Crónica de un viaje a la capital del Rosellón

Perpiñán, centro del mundo: crónica de cuatro días entre el Mediterráneo y los Pirineos

De las callejuelas medievales a la Costa Bermeja, pasando por la noche de San Juan y los vinos de Banyuls, un recorrido por la ciudad que Dalí declaró centro cósmico del universo

Perpiñan Lonja

Llegar a Perpiñán es hacerlo a una de esas ciudades que parecen tener una misión: la de desubicarte. No sabes bien si estás en Francia o en España, si el Mediterráneo está más cerca de lo que parece o si los Pirineos te vigilan desde la distancia. Salvador Dalí lo resolvió a su manera. El 19 de septiembre de 1963, al bajar del tren en la estación de Perpiñán, tuvo un «éxtasis cósmico» y decretó que aquel lugar era el centro del universo. Cuatro días son suficientes para entender que, en el fondo, no iba tan desencaminado.

Perpiñan

Perpiñán se encuentra en el extremo sur de Francia, en el cruce estratégico entre Barcelona (a dos horas y media), Toulouse (a dos horas) y Montpellier (a una hora y media). Es la cuarta ciudad más poblada de la región de Occitania, con más de 120.000 habitantes y mil años de historia documentada. Pero las cifras no dicen nada del carácter de la ciudad, de esa mezcla de sangre y oro de su bandera, de sus fachadas pintadas de amarillo, rosa y naranja, de sus plazas con fuentes y de sus calles de mármol rosa. La ciudad presume de una luminosidad privilegiada: más de 300 días de sol al año, casi 2.600 horas anuales. Su identidad es el resultado de un tríptico geográfico: el azul profundo del Mediterráneo, la imponente mirada de los Pirineos presididos por el sagrado macizo del Canigó, y un cielo intenso barrido con frecuencia por la tramontana.

Perpiñan Dali

 

Perpiñán es una ciudad mestiza, frontera vibrante donde la elegancia francesa se abraza con el alma catalana. Está certificada con los sellos de «Ciudad de Arte e Historia» y «Arquitectura Contemporánea Notable», y alberga más de 30 monumentos protegidos que testimonian una evolución fascinante: desde el gótico medieval y las fortalezas militares hasta el Art Déco y el diseño de vanguardia.

Perpiñan Hotel B&B

El viaje empieza en el hotel BB Perpiñán Centro, un tres estrellas que cumple con lo que promete: habitaciones equipadas, aire acondicionado, wifi y una ubicación inmejorable, justo enfrente del Palacio de Congresos y a un minuto andando del Castillet. Pero Perpiñán no es una ciudad para quedarse en el hotel. Es una ciudad para perderse.

La plaza de la Loge y el primer bocado

La primera parada es la plaza de la Loge, el corazón palpitante de la ciudad. Allí espera el Grand Café de la Bourse, una brasserie que reabrió sus puertas hace poco tras seis meses de obras, con un espíritu popular y una terraza que invita a quedarse. Su cocina moderna mezcla dulce y salado, y sus tapas de charcutería son el aperitivo perfecto para empezar a entender el carácter de la ciudad. La plaza, con sus soportales y el bullicio constante, es el escenario ideal para la primera cena. La plaza de la Loge es el corazón latente de la vida social local; un espacio donde vecinos y viajeros se reúnen para disfrutar de una copa de vino del Rosellón mientras las luces cálidas de la noche iluminan los centenarios sillares de piedra y mármol.

Perpiñan Lonja

Pero antes de seguir, toca conocer la ciudad. La visita guiada de Perpiñán es la mejor manera de orientarse entre sus calles empedradas de mármol rosa. Un guía autorizado te lleva por las estrechas callejuelas del centro histórico, donde se mezclan joyas arquitectónicas medievales con edificios Art Nouveau y Art Déco.

La primera parada obligatoria es el Castillet. Construido en el siglo XIV totalmente en ladrillo rojo y coronado por almenas y torreones, es el indiscutible símbolo de la ciudad. En sus orígenes sirvió como puerta monumental de entrada al recinto amurallado medieval y, más tarde, como prisión estatal. Hoy su imponente silueta alberga el museo de artes y tradiciones populares Casa Pairal, desde cuyo punto más alto se contempla una panorámica fantástica de los tejados de la ciudad.

