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De sacristías y hamburgueserías

LA SOMBRA DE CAIFÁS - EL AMOR ARTICULADO

De sacristías y hamburgueserías

San Agustín de Hipona -padre y abuelo de la doctrina de la Iglesia Católica- recoge la realidad de su época, al vincular la monogamia del matrimonio cristiano, a factores externos a la SANTA BIBLIA y la tradición judía: «Ahora bien en nuestros tiempos, y dejándonos llevar por las costumbres romanas, ya no se permite tomar otra esposa, para poder tener más de una esposa con vida» [DEFERRARI, vol. 27: “San Agustin – Treatises on Marriage and Other Subjects” (1955), pp. 31, 34, 36, 18].

«[La poligamia]…era legal entre los antiguos padres [patriarcas]: si lo sigue siendo todavía, no me apresuraría a decirlo. Ya que no hay necesidad de engendrar niños, como la que había en ese entonces, cuando, aun cuando las mujeres tenían niños, estaba permitido, para tener una numerosa posteridad, casarse con otras mujeres, lo que ciertamente ahora no es legal» [ SAN AGUSTÍN, “El Bien del Matrimonio” cap. 15 : 17].

Dada su importancia, habría que volver a resaltar por qué se prohíbe la poliginia en los matrimonios católicos celebrados en los tiempos agustinianos, ya que éste es el origen de la prohibición existente en la actualidad: «…por las costumbres romanas, ya no se permite tomar otra esposa, para poder tener más de una esposa con vida». Resaltemos que esta frase no es interpretativa ni doctrinal. La frase es testimonial, al dar fe de un hecho histórico concreto – que por otro lado ya conocíamos- que precisa el origen, nada divino, de la monogamia en el matrimonio católico.

La poligamia existía tanto en el Antiguo Testamento, cómo era de uso común en el Nuevo y que las bases bíblicas sobre las que se basa el actual Catecismo de la Iglesia Católica a la hora de declarar como sacramento el matrimonio, valen tanto para la monogamia como para la poligamia y si en la actualidad el matrimonio católico se establece como monógamo, ello obedece a razones e intereses políticos y humanos, pero no divinos a no ser que la Iglesia Católica eleve a Júpiter a la categoría de dios; cosas más raras se han visto.

Estos son hechos, no palabras. Y decimos todo esto para demostrar que si un DRNF [divorciado católico que ha rehecho su vida familiar] no puede recibir la Eucaristía debido a su “pecado continuo” -y ello según la Iglesia- , es debido a que no se ha podido casar canónicamente con su segunda esposa al habérselo impedido la misma Iglesia que lo castiga. Simplemente kafkiano.

Y no es que pretenda justificar, reivindicar o reclamar la poligamia, lo que quiero o pretendo clarificar es la frágil base sobre la que se sustenta la privación del Sacramento Eucarístico a los divorciados católicos vueltos a casar, acogiéndose a una legitimidad artificialmente basada en principios divinos. Porque cuando Jesucristo habla sobre el adulterio, hay que contemplar la frase dentro de su contexto histórico, y el contexto histórico, legal y social en la época de Nuestro Señor es la poligamia, le guste –o no – a la Iglesia Católica. Estos son hechos, no palabras y si no hurgo más en las cuestiones colaterales que el presente estudio pueda generar, no es por ignorancia o incapacidad, sino simplemente por no querer hacer daño a la que considero como mi Iglesia y a la que amo y me duele. Esto es amor y caridad cristiana, no palabras.

Con este testimonio del manido San Agustín de Hipona, se está poniendo en entredicho la actual sacralización de las condiciones de nuestro matrimonio católico. No la sacralización del matrimonio en sí mismo, pero sí su estructura formal con todo lo que ello implica.

La estructura formal del actual matrimonio católico, es como el «WHOPPER» completo del «Burger King», que si quieres comerte una hamburguesa tienes que tragarte la cebolla, la lechuga, el tomate y la salsa, o cualquier ingrediente que se les ocurra meter, ya que está hecha de tal manera que resulta harto complicado el prescindir de alguno de los ingredientes sin mancharte – ¡y mucho!-.

Pues bien, la Iglesia coge el principio divino que auspicia la unión entre hombre y mujer, y lo aplica con generosidad -cual salsa de hamburguesería barata- a todos los ingredientes que a lo largo de los siglos le ha ido incorporando al matrimonio católico, de modo y manera que al final queda un producto en el que no se sabe bien en dónde acaba lo divino y empieza lo humano, al haber canónicamente divinizado su conjunto, dando lugar -artificialmente-  a un engrudo tan indivisible como indisoluble, a la par que indigesto.

¡Qué aproveche!

NOTA: Extracto del libro «LA SOMBRA DE CAIFÁS – EL AMOR ARTICULADO», ©Antonio Gil-Terrón, 2012.

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Autor

Antonio Gil-Terrón Puchades

Antonio Gil-Terrón Puchades (Valencia 1954), poeta, articulista, y ensayista. En la década de los 90 fue columnista de opinión del diario LEVANTE, el periódico LAS PROVINCIAS, y crítico literario de la revista NIGHT. En 1994 le fue concedido el 1º Premio Nacional de Prensa Escrita “Círculo Ahumada”. Ha sido presidente durante más de diez años de la emisora “Inter Valencia Radio 97.7 FM”, y del grupo multimedia de la revista Economía 3. Tiene publicados ocho libros, y ha colaborado en seis. Actualmente escribe en Periodista Digital.

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