NOS TOMAN POR IMBÉCILES

“¡También van contra el fútbol!”

Luis XIII… y medio

“¡También van contra el fútbol!”

El fútbol, esta gente ha corrompido:

de nuevo, división y enfrentamiento

pudriendo más y más el Reglamento

en busca de follón, pelea y ruido.

 

El desastre que padecemos (y lo que nos queda) comenzó el día en el que algún astuto asesor de Rodríguez Zapatero (porque a aquel pobre diablo que padecimos como Presidente no le creo yo capaz de discurrir tanto) le aconsejó que hiciera todo lo posible por provocar en la sociedad española toda la división y el enfrentamiento de que fuera capaz. Debía resucitar la Guerra Civil; crear de la nada dos bandos, sembrar el odio del uno hacia el otro…y el otro, que lo soporte como buenamente pueda.

El tal asesor sabía muy bien lo que hacía. La golfería necesita fanáticos y nada los fabrica más eficazmente que la lucha, la conciencia de que hay un enemigo al que hay que machacar porque, si no, será él el que te machaque a ti. Que eso sea cierto o no, es lo de menos. Hay un segundo motivo: necesita fanáticos por la sencilla razón de que la gente que discurre jamás les apoyará.

Zapatero, tan torpón como incompetente, hizo mucho daño, sí; pero no tanto como hubiera deseado, porque fue de chapuza en chapuza. Hasta para hacer el mal resultó ser un perfecto inútil.

Tras la anodina etapa Rajoy-puro encefalograma plano-llegó Sánchez; éste, tan listo como perverso, está llevando la estrategia hasta límites que sobrepasan cualquier nivel de vileza imaginable.

Pues bien, los directivos del fútbol, también, por lo general, golfos donde los haya, han tomado buena nota. Y llevan, los muy sinvergüenzas, una buena porción de años pervirtiendo normas y reglamentos en busca, también, de que los forofos, que ya los había (a esos no hace falta fabricarlos) se sientan cada semana agraviados, robados, irritados.. y si es a través de reacciones violentas, mejor que mejor. Eso, según ellos, producirá más interés hacia el fútbol.. y más ingresos, naturalmente. No van descaminados, eso hay que reconocérselo:  cuánto más se hable de algo, y mejor, si es para protestar y provocar debate, más espacio y tiempo lograrán en los Medios de Comunicación y, en consecuencia, se producirá un mayor interés social. Habrá, incluso, personas que no solían interesarse por el fútbol, que, atraídos por el lío montado, terminarán sumándose a la fiesta.

Veamos algunas muestras de tan siniestra táctica.

De siempre, cuando un  equipo va ganando y no queda mucho partido, es costumbre que pierda todo el tiempo posible: retrasará los saques, fingirá lesiones, protestará cada dos por tres…

Las diversas Federaciones nos sorprendían cada temporada con normas y más normas para evitar ese tipo de fraudes; pero, ni por asomo, tenían intención de ponerles fin. Todo lo contrario. Su ideal es que no faltara cada semana algún equipo perjudicado porque el árbitro hubiera pitado el final cuando se encontraba en situación ventajosa; de nuevo, bronca, follón, discusiones, insultos… ¡Justo lo que buscaban!

Cuando la cuestión lleva años más que solucionada; bastaría con imitar al baloncesto: allí, el reloj no se mueve mientras el juego esté también parado. Resulta imposible perder un solo segundo.

Vamos con otra: de toda la vida, el cuerpo del árbitro ha tenido la misma consideración que los banderines o los postes de las porterías. Si rebotaba en él algún balón, la cosa seguía y todo en orden. Pues no; ahora debe pararse el juego para que el árbitro devuelva el balón al bando que lo tenía antes del incidente. ¿Cabe estupidez mayor?

