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“Vamos a contar mentiras (3)”

Luis XIII… y medio

“Vamos a contar mentiras (3)”

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Quedó claro, o eso creo yo, que nuestro actual Régimen no tiene Constitución; tampoco Parlamento; ni Elecciones.

Vamos con otras dos: ¿qué es un Partido Político? Un conjunto de personas que se asocian para alcanzar, dentro de la Ley, unos objetivos, en función de su ideología o sus intereses. Establecen después unas normas de funcionamiento, eligen, de entre ellos, a los que creen más capacitados para dirigirles y, finalmente, echan a andar.

O sea, han de ser organizaciones construidas desde  abajo hacia arriba o poco tendrán de Partidos.

¿Qué sucede realmente en España? Pues que quieren convencernos de que un Partido es algo que funciona a partir de un señor que, a codazos, se ha hecho el amo de las siglas correspondientes y, tras copar los órganos directivos con fieles mastines, hace y deshace a su antojo. O sea, exactamente lo contrario. ¿A algo así se le puede llamar Partido Político? Muchas tragaderas me parece que hay que tener para aceptarlo.

Lo que nos lleva al concepto de democracia. La propia palabra lo deja claro: el Poder en manos de la población. Ese es el primero de sus tres pilares; el segundo nace de que ese Poder no puede ejercerse de modo directo y, por lo tanto, la ciudadanía ha de delegar, mediante Elecciones libres, en personas y Partidos que, en su nombre, legislen y gobiernen; la tercera de sus columnas consiste en la necesaria separación de los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, que deben vigilarse entre sí para evitar abusos.

Tres columnas sí; tan fundamentales que, con una sola que falle, adiós democracia.

Pues resulta que, en España, fallan las tres.

La separación de Poderes aquí no la vemos por ninguna parte: el Ejecutivo legisla y, cada vez en mayor medida, controla el Judicial. Empezamos bien.

Elecciones, ya hemos visto que, por el momento, no han hecho acto de presencia. Ni se las espera.

Si después de eso, todavía queda alguien sin enterarse de que la soberanía está, lisa y llanamente, en poder, ni siquiera de los Partidos, pues tampoco hay mucho de eso por aquí, sino de los amos de esos llamados Partidos, que todavía es peor…

¿Dónde está el truco? Pues, como de costumbre, en la perversión del lenguaje: intentan hacernos creer, y generalmente lo consiguen, que democracia es lo mismo que, tolerancia, civilización, convivencia, respeto a las opiniones distintas de las nuestras…

¡Mentira vil! Esas loables virtudes, todas ellas, son de carácter social y nada más que social; no tienen nada que ver con la Democracia que, como su nombre indica, es un Régimen político que determina cómo se alcanza el Poder, como se ejerce y, eventualmente, cómo se pierde. Nada más. Y nada menos.

¿Verdad que se ve claro ahora? ¿Quién no se niega a alabar, a desear, tolerancia, civilización, buenas maneras…?

A través de ese engaño, ya nos han colado, por la puerta de atrás, un Régimen en el que el Poder está en unas pocas manos, en el que no hay Elecciones dignas de ese nombre y, no menos grave y aterrador, en el que el Legislativo no existe y del Judicial, como Poder independiente que debería ser, cada vez queda menos parte de él no sometido.

¡Vamos, que nos la están jugando a modo!

Pues eso, y no otra cosa es lo que tenemos.

Eso y no otra cosa es lo que nos está aplastando.

¿Es posible salir de ésta?

Teóricamente, desde luego que sí. Sin embargo, la realidad a nuestra vista no nos permite concebir muchas esperanzas.

Argentina, al parecer, está empezando a conseguirlo: aquella gente ha sido capaz de dar la vuelta al Sistema, como si fuera un calcetín, aprovechando inteligentemente ese mismo Sistema: mediante unas Elecciones se ha puesto en manos de un señor que, de momento, les está sacando del pozo en el que los sumió el mal llamado socialismo.

¿Seríamos capaces de conseguir algo aquí?

Muy difícil lo tenemos; al borde de lo imposible.

Reza así un sabio proverbio chino: “Aún el camino más largo ha de empezar con un breve y sencillo paso”

O lo damos o, aquí, los únicos pasos que seguiremos dando, serán todos hacia el abismo.

Luis XIII… y medio

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