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Las casualidades no existen en el Gobierno Sánchez.
El presidente del Gobierno cogió la maleta y se fue a China con Begoña Gómez. Y lo hizo en un momento crucial cuando tiene dos frente judiciales abiertos que le salpican de lleno.
El primero, el procesamiento de Begoña Gómez, el juez Juan Carlos Peinado cerró la instrucción y la procesó por cuatro delitos: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación de caudales públicos y apropiación indebida. Una noticia que pilló a Begoña en Pekin, con la consecuente reacción de Sánchez desde allí. “Que la justicia haga justicia, el tiempo pondrá a todos en su sitio”, señaló el marido de la procesada.
Este viaje también coincidió con el juicio a José Luis Ábalos, su exasesor Koldo García y el empresario Víctor de Aldama por la trama de las mascarillas en pandemia.
La analista Pilar Rahola no pasó por alto esta coincidencia y expuso este martes 14 de abril de 2026 en ‘En boca de todos’ (Cuatro) que esta salida no ha sido más que otra maniobra de distracción por parte del socialista.
“Si hablamos de sus posiciones geopolíticas o incluso de viajes polémicos como este, por ejemplo, que evidentemente provocan y evidentemente abrirán debates profundos, entonces no hablamos tanto ni de Ábalos, ni de la imputación de Begoña, etcétera. Es un clásico, es decir, Pedro Sánchez lleva, desde que perdió la mayoría parlamentaria o casi desde los inicios, lleva buscando los grandes temas para disimular que tiene un problema de política interior terrible”.
Rahola expuso cómo la política exterior le sirve para “tapar las miserias” de la política interior, así como su dificultad para tener presupuestos, no tener mayoría parlamentaria o no poder aprobar una enorme cantidad de leyes.
“Pero en cambio se pelea con Trump, se da besitos con el presidente de China y el tipo tiene taconcitos y entonces ya parece que no es tan importante que no pueda gobernar internamente el país”, criticó la analista.
En esta línea, la periodista reprochó al marido de Begoña Gómez su doble rasero ya que, mientras se pone la bandera Palestina y se posiciona contra la guerra, blanquea el comunismo opresor de Xi Jinping.
“Si me preguntas si es bueno hacer negocios y acuerdos bilaterales comerciales con una dictadura como la China, te diré también, porque las hace todo el mundo. Yo no estoy en contra de que haya negociaciones comerciales. Lo que me parece terrible es convertirte en la persona que valida a un tipo como es el presidente de China, país que está en un montón de conflictos y que además, tanto externamente como internamente, sin ningún criterio democrático”.
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