osé Luis Rodríguez Zapatero (Valladolid, 4 de agosto de 1960) y Pedro Sánchez Pérez-Castejón (Madrid, 29 de febrero de 1972) son los dos últimos presidentes de Gobierno que ha tenido España del PSOE. ¿Son el ADN de este partido que aún se llama socialista obrero español o dos accidentes en el prometedor camino que inicio con Felipe González Márquez y Alfonso Guerra González tras el Congreso de Suresnes (11 y 13 de octubre de 1974) y la renuncia al marxismo propuesta por González y aprobada en el congreso extraordinario de septiembre de 1979?
Veamos: Zapatero alcanzó la silla gestatoria de Moncloa después de ganar sorprendentemente las elecciones generales de 2004, tras los pavorosos atentados terroristas islamistas de Madrid del 11 de marzo de ese año, cuya autoría ocultó y negó el saliente gobierno de José María Aznar López, y desde el primer día empezó a cavar trincheras entre la derecha y la izquierda para resucitar las dos Españas, acabar con el espíritu de pacto y perdón que hizo posible la Transición y vengar el golpe de Estado de Franco; avaló el pacto del Tinell para un gobierno independentista y de izquierdas en Cataluña que excluía a la derecha de todo tipo de acuerdos, y después lo aplicó él en el resto de España. Prometió solemnemente en el Palau Sant Jordi de Barcelona, ante cerca de 20.000 personas, que apoyaría la reforma del Estatuto que aprobase el parlamento regional, texto que siguió defendiendo y excitando a los secesionistas después de que el Congreso, y especialmente la Comisión Constitucional que presidia Guerra, “pasase la garlopa” por varios artículos inconstitucionales y, en palabras del propio Guerra, (la Comisión) “ha cepillado el Estatut catalán como un carpintero”, y el Tribunal Constitucional recortase más tarde varios artículos en sus aspectos más groseramente inconstitucionales. Defendió el término nación para Cataluña y definió a España como una nación de naciones, a pesar de que el TC dijo en un mensaje nítido que no hay más nación soberana que la española.
Esta primera Legislatura se centró, pues, en grandes y demoledores debates políticos en torno a los derechos civiles y sociales, el modelo territorial, la negociación con ETA y la nefasta ley de memoria histórica. Su segunda y última la marcó la crisis económica internacional, que se llevó por delante todos los proyectos del Gobierno y la convirtió en los “años de crisis”.
Como ha escrito Jon Juaristi Linacero, “… el PSOE en su conjunto se convirtió en un cáncer maligno bajo Zapatero y desde entonces no ha hecho más que crecer, necrosando eficazmente, para empezar, todo el tejido conjuntivo de la nación española”.
Después de sus dos mandatos, Zapatero se convirtió en asesor especial con relaciones inconfesables y paladín internacional de la dictadura venezolana, habiendo participado activamente en el último y descarado fraude electoral de ese país como jefe de los observadores internacionales escogidos por el cónclave criminal venezolano que asesina, roba, extorsiona y preside Nicolás Maduro Moros. ¡Un expresidente del Gobierno de España enredado en negocios inconfesables con una dictadura asesina!
Pedro Sánchez Pérez-Castejón supera a su maestro y asesor especial. Tras vengarse de la veterana y espléndida dirigencia socialdemócrata del PSOE que le cesó como secretario general por querer romper la tradición iniciada tras las primeras elecciones democráticas de dejar gobernar al partido ganador, aunque no tuviese la mayoría absoluta, sigue aliándose con todo tipo de morralla, sea independentista, populistas bolivariana, filo terrorista o xenófoba, para mantenerse en el poder y no soltarlo a ningún precio, aunque sea la unidad de España y la igualdad entre españoles. La mentira, el engaño, la creación de muros entre españoles, excluyendo y dañando a todo el que no esté con él, profundizando en el odio a través de la ley de memoria democrática, y la apropiación de los tres poderes del Estado es su meta. Somete con lacayos comprados el Legislativo y el Ejecutivo, los órganos del Estado que deberían ser contrapoder y varias empresas públicas y privadas, entre las que están los medios de comunicación EFE, RTVE, El País y La Ser.
Con todo controlado se dedica a desprestigiar al Poder Judicial, el único al que no ha podido someter pero con el que libra una continua guerra fría, tensa las costuras del tercer poder del Estado y le humilla constantemente a través de una Fiscalía General y un Tribunal Constitucional dirigidos por correveidiles y convertido ilegalmente este último en tribunal de casación del Tribunal Supremo. Ha concedido el indulto a los protagonistas de un golpe de Estado en Cataluña, aprobado una Ley de Amnistía elaborada por y para esos mismos delincuentes que respira inconstitucionalidad por todos sus artículos, pactado entre el PSC-PSOE y ERC un acuerdo fiscal para Cataluña por el que el Estado cede a esa región el 100% de los impuestos, IRPF incluido, que tiene más de 20 puntos inconstitucionales, y para terminar de reírse de los españoles y que su mujer, su hermano y resto de familia nuclear y política sigan haciendo negocios, enriqueciéndose a costa del contribuyente y despreciando las leyes, la ética, la moral y la decencia, Sánchez pactó con Puigdemont su entrada en España y la burlesca actuación del prófugo en Barcelona durante la investidura de Salvador Illa Roca, ordenando al CNI y a las fuerzas y cuerpos de seguridad que se incumpliera la orden de detención contra el golpista, humillando al Estado y haciendo de España un hazmerreir internacional. Un cohecho de libro de tres gobiernos, central, autonómico y municipal, que espero que algún juez con dignidad, pasión por la justicia y resistencia numantina abra diligencias por respeto al estado de derecho.
Ambos, Zapatero y Sánchez, ¿son representantes genuinos del PSOE o una desgracia para España y para el partido socialdemócrata creado por González y que fue pilar, junto con el PP, de la España constitucional?