 2023? La respuesta fue que se debían respetar los cauces para seguir “valores medioambientales y naturales de dominio público” y, por lo tanto, invocaban al “principio de mínima intervención”. Agenda 2030 de nuevo con mortífero resultado.

El Ministerio de la señora Teresa Ribera decidió no hacer nada. Mire señora ministra, España es un país que tiene poco que ver con los de Europa central en lo que se refiere a orografía. Precisamente por la peculiaridad de nuestro relieve tenemos más azudes, contenciones de río, ramblas y barranqueras que en otros países. Estos accidentes geográficos, naturales o realizados por el hombre, son los que llevan ustedes destruyendo durante los últimos años. Sólo para decir en Europa que somos los primeros en cumplir con las premisas de la abyecta Agenda 2030. Premisas que deben ser, en cualquier caso, declarativas, nunca ejecutivas, luego cada país es soberano de tomar las decisiones que estime oportunas. Y en esta materia lo que ustedes tienen que hacer es exponer la singularidad orográfica española para justificar las construcciones que hagan falta en cada zona de nuestro país. La conservación de la naturaleza nunca debe estar por encima de la conservación del ser humano. Espero que, al menos, comparta esto conmigo señora Ministra.

Le voy a dar varias pistas de por dónde debería ir su discurso y el del Presidente, en caso de que tuviesen la ocasión de poder hablar y ganas de querer defender los intereses de todos los españoles. Si ustedes abandonan el mantenimiento del cauce de los ríos están creando un impedimento frente a una riada. Casi todos los embalses, aunque sean pequeños, tienen un efecto mitigador esencial para las riadas. El ejemplo más claro y cercano que tenemos es el de la presa de la Forata -construida en 1969-, sujetó un caudal de 2.000 metros cúbicos por segundo el pasado 29 de octubre, de no haber existido la presa, los daños habrían sido mucho mayores de los que estamos viendo.

Y sigo con las pistas para su intervención. Un cauce que no está limpio, es decir, que tiene exceso de vegetación, de cañizo, lo que provoca es la reducción de la velocidad del caudal y al discurrir el agua más despacio, cuando está lloviendo lo mismo, el cauce se desborda. Es algo elemental, no hay que ser científico para entender esto. Cuando estos cauces sucios, atraviesan municipios, como ha ocurrido ahora, pasa lo que ha pasado que se desbordan de forma rapidísima al no fluir el agua con la rapidez que debiera.  Es más, y se lo dice un ferviente defensor de la flora y fauna ibérica que lo soy desde que, de pequeñito, el doctor Félix Rodríguez de la Fuente me cautivó, apuesto incluso por realizar obras de hormigonado en determinados cauces que por su peligrosidad atraviesen zonas urbanas y corran un peligro evidente de desbordamiento frente a futuras gotas frías. Porque esa es otra cuestión señora Ministra, y no es producto de ningún cambio climático, la gota fría seguirá sucediendo por muchos coches eléctricos que obliguen ustedes a fabricar y, a medidas estúpidas y analfabetas de ese estilo que quieran imponer.

Para terminar, sólo le aclararé una cuestión porque a mí nunca me ha gustado imponer mi criterio sin al menos justificar lo que digo. La gota fría seguirá existiendo en el Mediterráneo español porque es un fenómeno natural que sucede cuando el calor de los meses estivales provoca la evaporación del agua del mar. En los años más calurosos la evaporación aumenta y este año en particular ha sido muy alta. Por lo tanto, cuando entran frentes fríos, esa agua evaporada se descarga en otoño en forma de grandes volúmenes de agua muy rápidos. Eso es la gota fría.

Espero y deseo que los argumentos les sean prácticos en su defensa de los intereses de todos los españoles y, además, para que un número tan alto de víctimas sirva de cambio de mentalidad y se tomen las medidas oportunas y contundentes que hacen falta, empezando por la confección de un Plan Hidrológico Nacional serio y acorde con las necesidades actuales.

 

José Carlos Sacristán (colaborador de Enraizados).

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