¿Qué buscan? Lo de siempre: que en algún partido tengan “la suerte” de que cuando mejor lo tenía un equipo, un inoportuno roce del balón con el cuerpo del árbitro, provoque que el bando que estaba en posesión de la pelota pierda toda su ventaja, porque el parón consiguiente permitirá al equipo que lo estaba pasando mal, reorganizarse y ofrecer mayor resistencia.

Ya tenemos de nuevo, el lío montado.

Vamos con otra: de toda la vida, como norma feliz en todo país civilizado, sólo pueden castigarse actos premeditados, voluntarios. Si no hay intención, no hay delito.

Salvo en el fútbol. Hasta ahora, como debe ser, el criterio para pitar o no penalti, era el de si el balón había ido a la mano (seguía el juego) o la mano al balón (falta clara).

Pues tampoco: ahora lo que en un campo es castigado con penalti, en otro se pasa por alto. Ya tenemos agraviados, protestas…

Donde han rizado en rizo ha sido con el perverso videoarbitraje. No buscando una mejor justicia, desde luego que no. Una vez más, las normas son tan ambiguas, tan poco claras (ya se encargan ellos de eso) que, se pite lo que se pite, con toda seguridad habrá cada semana unas cuantas docenas de miles de hinchas convencidos de que les han robado (y no les faltará razón).

Se inventaron las tarjetas; para las personas que, como mi amigo el Profesor Cereceda, no son muy aficionadas al fútbol, debo explicarles que la  de color amarillo significa un aviso al jugador que la sufra, porque, de cometer otra falta grave, le mostrarán la segunda, ésta de color rojo y será expulsado.

El sentido común exigía, y así fue al principio, que las tarjetas deberían sancionar únicamente comportamientos violentos o antideportivos.

Pues tampoco. Por ejemplo, cuando un jugador de campo, voluntariamente, da al balón con la mano, debe pitarse la correspondiente falta y se acabó. Pues nada de eso, ahora, le enseñarán tarjeta… unas veces, sí y otras, no. No tengo que repetirles con qué perversa intención.

¿Desde cuándo tocar el balón con la mano puede considerarse violento o antideportivo? ¡Pues sí que a esta gente le importa la lógica.

O cuando un jugador, en la alegría de haber marcado un gol, se despoje de su camiseta. Será una estupidez, todo lo infantil que se quiera, pero tanto como violento o antideportivo…

Voy con la última: de toda la vida, cada partido repartía dos puntos; si había un vencedor, se los llevaba enteritos a casa; de quedar empatados, uno para cada equipo y tan amigos.

Hasta que se les ocurrió la estupidez de adjudicar tres puntos al ganador.

Según dijeron, esa norma pretendía disminuir el porcentaje de empates. ¡Nísperos! El reparto de puntos se ha seguido dando, más o menos en la misma proporción de toda la vida.

Tan injusto proceder, como de costumbre, no pretende sino provocar injusticias; es claro que, en alguna ocasión, la antigua y lógica norma hubiera salvado del descenso a algún equipo que no lo mereció. ¡Se volvió a liar una vez más!

Además de injusto y estúpido, va tan contra la Ley, que no entiendo cómo nadie lo ha llevado a los Tribunales. Vulnera una necesaria norma que debe presidir cualquier competición deportiva: la equidad.  No es aceptable, bajo ningún concepto, que unos partidos valgan tres puntos (en los que hay un ganador) y otros, sólo dos (cuando se produce un empate). Y, encima, nunca se puede saber de antemano cuántos puntos van a repartirse.

Podría continuar con atentados como los aquí expuestos; pero seguro que cualquier aficionado al fútbol sería capaz de añadir algunos más a esta lamentable lista.

El problema no acaba ahí.

La política, hoy corrompida en busca de follón, injusticias y enfrentamientos.

Ahora, el fútbol, también.

Es hora de preguntarnos ¿cuál va a ser lo siguiente que se carguen?

Como esto siga así, va a ser necesario protegerse con un casco hasta para ir a comprar el periódico.

 

Luis XIII… y medio

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