Perpiñan Castillet

Perdiéndose por el entramado de callejuelas que rodean la catedral de San Juan Bautista y la plaza de la Lonja, la ruta conduce hasta el número 18 de la calle Émile Zola. Allí se oculta una de las joyas arquitectónicas más deslumbrantes del sur de Francia: el Hôtel Pams. Esta residencia señorial perteneció a la familia Bardou, célebres industriales inventores del papel de fumar J.O.B. A finales del siglo XIX y principios del XX, la mansión fue transformada por el arquitecto Léopold Carlier y el político Jules Pams en un palacio Art Nouveau de opulencia desbordante. Al cruzar su pesada puerta, el visitante queda maravillado ante una monumental escalera de mármol decorada con lienzos del pintor Paul Gervais, salones de gusto barroco y burgués, galerías adornadas con arcos y un patio-jardín interior que evoca un oasis de serenidad en pleno centro urbano.

Perpiñan Hôtel Pams

El almuerzo en el restaurante Chez Nanou, en la plaza Aragó, es la siguiente parada. Dedicada al astrónomo y político François Arago, esta plaza arbolada con plátanos centenarios es el lugar perfecto para saborear una cocina fresca y de mercado mientras se contempla el ir y venir de la vida perpiñanesa. El restaurante, un clásico de la cocina catalana, sirve platos generosos y caseros, de esos que te hacen sentir que has dado con el sitio correcto. No hay grandes alardes, solo buena comida y un ambiente que invita a alargar la sobremesa.

Perpiñan papel de fumar J.O.B.

El Palacio de los Reyes de Mallorca y una pausa con vistas

La visita guiada del Palacio de los Reyes de Mallorca es de esos momentos que justifican el viaje. El palacio se alza sobre un promontorio en pleno centro de la ciudad desde el siglo XIII. Durante casi un siglo fue la sede del Reino de Mallorca, y hoy sigue siendo el orgullo de los catalanes del norte. Protegido por murallas imponentes – reforzadas posteriormente en el siglo XVI por Vauban –, el edificio impresiona por la solidez de sus torres, la amplitud de sus patios de armas y, sobre todo, la delicadeza arquitectónica de sus capillas superpuestas (la capilla de San Cruz y la de Santa María). Sus elegantes salas y sus cuidados jardines evocan la época dorada en que Perpiñán fue el centro político y cultural del Mediterráneo occidental. Las visitas guiadas duran aproximadamente una hora y cuarto y son gratuitas.

Perpiñan Castillo reyes Mallorca

Después de tanto caminar, una pausa en «la Terrasse», el rooftop de las Galerías Lafayette, es el plan perfecto. Subir al tejado de los grandes almacenes te regala una de las mejores vistas de la ciudad: el Castillet, el Canigó y el entramado de tejados de teja roja que se extiende hasta donde alcanza la vista. El snack bar es sencillo – bebidas, sándwiches y pasteles – pero la terraza y el atardecer compensan con creces.

La cena en la Casa Sansa es una de esas experiencias que no se olvidan. En la calle de les Fabriques Couvertes, este restaurante histórico lleva en funcionamiento desde 1846. Está decorado con maquetas de galeones, aviones y retratos de luminarias como Salvador Dalí y Marilyn Monroe. La cocina es tradicional catalana, con platos ricos en sabores locales preparados con ingredientes frescos. El menú está en torno a los 39 euros y la carta de vinos incluye algunas de las mejores referencias de la región. Un sitio con alma.

La noche de San Juan y la llama del Canigó

El 23 de junio es una fecha señalada en Perpiñán. Es la noche de San Juan, la celebración del solsticio de verano, y la ciudad se prepara para recibir la llama del Canigó. La llama se conserva encendida durante todo el año en el Castillet. El 22 de junio, un grupo de montañeros la sube a la cima del Canigó, la montaña sagrada de los catalanes, y desde allí comienza un relevo que la distribuye por todos los pueblos de los Países Catalanes.

