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Las vacaciones no empiezan cuando cierras el portátil. Empiezan cuando tu mente se relaja.
Pero no basta con cambiar de escenario. “La capacidad de desconectar no aparece por arte de magia; es una habilidad que se entrena”, explica el Dr. Javier García Campayo, psiquiatra del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza y catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Zaragoza.
Si pasas el año reaccionando a todo, tu cerebro no va a cambiar de ritmo solo porque lo marque el calendario. A eso se suman varios errores que cometemos sin darnos cuenta.
1. Creer que dejar de trabajar es descansar
No basta con no abrir el correo. Si sigues dándole vueltas a los temas pendientes, a lo que tienes que hacer a la vuelta… has cambiado de sitio, pero tu mente sigue en el mismo estado.
“Cambiamos de lugar, pero nuestra mente sigue en el mismo estado que el resto del año”, señala el doctor.
2. Querer aprovechar cada minuto
Llevamos la misma exigencia del trabajo al tiempo libre. Convertimos las vacaciones en un proyecto: visitar todo, hacer las mejores fotos, cumplir una lista interminable de actividades. Cuando el descanso se convierte en rendimiento, dejamos de escuchar lo que realmente necesitamos. Los psicólogos de la Clínica López Ibor coinciden: planificar cada día al detalle impide desconectar.
3. Llenar el silencio
Estamos tan acostumbrados al ruido constante que, cuando llega la calma, corremos a taparla con el móvil, las redes o cualquier distracción. No caemos en que seguimos alimentando la misma agitación que queríamos dejar atrás.
4. El miedo a perderse algo (FOMO)
Estar pendiente de lo que hacen los demás genera ansiedad. Y también insatisfacción: comparas tus vacaciones con las que ves en Instagram y siempre parecen peores.
“Nos fijamos en las vacaciones de otros que nos hacen sentir insatisfechos con las nuestras”, apunta García Campayo.
5. Fotografiar más que disfrutar
Querer mostrar cada momento hace que estés más pendiente del teléfono que de lo que tienes delante.
Pero el mayor obstáculo, quizá, es otro: mantener la atención siempre en el futuro. En qué harás mañana, cuándo vuelves, qué problemas te esperan en septiembre.
“La mente tiene una extraordinaria capacidad para abandonar el presente y viajar hacia preocupaciones que todavía no existen”, advierte el psiquiatra.
La solución es más sencilla (y más difícil)
Las vacaciones son una oportunidad para practicar algo muy simple: estar donde estás.
Caminar sintiendo el cuerpo. Comer sin prisas. Hablar sin mirar el móvil. Contemplar un paisaje sin necesidad de fotografiarlo. No se trata de hacer cosas extraordinarias, sino de recuperar la experiencia directa del momento presente.
Descansar no significa que desaparezcan todos los pensamientos. Significa dejar de luchar con ellos.
“Cuando aprendemos a observar la mente sin seguir cada una de sus historias, aparece un espacio de calma que no depende del lugar en el que estemos”.
Las mejores vacaciones no son las más lejanas ni las más caras. Son aquellas en las que consigues regresar, aunque sea por unos instantes, a ti mismo.
Sobre el autor
Javier García Campayo es médico psiquiatra en el Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza y catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza. También es psicoterapeuta, investigador en mindfulness, director científico de la revista Cuadernos de Medicina Psicosomática y Psiquiatría de Enlace y editor de la revista Mindfulness & Compassion.
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