La ideología bastarda, que se extiende por el globo con un anglicismo, y que reclama despertar, no solicita del creyente que ande despierto si no que ande sonámbulo, confundiendo realidad y fantasía, imaginación e identidad, delirio y cordura, discernimiento y confusión, razón y error.
Se trata de la cultura del insomnio, y así andan sus huestes como sonámbulos como si hubieran sido hechizados por una suerte de baile de San Vito, los enfermos mentales que imitaban a otros que sufrían la corea de Sydenham. La histeria colectiva se apoderó de masas humanas en Europa en brotes epidémicos que asolaron Aquisgrán en 1374, y se extendió y repitió en numerosas ciudades, algunos bailando hasta morir de inanición como si hubieran consumido el gas de la risa; un brote muy notable se produjo en la epidemia de baile de 1518 en Estrasburgo. No en vano, Estrasburgo es la sede del Parlamento Europeo. Y sigue con su tradición. Paracelso la denominó coreomanía y se asoció, falsamente, con la picadura de la tarántula, dando lugar a la tarantela.
No confundiremos mas al penitente lector con un anglicismo, como si el lenguaje fuera un recurso al modo sanchista, para dignificar lo indigno, vistiéndolo de la lengua del imperio, para hacer de lo vulgar, metáfora de genio, para ennoblecer la cultura marica como si fuera algo exótico y no expresión de decadencia, y como si el marica no tuviera nada de que avergonzarse, sea el SIDA o la viruela del mono.
El enaltecimiento de la humillación y la sumisión no pueden ser títulos de crédito para justificar la trata de blancas y el puterío, o para justificar la conducta de las hordas que acuden como posesas al concierto de una puta intocable, que se lucra en un escaparate, como en los escaparates de Bruselas pero esta vez en plaza pública, suscitando envidia de hembras y lascivia de machos.
El vedetismo de las primas Estrada era ennoblecedor, en comparación, incluso en la versión bruta de Ricardo Cantalapiedra. Aquella vulgar procesión que escenificaba la vulva, el reducto íntimo de la antes virgen, la consigna del coño al poder de la ordalía feminista, la puta impúdica en concierto. No hay que nombrar a ninguna. La ordalía que era la expresión del juicio divino de la culpabilidad, sujeta a la interpretación del interprete germántico, y hoy es testigo del discapacitado machista. La ordalía era la venganza del macho al adulterio de la mujer. El carácter mágico e irracional de las ordalías como medios probatorios fue substituido, finalmente, por la tortura.
La imbecilidad ni puede inducir escándalo, ni piedad. Si representa una amenaza, no es a la moral, sino a la inteligencia a la que insulta con el lenguaje del escolar de primaria del caca, culo, pis, el epítome del imaginario infantil donde lo mas insensato que entonces se le ocurría al escolar era decir que no había nada mas pecaminoso que pegar a un cura con un calcetín sudado.
No verá el lector en estas líneas, para su embaucamiento, mas anglicismos. Ya hemos soportado hasta el vómito que se diga jól en lugar de zaguán o que se diga puzle en lugar de rompecabezas, o que se ignore que tenemos términos descriptivos de múltiples bollos del desayuno sin posible traducción al inglés, como trenza, bayonesa, hojaldre, o milhojas, o el aceptado cruasán. O para el caso, que se diga concierto fiscal, donde debe decirse cupo vasco-catalán criminal, fiscalidad en lugar de expolio y confiscación de bienes del ciudadano, y negociación de la paz en lugar de aval de la dictadura por el falsario Zapatero. Es el tipo de nominalismo sociata que nos condena a la ruina.
El colmo de los colmos es referirse con un anglicismo a lo que en español se denomina paparrucha: «Noticia falsa y desatinada de un suceso, esparcida entre el vulgo». Esta cultura insensata asola como la vieja coreomanía el continente. No hay nada de paparrucha en la actualidad noticiera. Mientras crecen los apuñalamientos, la ertzaina decide no perseguirlos porque son delitos leves salvo que sean por violencia de género, la ministro del interior de Starmer decide reducir la longitud del cuchillo, Francia sufre un atentado antisemita y los mossos se esmeran en Barcelona, con un apuñalamiento al día cada tres horas, en confiscar armas blancas y consagrar la especie sanchista del lobo solitario, el enfermo mental o discapacitado, que reclama amor y reconocimiento bajo amenaza. Ocultar la información alimenta la ira del ciudadano y los bulos sanchistas. La policía de Scholz se desvive por negar la obviedad, haciendo de facto apología del terrorismo, que se significa por el movimiento yijadista el mismo día de la detención del agresor asesino de once víctimas con una marcha multitudinaria de acólitos propalestinos del esclavista Mahoma, rezando ante la catedral de Núremberg (https://www.thereligionofpeace.com/index.aspx), la última semana 24 ataques yihadistas, 109 muertos, 74 heridos, y 1 explosión suicida en 12 países. Y Sanchez con su demencial política migratoria, acogiendo a analfabetos y yihadistas.
El islam es una herejía arriana del cristianismo, ocultada durante siglos, que no atribuye responsabilidad al creyente, que como miembro de su tribu, está dispuesto al sacrificio de inmolarse por Allah, a cambio del paraíso. Es el resultado del veneno infundido por el emperador Constantino en el concilio de Nicea del año 325, que afirmó la divinidad de Jesús, la doctrina de la redención, y el dogma espúreo de la Trinidad. La negación de sus orígenes por el islam, se manifiesta en la destrucción sistemática de vestigios históricos previos a su implantación, y acreditan su voluntad de poder, siempre a través de la violencia, frente a esas antiguas potencias en forma de sumisión en Francia, de ficción en Alemania, de confusión entre deseo y realidad bajo la noción de utilidad en el Reino Unido, de construcción de taifas y aplicación de la sharia en Bélgica, o de alimentación de la hidra de la drogadicción en los decadentes Paises Bajos, o de la quimera de la paz en la Suecia o Finlandia arruinadas. No hay paz sin armas. Europa no se sostiene sobre sus pies ante estas amenazas. Y los mamarrachos al frente gesticulan como si les importaran la muertes de sus ciudadanos, cuando avalan a sus asesinos.
Podrá silenciarse en los medios que no se trata de una guerra sucia de la barbarie islámica, cuando se trata de una guerra abierta que se impone a golpe de cuchillo, rezo y amenaza. La respuesta policial fracasa ante sentencias benignas y políticos venales. El ajuste a la realidad no consiste en acostumbrarse. Mucio Escévola dejó arder su mano izquierda ante los enemigos etruscos de Roma en prueba de que decía la verdad de que cada día hay mas jóvenes que prometieron la muerte a Porsena. No repitamos el error de no creer a Casandra.