Perpiñan San Juan

La llegada de la llama al Castillet, en la plaza de la Victoria, es el momento culminante. Traída por relevos desde la cima de la montaña sagrada, la llama es recibida con verdadero fervor popular. Con ella se encendieron las grandes hogueras conmemorativas del solsticio de verano. La plaza vibra al ritmo de las coblas (orquestas tradicionales catalanas encabezadas por el sonido agudo del flaviol), mientras cientos de personas, dándose la mano en círculos concéntricos, bailan la sardana en un ambiente de confraternidad e identidad inolvidable. Como dice la tradición, el ram de Sant Joan – ese ramo de hierbas formado por siempreviva, uva de gato, hoja de nogal y hierba de San Juan – protege las casas durante todo el año.

Los sabores que se quedan

Perpiñán es también una ciudad que se come y se bebe. En cualquier plaza, en cualquier mercado, siempre hay algo que probar. El mercado cubierto de Perpiñánles Halles, es el termómetro de la ciudad. Entre los puestos de aceitunas, pescado y verduras, la gente viene a tomar una copa, a comer algo rápido o simplemente a disfrutar del ambiente. Es un concepto que ha funcionado: un mercado que es también un lugar de encuentro, donde jóvenes y mayores se mezclan sin distinción.

Perpiñan mercado

La calle Paratilla, en el casco antiguo, es otra de esas direcciones que no fallan: bacalao seco, aceitunas aliñadas, especias… un viaje en una cesta. Entre Andalucía, Portugal y el Magreb, es un estrecho pasaje aromático que transporta los sentidos.

El compromiso de Perpiñán con la gastronomía de calidad se refleja en proyectos como la Panadería Néo (en la calle Pierre Rameil), dirigida por Thomas Piveteau. Este exoficial de la marina mercante reconvertido en maestro panadero elabora panes de masa madre natural utilizando harinas ecológicas molidas en piedra a partir de trigos antiguos: espelta, khorasan, rojo barbudo del Rosellón. Todas las harinas son ecológicas, sin aditivos, sin levaduras añadidas. El resultado son grandes panes al estilo antiguo, con semillas, frutos secos y simientes campesinas, o incluso sin gluten.

Perpiñan

La despensa del Rosellón brilla también por la excelencia de sus productos hortícolas. Muy cerca de la ciudad se extienden los Jardines de Saint Jacques, un pulmón verde de 380 hectáreas dedicadas a la producción frutícola y de verduras tradicionales. De este entorno nacen delicias como las mini-verduras gourmet de Casa Sales, apreciadas por los grandes chefs por su ternura, intensidad de sabor y estética impecable. Nabos, hinojo, pimientos, pepinos, puerros, calabacines… recogidos cuando están maduros, pero antes de que crezcan, ofrecen un sabor más fresco, más crujiente y más tierno.

Para el toque dulce, la repostería local cuenta con verdaderos estandartes. Las rousquillettes de Olivier Bajard: el campeón mundial de postres reinventa la tradicional rousquille, un bizcocho redondo con un sutil toque de anís y limón, cubierto por un tierno glaseado de azúcar. Los panellets de Esparcel: exquisitos bocados de pasta de almendra recubiertos de piñones, ideales para maridar con un moscatel local. Y las bunyètes: crujientes y finas tortitas doradas aromatizadas con azahar y limón, típicas de las fechas de Semana Santa.

La Costa Bermeja: mar, vino y carreteras de ensueño

Perpiñan Costa Bermeja

Al día siguiente toca cambiar de escenario. La Costa Bermeja (Côte Vermeille) es el tramo más meridional de la costa mediterránea francesa, y se extiende desde Argelès-sur-Mer hasta Cerbère, justo en la frontera con España. Es un paisaje de acantilados, calas rocosas, viñedos en terrazas y pueblos de pescadores. Aquí los Pirineos se encuentran con el Mediterráneo, y el resultado es espectacular.

El almuerzo en la Littorine, en Banyuls-sur-Mer, es una parada obligada. El restaurante está situado en la playa de las Elmes, con una terraza que se asoma directamente al mar. Su cocina es mediterránea y generosa: pescado fresco, marisco y productos de la tierra, con una ejecución impecable. Está clasificado como «Table distinguée» por Logis de France, y el precio medio ronda los 40 euros. Comer allí, con el sonido de las olas de fondo y el azul del Mediterráneo como único paisaje, es de esos lujos que no cuestan tanto.

