Lo de Netflix España no se entiende. Lo de Netflix en general. ¿Cómo es posible que se hagan contratos millonarios con personajes que, a la vista está, no funcionan o que se compren productos que ya son malos desde el papel mientras que otros se guardan en un cajón?
‘La casa de las flores’ no estuvo mal. Perdón, la primera temporada de ‘La casa de las flores’ fue una especie de sensación de nicho que aunque no dejaba de ser un pupurrí de mil series más pero tenía su gracia. A partir de ahí, el caos.
Pero bastó sólo una temporada de su primera serie para que Manolo Caro, su creador, firmase un contrato en exclusiva con Netflix. Error colosal.
La siguientes temporadas de su serie madre fueron esperpénticas y sin sentido. Luego, ‘Alguien tiene que morir’ se convirtió en la peor ficción estrenada en España durante el 2020. No exagero.
Pero crea fama y échate a dormir. No sé quién le dice a Manolo Caro que es bueno pero no es verdad. Y siento en el alma hacer críticas tan duras de una serie cuando hay un equipo humano detrás enorme y talentoso, pero aquí, el problema es que le han dado poder a un crío cachondo que cree que es el nuevo Almodóvar cuando es todo lo contrario.
Querido Manolo Caro, no te conozco, no tengo nada contra ti, no te vayas a pensar que mi crítica es personal, pero he decirte que para ser Almodóvar no basta con mostrar diversidad, mucho mariconeo, tíos muy buenos y mujeres empoderadas que dicen frases que parecen pegatinas del bolso de Carlota Corredera. No, querido, eso no es transgresor, es postureo.
Y cuento todo esto para hablar de ‘Érase una vez… pero ya no’, una serie que ni el título entiendo. Una especie de cuento de hadas sexual y musical donde Caro ha hecho lo que le ha dado la gana, algo que, en sí, es estupendo, pero cuando no se tiene ni idea, sucede lo que sucede.
Para romper las normas hay que conocerlas primero y Manolo Caro no sabe cómo se escribe un guion. La libertad no es saltarse la estructura y el sentido común por sus partes nobles. No, eso no es libertad, es falta de respeto al espectador.
Pero lo increíble es que este creador tiene un contrato más que jugoso con Netflix. Con eso, les estamos diciendo a los estudiantes de cine que no hace falta formarse, que sólo con que tengas un poquito de suerte ya puedes hacer lo que te dé la gana. Es como cuando te fichan como actor por ser influencer. Poco nos pasa.
La serie da vergüenza ajena, no tiene gracia alguna y su creador cree que por inventarse una realidad paralela mezclando anacronismos y fantasía es original. Mira, querido, si te gustó ‘Into the Woods’ me parece estupendo pero no intentes copiar lo que te viene muy grande.
Y todo esto lo escribe alguien que tiene camisetas con frases de la primera temporada de ‘La casa de las flores’. De verdad que yo era muy fan de Manolo Caro hasta que se quitó la máscara (o tal vez nunca se la puso).
Sólo quiero puntualizar que aquí, el responsable máximo del desastre tampoco es Manolo Caro. No, aquí quien paga es Netflix y, de verdad, sigo sin entender su criterio de selección.
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