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La ajetreada cumbre soberanista de este 3 de octubre de 2014, presidida por el titular de la Generalitat, Artur Mas, aparentó una voluntad común de mantener la convocatoria del referéndum independentista del 9 de noviembre en Cataluña, conculcando la decisión de paralizarla del Tribunal Constitucional (TC), como producto de un supuesto deseo de «unidad» a todo trance.
Como explica el diariom ‘El País’ en su editorial este sábado,bajo ese deseo anidan graves fisuras, como hoy informa este periódico.
Porque todos los partidos pretenden defender al mismo tiempo sus propios perfiles. Y todos, prisioneros de la presión populista de la calle, quieren evitar ser el primero en desdecirse de una consulta legalmente suspendida -y que saben imposible-, no sea que le carguen el sambenito de traidor a la causa.
Actúan así encadenados, mutuamente atrapados entre sí, para mantener un consenso que tiene tanto de ficción como de ficción es su objetivo inmediato, el 9-N.
A ese agarrotamiento multilateral se le superpone otro pulso, vertical: el del president, único competente para convocar elecciones anticipadas.
Mas bracea, ansioso por fijar un plan b: encabezar una lista única que enmascare una segura catástrofe en las urnas (anticipada ayer de nuevo por el instituto de encuestas), el sorpasso de Convergència por Esquerra, ya iniciado en las europeas, y su jubilación obligatoria a la vera de su padrino, Jordi Pujol. Sin un acuerdo sobre esa lista única, sin la «unidad» de todos a los que espera someter, convocaría a su antojo. Pero claro, a algunos -como Iniciativa- les incomoda la servidumbre a un caudillismo conservador.
Es ese escenario de fondo, de frágil unitarismo, el que explica los vaivenes de la guerrilla reglamentaria, obstruccionismo judicial o filibusterismo normativo practicado por Artur Mas, y multiplicado en los últimos días para ganar tiempo en (corteses) ultimátums.
Se trata de enarbolar heroicos desafíos, a la Constitución y al TC, sin ofrecer flancos formales automática y rotundamente ilegales -solo sujetos a interpretación, ese típico indicio de fraude de ley- para capitalizar a los radicales movilizados y segar el alza de su socio/rival Esquerra.
Por eso se elabora una defectuosa ley de «consultas» y se aparca una semana en el cajón; se elabora a su amparo un decreto de convocatoria en secreto ante sus socios; recurre la suspensión de ambos textos al TC para mantener la apariencia de que aún se mantienen vivos, permitiendo así la agitación y propaganda consiguientes; se amaga entre dudas la designación de los miembros de la comisión de control de la consulta (una suerte de junta electoral), que al final firma, pero ¡sin fijar fecha para su entrada en vigor!
La manifesdtación más evidente de tanto ‘filibusterismo‘ la hemos visto este sábado, almediodía y en TV-3: la Generalitat ha vuelto a hacer campaña por el referéndum soberanista del 9 de noviembre. Sin embargo, el formato del anuncio se ha modificado para sortear la suspensión que decretó el Tribunal Constitucional el pasado lunes, y que motivó la retirada de la campaña.
El spot comienza igual que el otro, con imágenes resaltando la importancia del 9 de noviembre en el calendario. Pero la emisión se corta de golpe para pasar a una pantalla en negro que anuncia la suspensión del TC. Una voz en off lee los mensajes:
«La consulta popular no refrendaria sobre el futuro político de Cataluña ha sido impugnada a instancias del Gobierno español. Como consecuencia de esta impugnación, se informa que: La campaña Tú decides ha sido suspendida de manera cautelar y temporal. El Gobierno catalán ha acordado promover las iniciativas legales, políticas e institucionales para garantizar el ejercicio del derecho a decidir el futuro político de Cataluña».
El último mensaje invita a los ciudadanos a llamar al teléfono de información de Cataluña, el 012.
La Generalitat ha cuidado los detalles para evitar una impugnación de esta nueva campaña.
El Gobierno catalán centra el spot en anunciar la suspensión del Constitucional y en su mensaje final no cita la consulta del 9 de noviembre, sino que se limita a prometer hacer todo lo posible para que los catalanes ejerzan «el derecho a decidir».
El gesto es la primera consecuencia de la decisión que ayer tomaron los cuatro partidos que apoyan la consulta. «Seguimos adelante», dijo el presidente de la Generalitat, Artur Mas, tras el encuentro, de más de siete horas, con los líderes de CiU, Esquerra, Iniciativa y la CUP.
Ninguno de los portavoces dio detalles de las acciones que emprendería la Generalitat para que se vote el 9 de noviembre. Tampoco respondieron a la pregunta de si la campaña se reanudaría.
La televisión autonómica catalana ha dado la respuesta hoy: hay una nueva campaña, pero diseñada para intentar sortear la suspensión del Constitucional.
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