Perpiñan Littorine

Después de comer, toca visitar la bodega Domaine Tambour. Fundada en 1920, esta finca de 16 hectáreas está hoy dirigida por la quinta generación de la familia Herre. Cultivan variedades como garnacha, syrah, cariñena y moscatel, con vides que tienen una media de 40 años. Producen vinos con denominación AOP Collioure y AOP Banyuls, incluyendo los famosos vinos dulces naturales.

Los viñedos de esta zona vitivinícola – la más meridional de la Francia metropolitana – crecen en condiciones extremas: pendientes pronunciadas de esquisto que exigen un trabajo manual ancestral y un clima dominado por el sol abrasador y la fuerza de la tramontana. Durante la visita guiada por sus bodegas y viñedos, se profundiza en las claves de los prestigiosos vinos. La fermentación de los vinos dulces naturales se interrumpe mediante la adición de alcohol vínico neutro (mutage), conservando así los azúcares naturales de la uva y logrando caldos complejos, intensos y de una longevidad excepcional.

Perpiñan Bodega

El regreso a Perpiñán por una carretera espectacular que serpentea entre el mar y la montaña. Las vistas panorámicas de las viñas cayendo sobre las olas del mar azul ofrecen una de las postales más sobrecogedoras del sur de Europa. Es de esos trayectos que no se miran por encima, que se conducen con atención porque cada curva regala una vista distinta. La luz del atardecer sobre la Costa Bermeja, con el Canigó al fondo, es una postal que no necesita filtros.

El restaurante Le VIP está en una callejuela tranquila a unos pasos del Castillet, y es de esos sitios que uno encuentra por casualidad y luego no olvida. La terraza, pequeña y sombreada, invita a sentarse y mirar el ir y venir de la vida perpiñanesa. Dentro, la decoración mezcla el encanto de lo tradicional con pequeños guiños modernos, y la luz cálida hace que todo parezca más íntimo. La cocina es de las que se toman en serio el producto local: el magret de pato, las vieiras con risotto de cítricos, el foie gras… todo casero, todo hecho con mimo. Pero lo que realmente convierte la cena en un recuerdo es el equipo que lo lleva, gente como CaroleAlicia o Jérôme, que te reciben con una sonrisa de esas que desarman, te recomiendan el vino adecuado y te preguntan por el punto de la carne como si conocieran tus gustos de toda la vida. En Le VIP no se cena, se charla, se ríe y se sale con la sensación de haber encontrado un pedacito de Perpiñán que es solo tuyo.

Perpiñan Restaurante Le VIP

Arte, artesanía y tradiciones que persisten

Perpiñán no es solo monumentos y gastronomía. Es también un lugar donde las tradiciones artesanales se mantienen vivas con orgullo.

El granate catalán es probablemente el ejemplo más brillante. Dotado de Indicación Geográfica Protegida desde 2018, esta piedra semipreciosa de color rojo oscuro se utiliza como joyería desde la antigüedad. Los joyeros de los Pirineos Orientales dominan el «montaje catalán», una técnica refinada que coloca una lámina de oro de 18 quilates pulida a modo de espejo debajo de la piedra para maximizar el reflejo de la luz. Antiguamente, los granates se recogían en el macizo del Canigó. Hoy, la Indicación Geográfica impone normas estrictas, como el engaste cerrado, que solo siguen practicando los joyeros del departamento. Cada mes de diciembre, la fiesta de San Eloi, patrón de los joyeros, rinde homenaje a esta artesanía secular con exposiciones, desfiles en traje ceremonial y bailes.

Perpiñan granates

Las Toiles du Soleil son otro ejemplo de patrimonio vivo. En 1993, Françoise y Henri Quinta compraron la fábrica «Sans et Garcerie», creada en 1897 en el pueblo de Saint Laurent de Cerdans, y la rebautizaron. Combina rayas azules, rojas, amarillas, verdes, naranjas… Los tejidos, elaborados con técnicas ancestrales de urdidores y tejedores, se transforman en manteles, cojines, lámparas y tumbonas. La empresa fue consagrada en 1999 como «Empresa francesa de patrimonio vivo».

