En estos días en los que Pedro Sánchez Pérez-Castejón quiere chantajear a la Prensa independiente con el señuelo de la publicidad institucional y las subvenciones para la digitalización, retorciendo a su favor el Reglamento Europeo de Libertad de Medios de Comunicación de la Unión Europea (UE), dirigido a fortalecer y proteger el periodismo profesional, e involucrando torticeramente a las organizaciones de periodistas, las tertulias de radio, televisión y redes sociales no paran de hablar del asunto.
Parece propicio puntualizar algunas cosas que no se dicen, se ocultan o se ignoran. Actualmente, en España y en la práctica totalidad de los países de democracia liberal, excepto Italia, el ejercicio del periodismo es libre y, en consecuencia, quien lo ejerce no necesita título académico y mucho menos habilitante. En Italia, la profesión empezó a tener una cierta normativa en 1877 y adquirió su mayor regulación en marzo de 1925, ya con Benito Mussolini en el poder y la creación de la Ordine dei Giornalisti, encargada de otorgar el título (carné) habilitante para ejercer este viejo oficio menestral. Posteriormente, en febrero de 1963, se aprobó una ley que canceló todo lo que quedaba del fascismo en esas normas, pero la Ordine dei Giornalisti continuó y continua con la potestad de otorgar el carné de prensa a quien cumpla determinadas condiciones y, en consecuencia, siendo obligatorio para los medios de comunicación contratar a esos habilitados para ejercer labores periodísticas.
En España hay que exceptuar las dictaduras de Primo de Rivera y Franco. En esta última fue necesario tener un carné para ejercer de periodista, que determinaba también su remuneración mínima. Carné que autorizaba la Dirección General de Prensa del Ministerio de Información y Turismo y entregaba la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), fundada en Santander el 19 de mayo de 1922 e integrada por las diferentes asociaciones profesionales españolas de aquél entonces. El carné era automático para todos los licenciados por la Escuela Oficial de Periodismo, creada en 1941 y dependiente del Ministerio de Información y Turismo. Posteriormente se constituyeron el Instituto de Periodismo del Estudio General de Navarra (1958) y la Escuela de Periodismo de la Iglesia (1960). Quienes no habían obtenido el título en uno de estos centros podían acceder al carné si demostraban que habían ejercido de periodista un número mínimo y determinado de años en un medio de comunicación autorizado y había tenido ingresos suficientes y recurrentes para vivir de esta profesión. Cumplidos ambos requisitos, el Ministerio tenía la potestad de aprobar o no dicho carné, siempre expedido por la FAPE. Más tarde, el 14 de septiembre de 1971, se publicó en el BOE un Decreto por el que se regulaban los estudios de Ciencias de la Información, estableciéndose que “Las Facultades de Ciencias de la Información podrán impartir las enseñanzas correspondientes a Periodismo, Cinematografía, Televisión, Radiodifusión y Publicidad”. El 16 de octubre de 1971 el Ministerio de Educación y Ciencia promulgó el Decreto de creación de la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Posteriormente y con distintos nombres se crearon docenas de Facultades, públicas y privadas, de esas enseñanzas, en vista del negocio en matrículas que suponían estos estudios, engañando o no diciendo a los estudiantes que para ejercer de periodista en España ya no hacía falta titulación, sino que dependía del criterio del editor. La oferta universitaria aumentó exponencialmente y en paralelo la demanda estudiantil, pero la propuesta de puestos de trabajo fue en sentido contrario, provocando lo lógico en estos casos: que el periodista esté mal pagado o trabaje gratis, y que las colas de titulados en busca de ocupación aumente hasta el paroxismo. Facultades a rebosar, muchas fusionadas con otras disciplinas hasta prostituir y difuminar la enseñanza del grado; medios de comunicación disminuyendo, y los que subsisten pagando menos del salario mínimo a quien tiene un título superior. Un buen negocio para las dos partes y la ruina y el engaño para quien de verdad quiere ser y ejercer de periodista. Hoy día vivir del sueldo de periodista es imposible para cualquier joven.
