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Lo que motiva al criminal es el deseo de hacer daño

¿Qué puede llevar a un padre a asesinar a sus propios hijos?

Periodista Digital 30 Ago 2012 - 13:46 CET
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Es un monstruo, un tipo frío como el hielo que ni se inmutó hace unos días, cuando la Policía le llevó de nuevo a la finca de las Quemadillas y le colocó frente a la hoguera donde los investigadores creen que carbonizó los cuerpos de sus hijos.

José Bretón, desgraciadamente, no es único en la larga lista de filicidas que engrosa la negra historia reciente de España.

Sólo en 2010 fueron 11 los hijos muertos a manos de sus progenitores.

Y la pregunta es obligada: ¿Qué es lo que pasa por la cabeza de una persona capaz de asesinar a sus hijos por venganza?

Se la plantea y la responde en buena medida tirando de expertos, I. Zamora en el diario ‘ABC’. La conclusión es escalofriante.

El psiquiatra Jesús Criado explica que no es nuevo que un padre o madre se ensañe con sus hijos para hacer daño a su pareja.

«El rencor puede hacer que el ser humano solo se centre en su odio y entonces toda su actividad, su pensamiento y motivación al actuar, pensar, sentir y vivir se enfoque hacia dicho odio. Todo lo demás no importa, deja de tener entidad y deja de ser algo real en su existencia, porque lo único que le alimenta es su deseo de hacer daño».

El psicólogo Javier Urra va en el mismo camino, pero da una vuelta suplementaria  la tuerca:

«Lo que pasa por la cabeza de Bretón, absolutamente tóxica, es el odio, el rencor, las ganas de hacer daño a su exmujer y, desde luego, pensar que esos hijos no son suyos, eso es lo que le da la fuerza para matarlos, planearlo y para, después de cometerlo, no suicidarse inmediatamente».

«Lo que le quiere transmitir a su mujer es: tú te separaste, tú has hecho que mi mano ejecute, pero tú eres la culpable. Por eso él no se quita la vida, porque quiere seguir disfrutando de ser el único que sabe donde están los niños, algo ahora quizá se le desvanezca».

La Asociación Española de Psiquiatría ha tenido desde el primer momento más que clara su postura sobre el caso:

«No queremos que se piense que lo que le ocurre a Bretón es producto de una enfermedad mental; no debe confundirse la psicopatía con una enfermedad».

Esta es, precisamente, la idea que recalca la psicóloga Juana María Biedma:

«La psicopatía no es una enfermedad mental, pues el psicópata conserva el juicio de realidad y sabe lo que está bien y lo que está mal, pero no asume las normas morales y sociales, se conduce por sus propios códigos y su ley interna».

«A nivel emocional las emociones son superficiales, manifestándose frío y calculador; puede emocionarse a veces, pero de manera muy fugaz».

«El egocentrismo, la falta de empatía, el ser manipulador y mentiroso, la capacidad para seducir, la ausencia de remordimientos o la insensibilidad hacia los demás son frecuentes en la personalidad de un psicópata».

 

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