La cerámica de Sant Vicens es otro capítulo fascinante. Creada en Perpiñán en 1942 por Firmin Bauby, esta escuela-taller es un centro de cultura y conocimiento de la cerámica artística. Se pueden admirar creaciones de Jean Lurçat, rastros de las visitas de Dalí y Picasso, y espléndidas fachadas decoradas con cerámica. Hoy, Claire Bauby Gasparian, tercera generación, dirige el taller y crea sus propias colecciones, diferenciadas por el uso de esmaltes complejos.

Perpiñan

Pero también hay espacio para la innovación. Payote es la marca que reinventó la tradicional alpargata catalana para convertirla en un producto de moda. 100% fabricada en Francia, utiliza algodón orgánico, tinta vegetal y suela de yute y caucho natural. Este año han lanzado una alpargata con los colores catalanes, sangre y oro. Y Maillot Français, creada por Nicolas Gomarir, fabrica ropa deportiva ética con tejidos reciclados procedentes de residuos marinos, con certificación Origen Francia Garantizada.

Las tradiciones populares también tienen su espacio. La sardana, el baile popular de Cataluña, se sigue bailando bajo los plátanos de la ciudad, en plazas donde se instala la cobla. Y la rumba catalana, nacida de exilios y viajes, combina guitarra, percusión y cante. Es la música de los gitanos, de Barcelona primero y de Perpiñán después, y se ha convertido en una seña de identidad que aspira a ser reconocida por la UNESCO. Además, la figura de las Bruixes (brujas) está presente en las historias populares; antiguamente los campesinos colocaban espanta-bruixes – tejas volteadas – en los tejados para ahuyentarlas. Hoy, tener una figura de bruja en casa se considera un símbolo de protección y buena suerte.

Castelnou, el pueblo que parece detenido en el tiempo

Perpiñan Castelnou

El último día toca salir de la ciudad. Castelnou – oficialmente Castellnou dels Aspres en catalán – es un pequeño pueblo medieval situado a unos 21 kilómetros de Perpiñán. Está incluido en la lista de Les Plus Beaux Villages de France, los pueblos más bonitos de Francia.

El pueblo se alza sobre una colina a 278 metros de altitud, con el Canigó como telón de fondo. Las murallas, que aún se conservan, están ritmadas por ocho torres y cuatro puertas situadas en los cuatro puntos cardinales. El castillo vizcondal fue construido en el año 990 y sirvió como capital militar y administrativa del vizcondado de Vallespir.

Perpiñan Castelnou

Perderse por sus calles empedradas, empinadas y escalonadas, flanqueadas por casas de piedra de planta irregular adornadas con exuberantes plantas, es como viajar atrás en el tiempo. Algunas casas todavía conservan los hornos de pan en sus fachadas, porque antiguamente cada casa tenía que abastecerse por sí misma. Otras están coronadas con tejas decoradas con geometrías que, según la creencia popular, protegen de la mala suerte.

Castelnou fue asediado en varias ocasiones durante las luchas entre los reyes de Mallorca y de Aragón, entre 1285 y 1295. Hoy es un pueblo tranquilo, de apenas 400 habitantes, que vive del turismo y de la tranquilidad de quien ha sabido conservar su esencia. Durante el paseo, se pueden admirar los antiguos hornos semicirculares adosados a las fachadas, así como numerosos talleres de artesanos locales – ceramistas, pintores, joyeros – que mantienen viva la tradición de los oficios antiguos. Visitar Castelnou supone un broche de oro romántico y sereno antes de concluir la travesía por tierras del Rosellón.

 

La ciudad de Dalí

Perpiñan Dali

Perpiñán es pequeña, se recorre andando, y quizá por eso se deja querer. Hay ciudades que se visitan y ciudades que se habitan, aunque solo sea durante unos días. Perpiñán es de las segundas. La noche de San Juan, la llama del Canigó encendiendo hogueras, la luz de la Costa Bermeja al atardecer, el vino dulce de Banyuls en la boca, la sonrisa de un panadero que cambió el mar por la harina, el rumor de una sardana bajo los plátanos… todo eso se queda. Cuando uno se va, no se lleva solo fotos del Castillet o del Palacio de los Reyes de Mallorca. Se lleva una forma de entender el sur, el Mediterráneo, la vida. Y quizá, como Dalí, uno también siente que ha estado, aunque solo por un instante, en el centro de algo.

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Ana Rojo

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