En todo este largo periplo histórico, en cada ciudad donde había medios de comunicación fueron naciendo Asociaciones de la Prensa, siendo la de Madrid (febrero de 1895, aunque no fue hasta el 31 de mayo de 1895 cuando se constituyó formalmente con 173 asociados) la sexta más antiguas de España -después de la Liga de la Prensa Malagueña, 1877; la Asociación de la Prensa de Alicante, 1882; la Asociación de la Prensa de Málaga, 1884; el Sindicato de Prensa de Valladolid, 1886, y la Asociación de Periodistas de Barcelona, 1889-, y la mayor y más influyente organización de periodistas, teniendo entre sus asociados y directivos a personalidades de relieve nacional e internacional como Miguel Moya, su primer presidente; José Francos Rodríguez, Alejandro Lerroux, Carmen de Burgos -Colombine-, Vicente Blasco Ibáñez, Valle Inclán, Azorín, Concha Espina, Manuel Chaves Nogales, Josefina Carabias, Camilo José Cela, entre otros muchos. Estas instituciones, de carácter privado y voluntario, eran y son asociaciones profesionales de periodistas, regidas por principios de democracia (excepto en el franquismo), pluralismo, transparencia y participación, cuyos objetivos básicos son la defensa de las libertades de información y expresión, la promoción del buen ejercicio profesional del periodismo y la preocupación por el bienestar de sus socios. La Asociación de la Prensa de Madrid (APM) tuvo como propósito fundacional defender los derechos de los periodistas, tanto en el terreno laboral como en el profesional, y atender sus necesidades básicas: asistencia médica, botica y economato. Algunas las sigue teniendo en la actualidad y otras son nuevas, como la formación y el empleo (Programa Primer Empleo), el servicio jurídico y fiscal, las publicaciones editoriales, la labor cultural y el acceso al singular Archivo, el más importante de historia del periodismo español.
Con la creación de las Facultades antes citadas, en varias Comunidades Autónomas, empezando por Cataluña, se crearon Colegios de Periodistas y se cerraron Asociaciones de la Prensa, aunque algunas conviven en el mismo territorio o, como sucede en Madrid con acierto y sentido práctico, no se ha creado el Colegio de Periodista de Madrid. La fundación de estos Colegios ha sido y es una verdadera estupidez porque, al no ser necesario el título para ejercer de periodista y, en consecuencia, la titulación y colegiación obligatoria, los diversos Colegios de Periodistas que han nacido como setas han abocado al cierre a históricas Asociaciones de la Prensa, han servido a varios trepas para encamarse en ese territorio con el poder político, perjudicar y dividir a la profesión, y enfrentar a unas instituciones contra otras. Actualmente ningún Colegio de Periodistas está en FAPE y varios se integran en la Red de Colegios, pero no todos (Cataluña y Aragón, entre ellos) porque no están de acuerdo con algunas normativas y abogan por no reconocer los másteres y que no puedan ejercer el periodismo los que no estén graduados o licenciados en Periodismo o Comunicación. Brindis al sol para un oficio que, repito, no necesita en España de titulación.
Lo de divide y vencerás lo practican con deleite y desde tiempo inmemorial los distintos gobiernos, y por eso Sánchez lo quiere seguir haciendo con nuevos trucos, ya que imponer el carné profesional de periodista, la titulación y la consiguiente colegiación es asunto en el que la UE no transige, partidaria de suprimir la colegiación obligatoria en muchas profesiones que ahora la tienen.
Los buenos Editores, base de todo buen medio de comunicación y cada vez más escasos (en la época gloriosa del periodismo patrio se decía que no había buenos periodistas sin buenos editores, ni buenos editores sin buenos periodistas), prefieren en sus Redacciones a periodistas con vocación que tengan un título superior universitario en cualquier rama del saber y. además, un posgrado en periodismo expedido por una institución de prestigio, antes que un título en periodismo por cualquier Facultad de nombre anfibológico que lo expida al por mayor. Y eso es para mí lo ideal,