Invertida

La Invencion de la Realidad

La dictadura de las minorías se impone en una España Woke

La Invencion de la Realidad

En el devenir de los días parece que lo fantástico, lo imposible, lo inverosimil ha tomado el pulso a la realidad, de una nueva realidad, inventada por un hombre y una mujer. España se ha convertido en una isla donde el Doctor Castejón ha creado un gobierno imaginario donde los humanos imitan a los transhumanos subvirtiendo el comportamiento legal y creando un universo falsario de repúblicas forales agrupadas bajo una federación de testaferros ilegales de la representación popular.

La democracia se ha convertido en una repetición de sí misma, una especie de tautología que dice que la democracia es el ejercicio en el poder de los demócratas. Ya lo hemos vivido. Mussolini fue elegido democráticamente, Hitler… Chávez y Maduro en Venezuela, Ceacescu en Rumania y Ortega en Nicaragua también, y por supuesto Stalin y tantos otros que se encarnaron la democracia hasta el punto de convertirse en indisoluble en sus propios cuerpos.

La maquinaria electoral crea monstruos y los votantes son solo las piezas de un dominó que empujan a otras piezas a caer de una manera simbólica, una tras otra, en un infinito recorrido. La democracia se perpetúa a si misma porque existe alguien que la convierte en pura retórica.

En el buenismo social se suplanta el pensamiento individual dejando al margen y extinguida la libertad de expresión, los sentimientos contrarios. Ahora toca hablar de odio, y mañana de ¿inquina, encono, rabia o tirria?. ¿Es el odio un pensamiento malsano?. Tipificar la antipatía, la aversión, el rencor como delito supone un ejercicio para retorcer la justicia. Odiar es justo o ¿es que se va a legislar la tentativa del pensamiento?, contra el brocardo  del derecho romano Cogitationes poenam nemo patitur. ¿Hasta que punto pensar es sinónimo de delito? y, si se habla de odiar a este gobierno ¿es una invitación a la violencia? y si se escribe que odiamos a Pedro Sánchez ¿nos pueden juzgar?. Pues bien, odiamos a Sánchez y a sus eruditos odiadores “a la violeta» del PP, de Sánchez.

Existe un momento en el que la sociedad española se ha convertido en inversa, una sociedad invertida como los viejos invertidos de antaño, ahora en forma generalizada. Ahora es políticamente correcto ser transexual para evitar ser acusado de ¿sexista?, admitir los delitos de los inmigrantes ilegales y esconder su nacionalidad para no ser ¿racista?, acusar a los asesinos salafistas de sus delitos para no ser ¿islamófobo?, apoyar a las lesbianas para ser exquisitamente ¿feminista?, no comer animales para no ser ¿caníbal?, no comer plantas para no destruir la ¿biodiversidad?, practicar abortos y vasectomías para no ser acusado de ¿fascista?, apostar por la masturbación, el abandono de la paternidad y la maternidad para no ser acusado de ¿antisistema?.

La dictadura de las minorías se impone en una España Woke, con una Constitución moderna, la Agenda 20/30 que sostiene que los derechos de los ocupantes ilegales de las viviendas prevalecen sobre los de sus legítimos propietarios, que premia al ladrón porque contribuye al reparto de la riqueza, que valora al parricida porque acaba con el patriarcalismo rampante, que reparte la riqueza gastando más en un inmigrante irregular que en la pensión mínima de un español, que defiende que ser padre es contraproducente y madre discriminatorio, incómodo y excluyente respecto con quienes no son padres o madres. Son los nuevos derechos de la agenda del G7, y los deberes ¿dónde están?. Acabar con el trabajo porque el trabajo mata. Los derechos son de izquierdas, los deberes de derechas y el progreso que no es sinónimo de avance puede adoptar dos direcciones, una al futuro y otra a la extinción de la humanidad. Tener hijos es egoista, la familia catolicismo, pero conquistar occidente con el vientre de las mujeres musulmanas es ser generoso y solidario, y además la poligamia una expresión de multiculturalidad, y la ablación de clítoris es inevitable. El mundo al revés.

A fuerza de repetir la canción, el estribillo se asume como algo propio, sin contenido, solo queda la cadencia de la repetición, una simulación de lo que fue en origen la cultura. Castejón es el operador que carga las bobinas del proyector democrático para que los espectadores observen siempre el mismo itinerario de los actores, las mismas acciones sobre una trama perpetua. Nadie puede escapar de este cine irreal que muestra una y otra vez, con parsimonia, la misma trama. El federalismo es inevitable y el confederalismo y la desigualdad también.

Como en la Invención de Morel, se realiza una ingeniería social que ha sustituido a los electores por meros comparsas consumidores del opio del pueblo. Todos drogados por las ayudas económicas, las palomitas, por las promesas ilusorias del sátrapa que pregona el sexo sentido como identidad política, como la verdad de la entrepierna. Ahora a los profesores se les enseña a abrazar árboles. La responsabilidad social consiste en dar masajes a las vacas y meter sus pedos en un sistema de economía circular, al mismo tiempo que se recogen las cacas de los perros con bolsas de plástico reciclable. El perro de Sánchez, la mascota de Iglesias.

Existen muchas islas, no necesariamente formadas por pedazos de tierra rodeadas por el mar, existen islas mentales, y… lagunas mentales que ocupa la memoria histérica… donde las personas viven aisladas, ajenas al futuro, sumidas en la rutina de vivir día tras día la misma sensación, ser comparsas de la historia que caerá sobre sus exiguas cabezas de ganado. No existen cunetas al lado de los caminos, como los burros con anteojeras, solo podemos tirar del carro de la historia.

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